Una queja #2
—No tuve tiempo. —Corbin tenía la costumbre de ignorar las tareas que no tenían que ver con su laboratorio—. ¿En qué carajo estabas pensando al traer a bordo a esta cría?
—Estaba pensando —dijo Ashby— en que necesitaba un asistente certificado.
Ni siquiera Corbin tenía argumentos para discutir ese punto.
El papeleo de Ashby era un desastre, y aunque, estrictamente hablando, una nave tuneladora no necesitaba un asistente para conservar su licencia, los jefazos de la Cámara de Transporte de la CG habían dejado bien claro que los informes siempre tardíos de Ashby no le estaban haciendo ningún bien.
Alimentar y pagar a un tripulante de más no era un gasto irrisorio, pero tras una cuidadosa reflexión y algo de presión por parte de Sissix, Ashby había solicitado a la Cámara que le enviaran a alguien certificado.
Si no dejaba de intentar hacer dos trabajos a la vez, su negocio iba a sufrir.
Corbin cruzó los brazos y resopló.
—¿Has hablado con ella?
—Tuvimos una charla sib hace diez días. Parece adecuada.
—«Parece adecuada» — repitió Corbin—. Alentador.
Ashby escogió sus siguientes palabras con más precaución. Se trataba de Corbin, al fin y al cabo. El rey de la semántica.
—La Cámara le dio el visto bueno. Está completamente capacitada.
—La Cámara fuma hierba. —Volvió a apuntar el dedo hacia el escrib—. No tiene experiencia en travesías largas. Por lo que sé, nunca ha salido de Marte. Acaba de graduarse en la universidad…
Ashby empezó a repiquetear con los dedos. Él también sabía jugar a ese juego.
—Está certificada para manejar los formularios de la CG.
Ha realizado unas prácticas en una empresa de transporte de superficie que requerían las mismas habilidades básicas que necesito que tenga.
Se desenvuelve con fluidez en hanto, gestos inclusive, lo cual nos abriría algunas puertas.
Viene con una carta de recomendación de su profesor de relaciones interespecies.
Y lo más importante: por lo poco que he charlado con ella, parece ser alguien con quien puedo trabajar.
—Nunca ha hecho esto antes. Estamos en medio del vacío, de camino a una perforación a ciegas, y vas a traer a una cría a bordo.
—No es una cría, tan solo es joven. Y todos hemos tenido un primer empleo, Corbin. Incluso tú empezaste en algún sitio.
—¿Sabes cuál fue mi primer trabajo? Fregar los contenedores de muestras del laboratorio de mi padre.
Un animal amaestrado podría haberlo hecho.
Así debe ser un primer trabajo, no… —Balbuceó—.
¿Puedo recordarte qué hacemos aquí? Volamos haciendo agujeros, agujeros literales, a través del espacio.
No es un trabajo seguro. Kizzy y Jenks me aterrorizan con su despreocupación, pero por lo menos tienen experiencia.
No puedo hacer mi trabajo si me estoy preocupando constantemente por que una novata incompetente pulse el botón que no debe.
Esa era la señal de alerta, la bandera de «no puedo trabajar en estas condiciones» que indicaba que Corbin estaba a punto de desvariar. Era el momento de encarrilarlo.
—Corbin, no va a pulsar ningún botón. La tarea más complicada que hará será redactar informes y rellenar formularios.
—Y mantener contacto con guardias fronterizos, y patrullas planetarias, y clientes que se retrasan en los pagos.
No toda la gente con la que tenemos que trabajar es amable.
No todos son de fiar. Necesitamos a alguien que se mantenga firme, que ponga firme a un jefecillo advenedizo que cree que conoce el reglamento mejor que nosotros.
Alguien que conozca la diferencia entre un auténtico sello de seguridad alimentaria y uno falsificado por un contrabandista.
Alguien que de verdad sepa cómo funcionan las cosas aquí fuera, no una recién graduada inocente que se meará encima en cuanto un sicario quelin se nos cruce en el camino.
Ashby dejó la taza.
—Lo que necesito yo —dijo— es alguien que lleve mis registros con precisión.
Necesito a alguien que gestione nuestras citas, que se asegure de que tenemos al corriente las vacunas y los escáneres necesarios antes de cruzar fronteras y que ponga en orden la contabilidad.
Es un trabajo complicado, pero no es difícil; no si es tan organizada como su carta de recomendación indica.
—Es una carta estandarizada bastante común. Me apuesto algo a que ese profesor ha enviado una carta exactamente igual en nombre de cada estudiante pusilánime que entró gimoteando por su puerta.
Ashby arqueó una ceja.
—Estudió en la Universidad Alexandria, como tú.
—Yo estaba en el departamento de ciencias —dijo Corbin burlonamente—. No es lo mismo.
