Epílogo
Hugo
No fue una vibración metálica cualquiera.
El zumbido seco del motor del móvil rasgó el aire: un bzz-bzz grave y vibrante que rebotó contra la madera de la mesa.
El eco de esa pequeña sacudida me atravesó el pecho de un plumazo, haciéndome dar un vuelco al corazón tan violento que me quedé sin aire durante un instante.
Me quedé petrificado. Tardé varios segundos en reaccionar, mirando fijamente esa luz parpadeante que parecía acusarme desde la penumbra.
Alargué el brazo con una lentitud casi agónica, sintiendo cómo los dedos me temblaban de forma incontrolable. Despacio, muy despacio, rodeé el teléfono con la palma de la mano, notando el cristal frío y liso contra las yemas. Lo levanté hacia mi cara como si pesara una tonelada.
Desbloqueé la pantalla. El brillo del panel me golpeó las pupilas, cegándome durante un breve segundo, hasta que la interfaz de mensajes se abrió del todo.
Arriba del todo aparecía su nombre: Inma.
Bajo su foto de perfil, un único bloque de texto. Pocas palabras. Una sola frase que cayó sobre mi cabeza como una losa de hormigón, aplastando cualquier rastro de aire que me quedara en los pulmones:
Inma: Necesito espacio, creo que es mejor que dejemos de hablar. Perdóname.