El juramento en el exilio CAPÍTULO III - La caída de William Tagles
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CAPÍTULO III - La caída de William Tagles

CAPÍTULO III

La caída de William Tagles

l silencio volvió a caer sobre el establo, un silencio

que ya no era de contención, sino de muerte. Era un

silencio espeso, casi físico, que parecía adherirse a las

paredes, a la paja, al aire mismo. Un silencio que no pertenecía a ese

lugar, sino a otro mundo, uno donde la vida acababa de apagarse.

William se incorporó lentamente, dejando a Barbara sobre

la paja con un cuidado reverencial, como si temiera lastimarla

incluso ahora. Sus manos temblaban, pero sus movimientos eran

suaves, casi ceremoniales. Se volvió hacia Lord Fremon.

Y, en ese instante, el mozo humilde, el joven que soñaba con

una vida sencilla, desapareció para siempre. Lo que quedó en pie era

otra cosa, algo endurecido, algo que ya no temía nada.

Lord Fremon tragó saliva.

—William… piensa bien lo que haces.

Pero William ya había decidido. No era una decisión

consciente, razonada, era algo más profundo, más antiguo, más

visceral. Una certeza que había nacido en el mismo instante en que

Barbara cerró sus ojos.

El establo quedó en silencio de golpe, como si el aire mismo

hubiese decidido contener la respiración. La lámpara colgada en la

pared osciló ligeramente, proyectando sombras que parecían

moverse con vida propia. Los caballos, inquietos, resoplaron en sus

pesebres, como si percibieran la tragedia.

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