El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) Introduccióna la Historia Colonial Harmagiana #6
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Introduccióna la Historia Colonial Harmagiana #6

—Estoy bien. El cabronazo me destrozó la mandíbula, pero es preferible a que te disparen. —Recostó la cabeza en la almohada y trato de pensar a través de la neblina de la contusión y los medicamentos—. No sé por qué ese tío me pegó. —Se frotó los ojos, intentando disipar el estupor.

—Pues para asustarnos—contestó Sissix—. Mostrar quién mandaba. Conmigo funcionó, estaba asustada. —Apoyó la cabeza en el brazo de Ashby.

Rosemary estudió el rostro de Ashby. Algo captó su atención.

—¿Qué? —preguntó él.

—¿Te tocaste la cara en algún momento mientras hablabas con el capitán akarak? Justo como ahora.

—Esto…, sí, puede. —Ashby trató de abrirse paso por la niebla y trató de recordar—. No lo sé, todo pasó demasiado deprisa.

—¿Algo así, quizá? —Rosemary se frotó los ojos con la palma, como si tuviera dolor de cabeza.

—Es muy probable. Sí. Sí, creo que lo hice.

Rosemary sonrió.

—Eso lo explica todo. Verás, esto… —  Dobló el pulgar y estiró los dedos a lo largo, planos, de modo que tenían un leve parecido a los dáctilos harmagianos.

Flexionó la mano sobre los ojos, dos veces—.

Es algo muy ofensivo para los harmagianos.

Y los gestos y el dialecto akaraks recibieron una fuerte influencia harmagiana.

—¿Qué quiere decir?

Rosemary se aclaró la garganta.

—Significa que prefieres frotarte mierda en los ojos a seguir hablando con ellos.

Ashby parpadeó. Él y Sissix estallaron en carcajadas.

—Ay —gimió, agarrándose la mandíbula—. Ay, au. —Todavía no estaba lista para reírse.

—Cuidado —dijo Doctor Chef—. Si no se cura bien, tendremos que pasar por todo esto de nuevo.

Sissix todavía se reía entre dientes de Ashby.

—Yo también te habría pegado por eso.

—Sí —dijo Ashby. Aguantó los labios tensos para que no se le moviera mucho la mandíbula—. Lo mismo digo.

—Por lo menos los pusiste en su sitio, ¿eh?

—Claro —respondió Ashby con una sonrisa contenida—. Seguro que el daño psicológico de mi insulto accidental les ha causado un trauma muy profundo.

—Ahora que hablamos de daños —intervino Rosemary. Alzó su escrib—. He calculado nuestras pérdidas, he llenado un formulario de incidentes, y ya estoy esbozando una lista para la Cámara de Transporte para que cubran…

Ashby le hizo un gesto con la mano.

—Ya lo discutiremos luego. No te he llamado por eso.

—Oh.

—Quería darte las gracias. No creo que hubiéramos salido de esta tan indemnes de no ser por ti.

Rosemary se sintió cohibida.

—No sé. Tuve suerte. Hay muchas culturas de las que no sé nada.

—Puede, pero de todos modos fue buena suerte, una suerte que no hubiéramos tenido de otro modo. Y más importante todavía, mantuviste la cabeza fría y a todos a salvo. Hoy podría haber sido mucho, mucho peor si no hubieras estado aquí. —Le cogió la mano—. Me alegra que estés en mi tripulación.

Rosemary empezó a decir algo, pero fuera lo que fuera cambió a:

—Oh, no. —Su mano se elevó a la caza de una lágrima que le caía por la mejilla—. Oh, estrellas, lo siento —dijo. Otra lágrima cayó, y otra. Rosemary enterró el rostro entre las manos. El dique se quebró.

—Uy, oye —dijo Sissix con una risa amable, pasando el brazo sobre los temblorosos hombros de Rosemary—. ¿Todavía no has tenido un ratito para perder los papeles?

Rosemary negó con la cabeza, tapándose la nariz con la mano. Toda su cara chorreaba. «Pobre cría», pensó Ashby. No la culparía si quisiera buscar trabajo en un planeta, después de aquello. Demonios, incluso él consideraba atractiva esa opción.

—Estos humanos, ¿eh? —le dijo Sissix a Doctor Chef—. Incluso yo me he tomado mi ratito para perder los papeles. ¿Y tú?

—Desde luego que sí —respondió él. Le dio a Rosemary un pañuelo limpio—. Después de medicar a Ashby y poner los bots en marcha, me encerré en mi oficina y grité durante unos buenos diez minutos.