Ashby soltó una breve carcajada.
—Sissix tiene razón, Corbin: eres un esnob.
—Sissix se puede ir al carajo.
—Eso escuché que le decías anoche. Se te oía desde el fondo del pasillo.
—Corbin y Sissix se iban a matar cualquier día.
Nunca se habían llevado bien, y ninguno tenía el menor interés en tratar de encontrar algo que tuvieran en común.
Era un terreno donde Ashby debía pisar con muchísima cautela.
Ashby y Sissix habían sido amigos desde antes de la Peregrina , pero cuando estaba en modo capitán, tenía que tratarlos con equidad tanto a ella como a Corbin, como miembros de su tripulación.
Mediar en sus frecuentes peleas le exigía hilar fino.
La mayoría de las veces trataba de quedarse fuera de la trifulca—. ¿Debería siquiera preguntar?
A Corbin le temblaron los labios.
—Usó mi último dentbot.
Ashby parpadeó.
—Sabes que tenemos cajas enormes con paquetes de dentbots abajo, en el compartimento de carga.
—No de mis dentbots. Tú compras esas chapuzas de bots baratos que te irritan las encías.
—Uso esos bots a diario y a mis encías no les pasa nada malo.
—Tengo encías sensibles. Puedes pedirle a Doctor Chef mi historial médico dental si no me crees. Tengo que comprarme mis propios bots.
Ashby esperaba que su expresión no revelase lo baja que figuraba aquella aflicción en su lista de prioridades.
—Comprendo que sea molesto, pero estamos hablando de un solo paquete de dentbots.
Corbin estaba indignado.
—¡No son baratos! Lo hizo solo para tocarme la moral, lo sé. Si esa lagarta egoísta no puede…
—¡Eh! —Ashby se levantó—. Eso no está bien. No quiero volver a oír esa palabra salir de tu boca.
De todos los insultos racistas que existían, «lagarta» no era ni de lejos el peor, pero era bastante peyorativo.
Corbin apretó los labios, como si quisiera evitar que se le escapasen más comentarios desagradables.
—Lo siento.
Ashby estaba enfadado, pero lo cierto es que aquel era un rumbo ideal para una conversación con Corbin. Alejarlo de la tripulación, dejar que se desfogara, esperar a que se pasara de la raya, y entonces hablarle con paternalismo mientras se arrepentía.
—Hablaré con Sissix, pero tienes que ser más cortés con la gente. Y no me importa lo mucho que te enfades, ese tipo de lenguaje no tiene lugar en mi nave.
—He perdido la compostura, nada más. —Corbin todavía estaba enojado, pero incluso él sabía que no debía morder la mano que le daba de comer. Sabía que era valioso, pero a la hora de la verdad, Ashby era el que le ingresaba créditos en su cuenta. «Valioso» no era sinónimo de «irremplazable» .
— Perder la compostura es una cosa, pero formas parte de una tripulación multiespecie y tienes que ser consciente de ello.
Especialmente con alguien nuevo a bordo.
Respecto a eso, siento que tengas dudas sobre ella, pero siendo sinceros, ella no es asunto tuyo.
Rosemary fue la sugerencia de la Cámara, pero aceptarla fue cosa mía.
Si resulta que es un fiasco, conseguiremos a alguien nuevo.
Pero hasta entonces, todos vamos a otorgarle el beneficio de la duda.
Al margen de cómo te afecte su llegada, espero que hagas que se sienta bienvenida.
De hecho… —Una leve sonrisa empezó a extenderse por el rostro de Ashby.
—¿Qué? —dijo Corbin con recelo.
Ashby se recostó en la silla y entrelazó los dedos.
—Corbin, si no me falla la memoria, la nueva asistente llegará mañana sobre las diecisiete y media. Bien, tengo una sib programada con Yoshi a las diecisiete en punto, y ya sabes cómo le gusta hablar. Dudo que haya terminado cuando Rosemary atraque, y va a necesitar que alguien le enseñe todo esto.
—Oh, no. —Una expresión acongojada cubrió el rostro de Corbin—. Pídeselo a Kizzy. A ella le encantan estas cosas.
—Kizzy está ocupada; está reemplazando el filtro de aire del área médica, y dudo que acabe antes de mañana. Jenks estará ayudando a Kizzy, por lo que tampoco cuenta.
—Entonces Sissix.
—Mmm, Sissix tiene mucho trabajo con los preparativos de la perforación de mañana. Es muy probable que no tenga tiempo. —Ashby sonrió—. Estoy seguro de que le ofrecerás un tour estupendo.
Corbin le dirigió a su jefe una mirada siniestra.
—A veces eres un verdadero incordio, Ashby.
Ashby levantó la taza y se terminó el poso.
—Sabía que podía contar contigo.