CAPÍTULO XIV - El camino del guerrero
CAPÍTULO XIV
El camino del guerrero
l valle había florecido.
Los tipis estaban firmes, los niños corrían libres,
los ancianos enseñaban a los jóvenes a tallar
madera, los guerreros patrullaban los alrededores
sin encontrar amenazas.
William, montado en Stormrunner, recorría cada mañana el
perímetro del valle. Era rutina, era deber, era instinto.
Nimêwa lo acompañaba a veces con Awanah; otras veces se
quedaba ayudando a las mujeres a preparar pieles.
Todo parecía en equilibrio.
Hasta ese día.
Al amanecer, un grito resonó desde el borde del valle.
—¡Un hombre! ¡Viene solo!
William montó de inmediato. Stormrunner salió al galope.
En la entrada del valle, un guerrero desconocido de otra tribu
cayó de rodillas, su pecho subía y bajaba con dificultad, tenía los pies
destrozados, las manos llenas de cortes y la mirada perdida por el
cansancio.
William desmontó y lo sostuvo.
—Habla. ¿Qué ha pasado?
El guerrero tragó saliva.
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