—¿Era eso? —preguntó Ashby. Tenía un recuerdo difuso de capas sobre capas de acordes evocadores atravesando las oleadas de dolor—. Creía que cantabas. Era bastante bonito.

Doctor Chef soltó una breve y sonora carcajada.

—Ashby, si elas akaraks piensan que frotarte mierda en los ojos es malo, lo que dije en mi oficina les hubiera dejado una cicatriz imborrable.

—Emitió un ruido sordo y arrullante—. Pero Sissix tiene razón, cariño —dijo poniendo una mano en la nuca de Rosemary—.

Tu especie tiene un don para la supresión emocional.

Y, como tu doctor, me gustaría decir que meterte de lleno en el papeleo tras haber negociado a punta de pistola no es una decisión muy sana.

Uno de los sollozos de Rosemary se convirtió en una risita solitaria.

—Lo recordaré para la próxima vez.

—Nada de «próxima vez», os lo suplico —dijo Sissix—. Prefiero no volver a pasar por esto.

—Estoy de acuerdo —añadió Doctor Chef. Desvió su atención hacia el monitor de los bots—. Ashby, te quedan unas dos horas más hasta que estés arreglado del todo. No hay nada que puedas hacer excepto quedarte ahí relajado y tomártelo con calma.

—Está bien —dijo Ashby—. Me vendrá bien una siesta. —La medicación empezaba a pesarle y la conversación le había dejado exhausto.

—Y a mí me vendría bien comer algo. Señoritas, ¿os importaría acompañarme a la cocina? Veamos si podemos encontrar algo de comida reconfortante entre lo que han dejado elas akaraks. —Le dio una palmadita a Rosemary en la espalda—. Tengo unas nuevas plantas que creo que te van a sacar una sonrisa.

Rosemary inspiró y se recompuso.

—Una cosa más —dijo—. Sobre Ohan.

—Ah —contestó Doctor Chef—. Sí.

—Era…

—¿Cierto? Sí, eso me temo. Y siento haber destrozado la privacidad de Ohan de ese modo. Fue lo único que se me ocurrió.

—Estrellas —exclamó Rosemary—. No tenía ni idea.

—Yo también me acabo de enterar —dijo Sissix. Torció el gesto hacia Ashby—. Y todavía no entiendo por qué.

Ashby suspiró.

—Lo discutiremos más tarde, Sis. La cabeza me da vueltas.

—De acuerdo —concedió—. Puedes jugar la carta de estar malito esta vez. —Le palmeó el pecho con una garra—. Más tarde.

Una vez que estuvo a solas en el área médica, Ashby sacó la carta de papel que había guardado en el bolsillo. Se obligó a resistir la urgencia de dormir por la medicación durante unos minutos más.

… una característica de la que me alegro.

No sé cuánto durará esta salida (es un poco delicada), y sé que no estarás de vuelta en el espacio central hasta el próximo estándar.

Pero tengo más papel, así que por lo menos puedo saludarte cuando haga alguna parada de compras.

Y te enviaré cartas escrib tan pronto como pueda.

Este papel no tiene el espacio suficiente para escribir todo lo que quiero decir, por lo que recuerda esto: te quiero, y siempre pienso en ti.

Viaja a salvo.

Pei

En cuanto las puertas del muelle estuvieron arregladas y la comida devorada, Jenks hizo varias cosas.

Primero, se dio una ducha. Toda la nave daba la sensación de estar asquerosa después de haber tenido a aquellos bastardos con traje-mecha deambulando por ella.

No podía fregar toda la nave, pero al menos podía limpiarse él.

Hizo caso omiso a la regla de los quince minutos de ducha.

No sería demasiado trabajo extra para el sistema de reciclaje de agua, y Kizzy se lo perdonaría en un día como aquel.

De vuelta en su habitación, sacó el infochip del bolsillo de los pantalones arrugados. Se sentó desnudo en la cama, enchufó el chip en el escrib y leyó el mensaje.

Eh, colega. He encontrado a un vendedor de esa mejora de software de la que hablamos. Está dispuesto a conseguirte el paquete completo, pero quiere que pagues por adelantado, sin reembolso, y no es negociable. Ya sabes cómo son estos tecs de productos especiales.

El tipo con el que tienes que hablar es don Crujiente.

Es un nombre que ya he oído por ahí. Reputación de la buena.

Tiene su propio asteroide, y todo. Un pedazo de programador, bueno, con trabajo personalizado.

Espera noticias tuyas. La información de contacto está abajo. Por favor, no la compartas con nadie.

Y, oye… Piensa en lo que te dije. ¿Seguro que es la mejora correcta para ti?