El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (Runas 1) Puerto Coriol #4
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Puerto Coriol #4

El hecho de que Jenks y Pepper pudieran estar en el mismo lugar (ella, procedente de un planeta donde ser altergén era obligado; él, hijo de una madre que había rehuido la sanidad tradicional) era un testimonio de la mentalidad abierta de Puerto, así como de lo increíble que podía ser la humanidad.

También era probable que fuera el motivo por el que él y Pepper siempre se habían llevado tan bien, ya fuera por compasión o pura diversión.

Bueno, eso, y su profundo e imperecedero amor por todo lo digital. Eso ayudaba, desde luego.

—¿Qué tal la Peregrina ? —preguntó ella. Siempre era lo primero que preguntaba, y no era por quedar bien. Su interés por la nave, es más, por todas las naves, era genuino.

—Va tan fina como siempre —respondió Jenks—. Acabamos de hacer una perforación a ciegas en Botas Welim.

—Es la nueva colonia aeluona, ¿no? —preguntó Pepper.

—Sep.

—¿Qué tal fue?

—De manual. Excepto por nuestra nueva asistente, que no encajó demasiado bien la subcapa. Buargh. —Recreó una explosión saliendo de su boca.

Pepper rio.

—Quiero enterarme de todos los cotilleos. ¿Tienes tiempo para una taza de mek cuando despachemos los negocios? He construido una destiladora que te va a cambiar la vida.

—Bueno, cómo te voy a decir que no.

—Bien. ¿Qué haréis ahora? ¿Tenéis algo en perspectiva?

—Sí, de hecho —respondió Jenks con orgullo—. ¿Te suena la alianza Toremi?

Pepper puso cara de incredulidad.

—En serio, ¿en qué cojones están pensando?

—Ni idea —rio Jenks—, pero nos ha salido un encargo buenísimo. Tokath a Hedra Ka. Esos somos nosotros.

—No jodas —exclamó Pepper, boquiabierta—. ¿Vais al Núcleo?

—Sep. Es más, con una perforación anclada.

—Mierda. ¿En serio? Vaya, es un buen trayecto. ¿Cuánto tiempo?

—Un estándar, más o menos. Aunque la CG lleva las cuentas. Todo lo que tenemos que hacer es llegar y perforar de vuelta.

Pepper sacudió la cabeza.

—Bien por vosotros, pero me alegro de no ser yo —dijo entre risas—. Vaya, tío, me pondría muy nerviosa si tengo que pasar tanto tiempo en una nave. Aunque, de todas formas… El Núcleo. ¿Cuánta gente puede decir que ha estado ahí?

—Ya ves.

—Vaya. Bueno, eso explica por qué estás aquí. Supongo que tienes una buena lista de la compra.

—Casi todo es de Kiz. Está por ahí comprando chucherías. —Jenks le pasó el escrib.

—Dile que será mejor que asome la cabeza por aquí antes de que dejéis la órbita. Que no se le ocurra marcharse sin decirme hola.

—Como si ella fuera a dejar que eso ocurriera. Podríamos encontrarnos contigo y con Azul en el lado oscuro más tarde, si no tenéis planes. Cenar o algo. Acabo de cobrar.

—Me gusta mucho esa idea. Sobre todo la parte en la que pagas tú. —Repasó la lista, despacio. Leer no era su punto fuerte—. Vale, moduladores de corriente. Ve a Pok, el quelin que hay al final del callejón bot. ¿Lo conoces?

—He oído hablar de él. Da mal rollo hasta decir basta.

—No te lo discutiré, pero no es mal tipo, y no empaqueta sus cosas en grax como los otros. Confía en mí, sus moduladores son de lo mejorcito.

—¿Qué tiene de malo el grax?

—Es una protección buena y barata para la tecnología, pero embotará tus nodos receptores si los dejas envueltos demasiado tiempo.

—¿Estás de broma?

—Bueno, los que venden grax disienten, pero te juro que mi tecnología funciona mejor desde que dejé de comprar nada empaquetado con eso.

—Te tomo la palabra.

Pepper siguió con la lista.

—Acopladores de interruptor, ve a Hish.

—¿Hish?

—Circuito Abierto. Hish es la dueña.

—Ah, vale. Nunca he estado en Circuito Abierto. Siempre he ido a Estrella Blanca.

—Hish cobra más que Estrella Blanca, pero creo que tiene cosas de muchísima mejor calidad.

Dile que te lo he dicho, puede que te descuente algunos créditos.

—Siguió leyendo—. Los circuitos de seis puntas te los puedo conseguir yo, siempre y cuando no te importe que estén usados.

—Alcanzó una estantería, agarró un paquete de circuitos envuelto a mano y lo depositó en el mostrador.

—Tu versión de usado siempre es mejor que nuevo —respondió Jenks. Y lo decía en serio. Pepper hacía magia devolviéndole la vida a la tecnología.

Pepper sonrió.

—Eres un encanto. —Paseó la mirada por el escrib. —Paquetes de bobinas —dijo—. Mmm. Creo que tengo algunos metidos por ahí… —Trasteó por el lugar y arrojó una bolsa con pequeños envoltorios metálicos sobre el mostrador—. Ahí los tienes. Paquetes de bobinas.

—¿Cuánto? —preguntó Jenks, presionando su parche de muñeca.

Ella negó con la mano.

—Nos pagas la comida a mí y a mi hombre. Estamos en paz.

