El juramento del lobo y el mar (Historias de vikingos nº 14) EPÍLOGO LAS RUNAS DEL DESTINO
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EPÍLOGO LAS RUNAS DEL DESTINO

Un año después, la paz reinaba en el fiordo. El sol de primavera comenzaba a derretir las últimas capas de hielo, dando paso a brotes verdes en los valles de Kattegat.

En la gran cabaña, Halvar contemplaba el horizonte marino desde la entrada. El cansancio de las batallas parecía haberse desvanecido de su rostro. Sintió unos brazos suaves rodear su cintura desde atrás. Se giró para encontrar los ojos oscuros de Elena, que resplandecían con una felicidad serena.

En sus brazos, envuelto en telas finas, descansaba un robusto bebé de cabellos claros y ojos intensos.

—Tiene la mirada del Lobo —dijo Elena con una sonrisa, depositando un tierno beso en el pecho cicatrizado de su esposo.

Halvar rodeó a ambos con sus brazos protectores, besando la frente de Elena con una devoción absoluta. Los dioses del norte les habían otorgado un destino forjado en la tormenta, pero consolidado en el amor más puro y salvaje. Su saga apenas comenzaba.