Capítulo 18. #3
Mi garganta se seca.
—¿Y Erika? ¿Qué le dijo? —me pregunta.
—Ahora que lo pienso... No le mencionó en ningún momento, y yo tampoco le pregunté.
—Mierda —suelta de golpe Akane.
—Lo sé, ahí hemos flaqueado. ¿Qué saben?
—Ella tampoco ha hablado de él. Su testimonio se mantiene en que tenía una relación estrecha con la víctima y que le duele mucho su pérdida.
—¿Perdona? —Mis ojos se abren de golpe.
—¿Qué ocurre?
—Akane, vamos a dejar los formalismos a un lado. Esto no tiene ningún tipo de sentido —me levanto de la silla y empiezo a caminar en círculos—. ¿Erika Suzuki ha testificado a la policía que tenía una estrecha relación con Takashi Yamanaka y que está dolida por su pérdida?
—Y entre varios episodios de lágrimas, si me dejas añadir.
—Es una puta mentirosa... Pero cómo... —Me tapo la boca con la mano para no soltar una grosería y miro hacia el cielo—. Entiendo.
—Dahlia, ¿qué ocurre?
—Están jugando al gato y al ratón. Esto va a complicarse más de lo previsto si no logramos verificar qué cojones hay detrás de estos testimonios de mierda.
Me recuesto de nuevo en la silla, dejando mi cuerpo caer.
—¿Crees que entonces son los culpables?
—No tengo ni puta idea de nada ahora mismo.
Estoy colapsada, perdida y... No logro entender qué cojones hay entre esos dos ni por qué están jugando como si no fuéramos a hablar entre nosotros sobre ellos.
¿De verdad crees que son tan estúpidos como para dar versiones diferentes a distintas personas pensando que no nos daremos cuenta?
—Hasta el mejor asesino en serie piensa que es más inteligente que cien mil personas yendo tras él, Hawthorne —matiza ella—. Al parecer, ambos tenían motivos. ¿Y qué ocurre cuando dos personas que duermen a un metro de distancia comparten un objetivo en común?
Respiro hondo.
—Nos estamos basando en conjeturas.
—Pero los testimonios ahí están. Un testimonio falso también puede usarse como prueba incriminatoria.
—¿Y crees que Erika va a dejarse incriminar por Masaru? Es evidente que no.
—No lo sé, lo tendremos que averiguar en el juicio.
—¡No puedo volver al juicio con las manos vacías, Akane! —Elevo mi voz sin quererlo, pero en ese momento el impulso es inmediato y mi disculpa también.
—Lo siento... No quería levantarte la voz. Perdóname, no he descansado bien y...
Akane se acerca y pone ambas manos sobre mis hombros.
—¿Y crees que yo sí? Llevo veinte años sufriendo cuando no logro descubrir algo a la primera. No puedes dejar que esto te adelante por la derecha, la última palabra la tienes tú.
—Mi palabra no vale una mierda si no puedo demostrar la verdad.
—Querida, créeme que, por mucha oscuridad que veas ahora mismo, estás mucho más cerca de lo que estabas hace un mes. Imagínate dónde estarás de aquí a otro.
No quiero saberlo.
La miro y mi expresión se suaviza. Tener a una mujer tan profesional como ella depositando esa confianza y dedicándome esas palabras tan intensas es un gran chute de energía, pero, aun así... Continúo preocupada por nuestra conversación.
—¿Y todo lo demás sigue igual? —pregunto. —¿Hay noticias sobre quién dibujó los símbolos?
Me mira cabizbaja.
—Sus huellas también están en el pincel que, al parecer, se utilizó.
—No me lo puedo...
Akane asiente con la mirada fija en un punto indeterminado de la escena del crimen.
—Si tú crees en su inocencia, que así sea.
A veces, aunque todo apunte hacia una persona, eso no significa que represente la verdad absoluta de lo que pasó aquella noche —responde con calma, aunque un brillo de preocupación se refleja en sus ojos—.
