El juramento en el exilio CAPÍTULO XIII - El regreso del guía
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CAPÍTULO XIII - El regreso del guía

CAPÍTULO XIII

El regreso del guía

abían pasado siete días desde que la tribu llegó al

valle. Siete días de descanso, de agua limpia, de

comida suficiente, de noches sin sobresaltos.

Los niños corrían entre los árboles. Las mujeres recogían

raíces y plantas. Los ancianos enseñaban a los jóvenes a reconocer

huellas. Los guerreros levantaban estructuras de madera para los

nuevos tipis.

William, Mawetogan, caminaba cada mañana por el borde

del valle, observando el terreno, memorizando rutas y buscando

señales de animales.

Ese día, el aire estaba especialmente claro. El sol iluminaba

la hierba con un brillo dorado. El viento traía olor a tierra húmeda.

Y entonces los vio.

Dos figuras se movían al otro lado del lago.

No eran ciervos. No eran alces. Tampoco eran lobos.

Eran caballos.

Un caballo y una yegua, libres, salvajes, hermosos.

El caballo era oscuro, casi negro, con una crin larga que se

movía como una bandera ondeando al viento. La yegua era clara,

color arena, con ojos grandes y tranquilos.

William se detuvo.

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