—¿Seguro?

—Desde luego.

—Bien, pues —dijo Jenks. Se aclaró la garganta y bajó la voz—. Pepper, hay algo que estoy buscando que no está en la lista.

—Tú dirás —contestó ella.

—Por curiosidad. Nada serio. —Era, por supuesto, una petición muy seria, pero incluso con una amiga como Pepper requería de un poco de cautela.

Pepper asintió lentamente; había entendido. Se inclinó adelante sobre el mostrador y habló en susurros.

—Puramente hipotético, lo pillo.

—Bien. —Se detuvo—. ¿Cuánto sabes sobre los kits corporales?

Pepper alzó las cejas, o mejor dicho, el lugar donde debería haber tenido las cejas si tuviera pelo.

—Joder, no vas con chiquitas ¿eh? Vaya. A ver, sin ánimo de ofender.

—Sin problema. Verás, sé que los kits son difíciles de encontrar…

—¿Difíciles de encontrar? Jenks, ese tipo de tecnología está tan prohibida que prácticamente no existe.

—Sin embargo, tiene que haber alguien. Algún modificador con un bunker en algún lugar…

—Ah, estoy segura de que lo hay. Pero nadie que conozca de primera mano. —Escrutó su rostro—. De todas formas, ¿para qué quieres un kit corporal?

Jenks se toqueteó la dilatación de su oreja izquierda.

—Si dijera que es personal, ¿lo dejarías estar?

Pepper no contestó, pero él pudo ver en sus ojos que estaba encajando las piezas.

Ella sabía cuál era su trabajo. Le había oído hablar sobre Lovey, aunque fuese en conversaciones informales.

Jenks pudo sentir que empezaba a sudar. «Estrellas, debo de parecer patético», pensó.

Pero Pepper se limitó a sonreír perezosamente y se encogió de hombros.

—Tú mismo. —Ella recapacitó un instante, con el rostro más serio—. Pero debo decirte, como amiga, que si te cruzas con un kit corporal, y te contactaré sí por algún golpe de suerte astronómico encuentro un proveedor, espero, de verdad, que sepas lo que haces.

—Tendré cuidado.

—No, Jenks —repuso Pepper. En su voz no había la menor señal de que fuera algo sujeto a discusión—.

No hablo de que hagas que te detengan. Hablo de que hagas algo peligroso.

Odio jugar la carta de la-historia-de-mi-pasado-es-triste, pero escucha: soy el producto final de unas personas muy estúpidas y con buenas intenciones que creyeron que sería una gran idea redefinir la humanidad.

No empezó siendo mucho. Una modificación aquí, un ajuste allá.

Pero creció, como siempre ocurre, hasta que se convirtió en algo fuera de toda razón.

Por ese mismo motivo están prohibidos los kits corporales.

Personas que saben muchísimo más sobre ética que tú y yo creyeron que la CG no estaba preparada o equipada para mantener una forma nueva de vida.

Y sí, tal como están las cosas, a las IA se las trata como mierda.

Ya sabes que yo estoy a favor de darles todos los derechos.

Pero es territorio pantanoso, Jenks, y por mucho que odie decirte esto, no estoy segura de que los kits corporales sean la solución.

Por lo que, por muy inocentes que sean tus intenciones, piensa primero en lo que haces.

Pregúntate si estás listo para tal responsabilidad.

—Alzó sus delgadas manos. Tenía las palmas cubiertas de antiguas cicatrices, restos de una década de rebuscar en montañas de basura afilada.

Recuerdos de hambre y miedo y de un mundo roto—.

Pregúntate cuáles pueden ser las consecuencias.

Jenks lo sopesó.

—Si estás tan convencida de esto —dijo al fin—, entonces, ¿por qué me avisarás si encuentras un proveedor?

—Porque eres mi amigo —contestó Pepper con un tono de voz más suave—.

Y porque lograr conexiones es mi trabajo.

Prefiero que lo hagas a través de mí que con un pirata en un callejón.

Sin embargo, lo cierto es que también espero que para cuando encuentre a alguien hayas comprendido que yo tenía razón en que es una mala idea.

— Pepper puso un cartel en el mostrador: «En la trastienda, grita y vengo»—.

Vamos, necesitamos algo de mek. Quiero que me cuentes sobre esa novata tuya que se marea.

Ashby estaba sentado en la habitación del hotel que había pagado una hora antes.

Pensaba en balón acuático. No es que estuviera demasiado interesado en ello, pero era más fácil de manejar que la alternativa.

Cuando se despertó esa mañana, estaba listo para un día de regateos y de gastar créditos; el punto álgido de la jornada debería haber consistido en unas copas y una buena comida en un bar tranquilo.

Ahora estaba en el lado oscuro de Coriol, rodeado de duras almohadas y un papel de pared horroroso, mientras esperaba a Pei, la cual no solo estaba sana y salva, sino cerca y con intención de tener sexo con él.

balón acuático era más fácil de procesar.

«De acuerdo. Los finalistas de la Copa Titán, año 303.

Veamos. Los Gorras Blancas han tenido que jugar, porque Kizzy se volvió loca cuando Kimi St. Clare se rompió un ligamento.

Los Estallido Estelar estaban ahí, ¿no? Seh, le compraste a Aya un jersey de los Estallido Estelar para su cumpleaños aquel año. Dijo que era su equipo favorito».