Capítulo 6 #2
Los ojos de Calum se endurecieron al instante.
Bajó la mirada y apretó los puños. La imagen de Màiri seguía persiguiéndolo incluso en sueños.
Su risa, su voz, sus ojos... Todo permanecía vivo dentro de él como una herida que jamás terminaba de cerrar.
Y en lo más profundo de su corazón seguía culpándose por no haber podido salvarla.
—¡Dios me la arrebató! —dijo con amargura—. Y vos me hablasteis de su voluntad... de sus planes... Decidme, ¿qué clase de plan permite morir a una inocente?
Fray Paul guardó silencio unos segundos antes de responder. Su mirada se perdió en las montañas.
—A veces los hombres culpan a Dios por la maldad de otros hombres.
Calum levantó la cabeza de golpe.
—¿Qué queréis decir?
El anciano respiró en profundidad antes de hablar.
—Hay sombras moviéndose alrededor de tu clan, Calum. Sombras nacidas de la ambición y de la envidia. Hay hombres que desean las tierras y el poder de los Fraser... y nunca aceptaron la alianza con los Douglas. Además..., tú sabes que Màiri estaba enferma, la muchacha no estaba bien.
El guerrero frunció el ceño.
—Lo sé..., pero aun así ella era la mujer que amaba.
—Pero ellos nunca hubiesen permitido que contrajeses una alianza con una muchacha como Màiri.
—¿Quiénes?
—No lo sé... Pero tú sabes que tu propio padre tampoco veía bien esa unión.
—¡Nunca me someteré a la voluntad de nadie! Soy libre en mis elecciones y actos.
Fray Paul giró con lentitud el rostro hacia él. Por primera vez su voz sonó firme como la piedra.
—Hijo, veo muchos peligros rodeándote.
Un escalofrío recorrió la espalda de Calum. Había algo distinto en el anciano aquel día, solemne, lo que lo llevó a recordar el respeto que incluso los hombres más orgullosos sentían por él.
—¿Cómo podéis saber algo así?
Fray Paul cerró los ojos unos instantes.
—Durante mis oraciones... la Santísima Virgen María me mostró ciertas cosas. Comprendí que una red de maldad se está tejiendo alrededor de vuestra familia. Como una araña paciente que espera el momento adecuado para atrapar a su presa.
Calum permaneció inmóvil. Parte de él quería rechazar aquellas palabras, pero otra parte, más profunda, sabía que el fraile jamás hablaba movido por el miedo o la imaginación.
—¿Y qué debo hacer?
—No tengo una respuesta, solo quiero que tengas mucho cuidado.
Calum guardó silencio. Después de unos segundos, abordó el tema que más lo preocupaba.
—Mi padre quiere que me case con Lìra MacLaery.
Paul lo observó.
—¿Y tú qué es lo que quieres?
—No quiero ese matrimonio, sigo pensando en ella...
El anciano lo miró con infinita compasión.
—¡Sé cuánto la amabas! Y sé que sigues llevando su muerte sobre tus hombros como si hubiese sido culpa tuya.
Calum apartó la mirada hacia el horizonte. Fray Paul continuó hablando con voz suave.
—¡Escúchame bien, hijo! El amor verdadero no desaparece con la muerte.
Màiri vive en tu corazón, en los recuerdos hermosos que compartisteis, en todo aquello puro que despertó en ti.
Pero no debes convertir su recuerdo en una cadena que destruya tu alma.
—El guerrero permaneció en silencio—. ¡Debes dejar de castigarte, Calum!
Ningún hombre puede luchar eternamente contra aquello que no estaba en sus manos cambiar.
Si continúas aferrándote a la culpa y al odio, terminarás perdiéndote a ti mismo.
Y ella... ella jamás habría deseado eso para ti.
Los ojos de Calum brillaron un instante, aunque contuvo cualquier emoción. El fraile apoyó una mano sobre su hombro.
—Debes permitir que descanse en paz... y tú también debes aprender a vivir de nuevo.
El viento sopló entre las montañas levantando los cabellos oscuros de Calum. Entonces fray Paul volvió a ponerse serio.
—Vuelve tu mirada a Dios, Él y solo Él te dará la respuesta.
Calum lo miró con preocupación.
—Padre, ¿creéis que debo casarme sin que mi corazón ame a mi futura esposa?
—La mujer con la que decidas contraer matrimonio debe ser la dueña de ese corazón que escondes.
El amor es lo único que puede sanar las heridas de los hombres; el amor verdadero, no el amor impuesto.
Si no amas a la que será tu esposa la harás infeliz, hijo, a ella y a ti.
Pero los líderes de los clanes no lo ven así, ellos piensan que un clan sobrevive si su líder tiene herederos y asegura la continuidad del apellido.
Si tú, el único hijo varón de los Fraser, no te casas ni tienes herederos, no pueden creer en ti ni pueden depositar su confianza.
El joven apretó la mandíbula.
—Entiendo. Por eso mi padre me presiona tanto.
—Sí, es una amenaza para tu clan. A veces el enemigo comparte vuestra mesa... sonríe ante tu padre... y espera con paciencia el momento de clavar el cuchillo si no se aseguran de que se cumple lo que quieren para jurar de nuevo su lealtad.
Aquellas palabras dejaron a Calum helado. Fray Paul lo observó con calma.
—¿Por eso has venido realmente..., para pedirme consejo?
Calum asintió.
—No quiero casarme sin amor. Pero si rechazo ese matrimonio... el clan podría debilitarse, y los enemigos de los que habláis... se aprovecharán de ello.
El anciano permaneció pensativo antes de responder.
—¿Y si tu padre muriera... y tú también desaparecieras sin dejar heredero...?
Calum lo miró con inquietud.
—¿Qué queréis decir?
—Tu madre y tu hermana quedarían indefensas. El traidor aprovecharía el vacío de poder. Forzarían alianzas, matrimonios, traiciones..., y la oscuridad terminaría extendiéndose por las tierras del norte. No buscan solo destruir a los Fraser, buscan el poder que vuestra caída les otorgaría.
Calum sintió un escalofrío.
—Así que ese es su plan...
—Eso temo.
El guerrero bajó la mirada.
—Pero no deseo vivir atado a un matrimonio sin amor.
Fray Paul sonrió con tristeza.
—Calum..., no te engañes a ti mismo. No es que no quieras casarte sin amor, es que cerraste tu corazón por miedo a volver a sufrir.
Aquellas palabras lo golpearon más que cualquier espada. El fraile alzó la vista hacia el cielo cubierto de nubes.
—Rezaré por ti, hijo. Pediré a la Santísima Virgen María que ilumine tu camino y te conceda discernimiento para tomar la decisión correcta.
Después volvió a mirarlo con atención.
—Pero recuerda algo: no permitas que el odio termine de consumir tu alma.
Porque eso... también forma parte de la trampa.
Y recuerda también que eres libre de tomar la decisión que dicte tu corazón, porque la resolución que determines cambiará tu vida y la de la persona o personas que estén en ese camino escogido por ti.
Calum sostuvo su mirada sin responder. Por primera vez en muchos años, el peso que llevaba dentro pareció aliviarse, aunque solo fuera por un instante.