CAPÍTULO XII - El camino del norte
CAPÍTULO XII
El camino del norte
l campamento despertó antes del amanecer. No
había tambores, no había cantos ni había ceremonia,
solo silencio.
Un silencio pesado, tenso, lleno de responsabilidad.
Las mujeres recogían mantas y pieles; los ancianos se
apoyaban en bastones de madera; los niños, aún medio dormidos,
se aferraban a sus madres; los guerreros revisaban arcos, flechas y
cuchillos.
Wôban Aki se acercó a William, Mawetogan, y le puso una
mano en el hombro.
—Guíalos. El norte es duro, pero no traiciona. El bosque no
miente. Si escuchas… llegaréis.
William asintió.
Maskwa, a su lado, ajustó la correa de su lanza.
—Hermano, caminaré contigo. No detrás, no delante; a tu
lado.
William le devolvió el gesto.
—Así debe ser.
Nimêwa se acercó con un fardo de pieles y un arco nuevo.
—El camino será largo, pero no estaremos solos.
William la miró.
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