El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) Introduccióna la Historia Colonial Harmagiana #5
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Introduccióna la Historia Colonial Harmagiana #5

— Sí, diez barriles no serán un problema —  respondió.

La conversación había pasado de aterradora a surrealista.

Las inflexiones que Gran Capitán usaba no tenían paralelo en klip, pero en hanto eran de una cortesía absoluta.

Ella esperaba oír aquel tipo de lenguaje en una tienda o en un restaurante, no mientras la encañonaban.

Era como si los akaraks pensaran en ella como una comerciante, con la amenaza de la violencia como moneda de cambio.

— También requerimos suministros tecnológicos . —Añadió Gran Capitán—. Nuestros motores necesitan reparaciones.

Rosemary hizo un gesto afirmativo.

—Kizzy, ¿sabes algo de la nave que están pilotando? ¿Alguna tec nuestra que sea compatible?

—Puede que haya algo. Ni idea.

— Nuestra técnica cree que algo de nuestro equipo puede funcionar con el vuestro, pero no promete nada. Os ayudará a encontrar lo que necesitéis.

—Estupendo —  dijo Gran Capitán—. Me acompañarás junto a tu técnica, para que traduzcas nuestras necesidades.

Ella… —  hizo un gesto hacia Traje Azul—, irá con alguien de vuestra tripulación a recoger comida.

El resto de mi grupo se quedará aquí con el resto de vuestra tripulación.

Parecéis gente razonable, pero no dudaremos en mataros si tratáis de atacarnos.

—Disponéis de nuestra completa cooperación —  afirmó Rosemary—. No queremos que nadie de ninguna tripulación salga herido.

Rosemary empezó a explicarles el trato a los otros. Todos asintieron, algo menos tensos, aunque todavía asustados. El zumbido de las armas cesó. «Puede que salgamos de esta», pensó Rosemary, justo antes de que el cuarto akarak reapareciera y arrojara a Ohan a la sala.

Los demás akaraks se volvieron locos. Empezó un frenético debate en el que se interrumpían unos a otros, y donde Rosemary trataba de interceder cuando podía.

—¿Qué mierda está pasando? —preguntó Sissix.

—Se quieren llevar a Ohan —respondió Rosemary.

La tripulación de la Peregrina estalló.

—¿Qué? —exclamó Kizzy

—¡Mis cojones! —gritó Jenks.

—¿Para qué? —preguntó Sissix.

—Para venderlos —respondió Rosemary.

—¿¡Qué!? —gritó Kizzy.

—Un Par representa mucho dinero en el planeta adecuado —dijo Doctor Chef.

—Si os mantiene a salvo… —comenzaron Ohan.

—No —cortó Jenks—. Ni hablar. Rosemary, diles a esos putos pájaros en sus putos trajes cutres que se pueden meter por el…

—Jenks, cállate la puta boca —  zanjó Kizzy mientras acunaba la cabeza de Ashby. La sangre parecía pegajosa en sus manos.

—Alto, alto, todos, vais a lograr que nos maten —se quejó Corbin.

—Cállate tú también, Corbin.

— Calma a tu tripulación —  ordenó Gran Capitán—. O habrá violencia.

— Silencio, todos, callaos —gritó Rosemary. Se giró hacia Gran Capitán—. Ohan es parte de nuestra tripulación. Hemos cooperado con todas vuestras peticiones, pero esto…

—Este hombre podría poner fin a nuestras penurias —  dijo Gran Capitán—. Será de gran utilidad para nosotros. Harías lo mismo en nuestro lugar.

—No, no lo haría.

Gran Capitán reflexionó sobre aquello.

— Quizá. Pero, aun así, no tenéis mucha elección.

— Ofrécele alguna otra cosa —propuso Sissix.

—¿Cómo qué? —preguntó Rosemary.

—Ambi —dijo Kizzy—. Dale las ambicélulas.

Elas akaraks se quedaron de piedra. Por fin, una palabra en klip que entendían.

— ¿Tenéis ambicélulas en vuestro transporte?

—Sí —  respondió Rosemary—. Te entregaremos el ambi sin reparos si dejas al piloto con nosotros.

—¿Qué nos impide llevarnos tanto el ambi como al piloto? —  preguntó Traje Azul, levantando el rifle.

Rosemary sintió que se le hundía el estómago. Cierto.

—Quieren saber por qué no se pueden llevar el ambi y a Ohan.

—Mierda —masculló Jenks.

—¿Por qué siempre digo algo? —gimió Kizzy.

—Diles que Ohan no tiene valor para ellos —dijo Doctor Chef.

Rosemary tradujo. Elas akaraks exigieron una explicación.

—¿Por qué? —le preguntó a Doctor Chef.

—Porque Ohan se muere.

La tripulación de la Peregrina se giró para observar a Doctor Chef. Ohan cerraron los ojos sin decir nada. Rosemary se armó de valor. Seguro que era un farol. Le transmitió la noticia a elas akaraks.

Estos se echaron para atrás. El que había arrojado a Ohan a la sala reculó.

— ¿Es contagioso?

—No… No lo creo —  dijo Rosemary—. Doctor Chef, me vendría bien un poco de ayuda.

—Ohan están en la etapa final de la vida del par sianat —explicó—. No vivirán más de un año. —Se detuvo un instante y añadió—: Cualquier comprador que se plantee adquirir un par sianat estará lo bastante familiarizado con la especie para reconocer los síntomas.

Rosemary tradujo.

