El Juramento de Ceniza CAPÍTULO 9
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CAPÍTULO 9

EL DESPERTAR DEL ABISMO

El aire en la cumbre del Monte del Vacío no era aire; era una densa sopa de energía estática, ozono y podredumbre antigua que arañaba los pulmones con cada inhalación.

El cráter del volcán extinto formaba una vasta explanada de roca negra y vitrificada, pulida por milenios de vientos huracanados y magia residual.

En el centro exacto de esta desolación, desafiando la furia de la tormenta violeta que giraba sobre sus cabezas, se erguía el Templo del Sello.

No había gracia arquitectónica en su diseño.

Era un inmenso monolito de basalto, una caja fuerte construida por los Reyes Magos originales no para adorar a los dioses, sino para mantener enterrado a uno.

Sus muros, desprovistos de ventanas o relieves, absorbían la luz de los relámpagos antinaturales, devolviendo solo una negrura absoluta.

Las gigantescas puertas dobles, forjadas en una aleación de hierro y hueso de criaturas extintas, estaban abiertas de par en par, vomitando hacia el cielo aquel pilar de luz negra y espesa que amenazaba con desgarrar el tejido mismo de la realidad.

Kaelia sintió el terror antes incluso de comprenderlo.

No era el miedo visceral a la muerte o al dolor que había experimentado en las mazmorras de Kaelen.

Era un terror primordial, cósmico, grabado en el código genético de cualquier ser humano.

La entidad que yacía bajo la falla tectónica estaba despertando, y su simple consciencia onírica era suficiente para hacer que la mente mortal deseara colapsar.

A su lado, Darius avanzaba con la mandíbula apretada.

El Comandante no poseía magia, pero su instinto de Sabueso, afilado por décadas de cazar lo sobrenatural, estaba al límite.

La espada larga que empuñaba parecía un juguete patético frente a la escala de la destrucción que se avecinaba, pero su agarre era férreo.

No iba a retroceder. No ahora que la mujer por la que había traicionado a su reino caminaba a su lado hacia el matadero.

—Manteneos cerca —ordenó Kaelia a los Marcados y soldados que habían logrado sobrevivir a la ascensión.

Su voz sonó extrañamente distante, ahogada por el bramido del pilar de luz—.

Si perdéis la concentración, la resonancia de esa cosa os destrozará la mente antes de que Alaric tenga que levantar un dedo.

Silas y Elian asintieron, pálidos y temblorosos, cerrando filas. Eran cincuenta almas exhaustas y heridas contra el