El juramento del highlander Capítulo 21
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Capítulo 21

E l arzobispo de York detuvo su caballo en lo alto de la colina, observando con severidad las tierras envueltas por la niebla.

A su alrededor permanecían inmóviles varios hombres de armas, soldados al servicio del arzobispado conocidos como men-at-arms , guerreros endurecidos que portaban cotas de malla bajo los mantos con la cruz bordada de York.

Sus lanzas brillaban bajo el cielo gris mientras el viento agitaba los estandartes eclesiásticos.

Peter descendió del caballo, apoyándose con solemnidad en su báculo episcopal.

Sus ojos fríos recorrieron el terreno hasta distinguir, a lo lejos, la figura de lord Hilton aproximándose tal y como había prometido en la misiva enviada días atrás.

No iba solo. Tras él avanzaban varios guerreros armados y, caminando a su lado, un hombre desconocido de expresión dura y mirada peligrosa.

Cuando estuvieron frente a él, Hilton inclinó la cabeza con respeto.

—Vuestra excelencia.

El arzobispo apenas respondió al saludo. Su atención se había posado de inmediato sobre el desconocido. Lo observó con altivez, evaluándolo en silencio antes de hablar.

—¿Quién es él? —preguntó Peter con voz grave.

Hilton dio un paso al frente.

—El capitán Aidan Crowley, quien nos ayudará a hacernos con la joven.

Los ojos del arzobispo se estrecharon.

—Espero que así sea... ¡y cuanto antes! ¡Llevo demasiado tiempo esperando!

Hilton asintió sin apartar la mirada.

—¡Todo está preparado!

Peter sostuvo el báculo entre ambas manos mientras el viento agitaba las telas oscuras de su capa episcopal.

—¿Cuál es el plan?

—La joven se casará con el líder del clan Fraser dentro de pocos días —explicó Hilton—.

Justo después de la ceremonia irrumpiremos por sorpresa en el castillo y atacaremos sus tierras.

Mientras los Fraser se defienden, vos, vuestra excelencia, partiréis conmigo y con el capitán Crowley hacia el Lago de las Sombras.

Allí aguardaremos la llegada de la joven.

El arzobispo frunció el ceño.

—¿Debo temer al jefe del clan Fraser?

—No —respondió Hilton con seguridad—. Estará demasiado ocupado defendiendo su fortaleza y a sus hombres como para sospechar dónde se encontrará su esposa en ese momento.

Peter no parecía muy convencido. Desvió la vista hacia las montañas cubiertas de niebla y suspiró. En aquellas tierras salvajes, lejos de York y de la influencia de la iglesia, su poder era limitado. No tenía más opción que confiar en la palabra de aquellos hombres.

—¿Y cómo sacaréis a la joven del castillo? —preguntó.

Una sonrisa oscura apareció en el rostro de Crowley.

—¡Saldrá del castillo! —afirmó con absoluta seguridad—. Dejad eso en nuestras manos. Ya lo tenemos todo pensado.

El arzobispo dirigió la mirada hacia ambos hombres. En sus ojos ardía una ambición casi enfermiza. El deseo de encontrar el colgante y poseer aquello que tanto tiempo llevaba buscando comenzaba a cegarlo por completo. Apretó los dedos sobre el báculo antes de hablar.

—Espero... que no me falléis.