— Puede que mientas —  dijo Gran Capitán—. Pero el riesgo de malgastar combustible y comida con cargamento inútil sobrepasa las posibles ganancias, sobre todo si consideramos el ambi. Lo dejaremos, pues, pero nos entregaréis la carga completa de ambicélulas.

Rosemary aceptó.

—Ohan se quedan —le dijo a la tripulación.

—Ay, estrellas —masculló Kizzy.

—Pero quieren todo el ambi.

—Está bien —dijo Sissix.

—Menos mal que la CG nos cubre las espaldas esta vez —dijo Jenks.

Rosemary y Gran Capitán discutieron la logística.

Grupos de ambas tripulaciones se separaron, y dejaron a Jenks, a Ohan y a un apenas consciente Ashby (estrellas, por fin había abierto los ojos) bajo custodia en el muelle de carga.

Rosemary cogió la mano de Kizzy mientras salían por la puerta con Gran Capitán.

Ella le devolvió el apretón con tanta fuerza que le chasquearon los nudillos.

La voz de Jenks los siguió.

—¡Disfrutad robando nuestras cosas, cabrones! Rosemary, ¿te apetece traducirles eso?

Ella lo dejó pasar.

Ashby descansaba en una cama del área médica, tratando de moverse lo menos posible.

Tenía ambas manos ocupadas. La derecha estirada bajo el escáner médico, donde un denso haz de luz le indicaba dónde colocar el parche de muñeca.

Doctor Chef estaba sentado al otro lado del escáner, rumiando algo mientras introducía comandos para los inmubots de Ashby.

En algún lugar bajo la piel, dos escuadras de bots se habían separado de sus patrullas diarias y reparaban la fractura de la mandíbula y la conmoción en el cerebro.

Doctor Chef había hablado mucho sobre «granulación de tejido» y «osteoblastos», pero Ashby tampoco lo hubiera comprendido incluso si no hubiera estado a la deriva en una marea de analgésicos.

Sin embargo, la parte de quedarse tumbado y no mover la mandíbula la había entendido. De eso era capaz.

Su otra mano agarraba con firmeza las garras de Sissix.

Ella estaba sentada junto a él, y le narraba punto por punto todo lo que había ocurrido desde que se desmayó.

De vez en cuando le soltaba la mano para dejarle escribir una pregunta en el escrib.

Doctor Chef le había prohibido hablar durante el proceso.

Nadie más había salido herido. Ni el ambi ni la comida importaban. Eran cosas, y las cosas se podían reemplazar. Su tripulación no. El alivio que sintió al saber que era el único que necesitaba tratamiento en el área médica estaba por encima de todo lo que le pudieran aportar los analgésicos.

«¿Dónde están todos?», escribió.

—Kizzy y Jenks están reparando las puertas del muelle.

Dicen que casi todo son daños superficiales.

Ya han reemplazado el núcleo de navegación, y funciona sin problemas.

Corbin empezó a preparar un sustituto para el lote de algas un instante después de que elas akaraks se marcharan.

Creo que Rosemary está calculando nuestras pérdidas. —Sonrió—. Y adivina dónde están Ohan.

«¿En su cuarto?»

Sissix negó con la cabeza.

—Están abajo, sentados en el muelle de carga con los técnicos.

Ashby se la quedó mirando. Parpadeó.

—Lo sé. No hablan ni nada parecido, solo están ahí, sentados en una esquina, en su propio espacio mental, como siempre.

Pero no han vuelto a su cuarto en ningún momento, y siguieron a Kizzy por el pasillo cuando fue a recoger algunas herramientas.

Nunca pensé que diría esto, pero Ohan no quieren estar solos ahora mismo.

Ashby volvió a parpadear. «Vaya», escribió.

Pasó una hora. Doctor Chef asintió, satisfecho, y giró el monitor para que Ashby pudiera verlo.

La pantalla mostraba la vista de la cámara de uno de los inmubots, el cual hacía…

algo a una enorme pared blanca y esponjosa (su mandíbula, supuso).

Otros bots correteaban en la periferia del encuadre, como arañas nadadoras.

—Saldrás de esta —dijo Doctor Chef. Ashby aceptó su palabra.

No tenía ni idea de lo que ocurría ahí dentro, y la experiencia de ver el interior de su cuerpo siempre le resultaba inquietante—.

Ya puedes caminar, pero sin movimientos bruscos, por favor.

La fractura todavía no se ha curado del todo.

Y tu cerebro todavía necesita un poco más de trabajo.

—Eso te lo podría haber dicho yo misma —dijo Sissix.

—Gracias —dijo Ashby, moviendo la boca con cuidado—. Aprecio tu compasión. —Se pasó la lengua por los labios. Sentía el interior de la boca seco—. ¿Me podéis dar agua?

Sissix llenó una taza en la pila. Se la acercó a la boca y lo ayudó a beber.

—¿Necesitas algo más?

—No —respondió—. Bueno, espera. ¿Puedes decirle a Rosemary que venga?

Sissix se acercó a la vox.

—Lovey, ¿has oído?

—Yo me encargo —respondió ella—. Es genial volver a oír tu voz, Ashby.

—Gracias, Lovey —dijo.

Unos minutos más tarde, una cabeza con rizos asomó por la puerta.

—¿Querías verme?

—Eh, Rosemary —saludó Ashby—. Siéntate. —Hablaba con un tono pegajoso gracias a la medicación para el dolor, como si hubiera bebido demasiado alcohol. Esperaba de todo corazón no estar babeando.

Rosemary acercó un taburete junto a Sissix.

—¿Te encuentras bien? —le preguntó a Ashby.