El juramento en el exilio CAPÍTULO V - El juicio del siglo
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CAPÍTULO V - El juicio del siglo

CAPÍTULO V

El juicio del siglo

l día del juicio amaneció gris, como si el cielo mismo

se negara a tomar partido. Una llovizna fina caía

sobre el patio del tribunal, empapando las losas y

oscureciendo la piedra antigua del edificio. El aire olía a tierra

mojada y a hierro, como si la mañana presintiera que algo

irrevocable estaba a punto de ocurrir.

Los habitantes de Wishaw se agolpaban en la entrada,

murmurando entre sí, ansiosos por presenciar el espectáculo que

Lord Fremon había convertido en un asunto público. Algunos

llevaban capas empapadas, otros se cubrían con sombreros de ala

ancha, pero todos compartían la misma expresión: una mezcla de

curiosidad morbosa y temor reverencial hacia el poder del lord.

William llegó escoltado por dos guardias, con las muñecas

atadas y la mirada clavada en el suelo. No era el mismo hombre que

había entrado en la cárcel días atrás. Había envejecido, no en el

rostro, sino en la mirada. Una sombra nueva lo habitaba, una mezcla

de dolor y furia contenida que lo hacía parecer más alto, más rígido,

más peligroso.

Los guardias lo empujaron hacia la entrada del tribunal. El

sonido de sus botas mojadas resonó en el vestíbulo, donde el eco

amplificaba cada paso como si la propia piedra quisiera recordar ese

momento.

Al entrar en la sala, sintió que todas las miradas se clavaban

en él como agujas. Algunas eran de compasión, otras de miedo, la

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