CAPÍTULO XI - La vida entre los indios y el amor de Nimêwa
CAPÍTULO XI
L a vida entre los indios y el
amor de Nimêwa
l amanecer llegó suave, sin el rugido del viento ni el
crujido del hielo. El bosque respiraba, el
campamento también.
William, Mawetogan, abrió los ojos dentro del tipi que ahora
compartía con otros jóvenes guerreros. El olor a humo, a piel
curtida, a hierbas secas… era un olor que ya no le resultaba extraño,
era un olor que empezaba a significar hogar.
Afuera, los tambores marcaban el ritmo del despertar y, por
primera vez desde que llegó a Nueva Inglaterra, William no sintió
miedo, ni rabia, ni dolor.
Sintió paz, sintió hogar.
Wôban Aki lo esperaba junto al fuego central. El jefe estaba
sentado sobre una piel de oso, con el torso desnudo pese al frío de la
mañana. Su mirada era firme, pero tranquila.
—Mawetogan, hoy empiezas tu vida entre nosotros.
William se acercó y se arrodilló frente a él.
—Estoy listo.
El jefe asintió.
—No, pero aprenderás.
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