Nuestro deber es atrapar y esposar al verdadero asesino, y con tu colaboración podremos conseguirlo.
Nadie, por sí solo, decidirá el destino de Yuko, Dahlia; somos muchos trabajando en esto.
El final solo depende de quien pueda demostrar con claridad lo que realmente ocurrió en este templo aquel día.
Tómate el tiempo que necesites. ¿Crees que no te vi en aquel primer juicio?
Todos lo hicimos. Algunos estaban de tu parte y otros no, como todo en la vida.
Lo importante es que se haga justicia y que el criminal pague por arrebatar una vida sin permiso.
Inspiro hondo y observo la sala ceremonial, dejando involuntariamente que la verdad borrosa de aquel crimen se apodere de mi corazón y, por arte de magia, tenga una visión de qué pasó aquella noche.
—Dahlia, es hora de comer. Será mejor que salgamos de aquí. Hay algo en el aire... —Suspira—. Vamos a acompañar a todo el equipo y más tarde retomaremos la investigación, si te parece bien.
Salimos de la sala y nos vamos a la de al lado, aunque cada paso me hace pensar que por estos mismos pasillos ha caminado el verdadero culpable, dejando atrás el cuerpo inerte de la víctima.
La frialdad de Erika Suzuki y la mente retorcida de Masaru Tanaka siguen adheridas a mis pensamientos.
Ambos han pasado la noche en el templo y han mentido en su testimonio.
Podrían ser culpables, podrían ser cómplices...
Podrían ser demasiadas cosas a la vez. Las huellas de Yuko están en el arma del crimen, en el pincel que se usó para dibujar los símbolos alrededor del cuerpo...
Y la fiscalía ha mentido sobre la situación física de la acusada.
En definitiva, solo hay una pregunta final que responder, y debo hacerlo sabiendo que hay alguien más moviendo los hilos desde las sombras.
Sea quien sea, no me convertiré en la marioneta del verdadero culpable, eso lo tengo más que claro.
Así que debo luchar, si quiero llegar ilesa hasta el final.
◆◆◆
Caminamos junto al resto del equipo hacia un comedor auxiliar montado a toda prisa en el jardín.
Está lleno de miembros de la Policía Metropolitana de Kioto, y el olor a arroz blanco con curry impregna el aire.
El estómago se me empieza a abrir y avanzo junto a Akane hacia una mesa cuadrada donde nos sentamos junto a sus compañeros.
—Tranquila, Dahlia —susurra—. Intenta evadir la mente un rato; comeremos y después seguiremos trabajando. Estoy contigo.
La presencia de esa mujer apacigua la ausencia de Fukuda y Oshida, y me siento un poco más protegida. Si no hubiera sido por ella, la mañana habría sido trescientas veces más dura y me habría sentido mucho más perdida.
Después de comer, volvimos al trabajo. Me uní al equipo y presté apoyo en distintos departamentos mientras revisaban por enésima vez cada rincón del Templo Katsura.
Los he visto fotografiar de nuevo todos los espacios, inspeccionar cada puerta y ventana del ala de invitados, buscar huellas por todas partes...
Cualquier detalle podía encajar en un puzle que se resistía a mostrar su imagen completa, así que no podíamos permitirnos dejar una sola esquina sin investigar.
Tras una larga tarde, el sol comenzó a descender y las sombras se extendieron sobre el tatami y el pabellón.
El anochecer llegó silenciosamente, trayendo consigo la sensación de que habíamos trabajado sin pausa durante todo el día.
La luz de la luna bañaba cada rincón del templo, y me quedé contemplando su belleza. Era hora de marcharse a casa.
Me acerco a Akane y a los demás policías, agradeciendo su paciencia y profesionalidad.
—Gracias por todo —digo con sinceridad, mientras veo cómo cierran las carpetas y guardan los equipos.
—Buen trabajo, Dahlia —me responde con una pequeña sonrisa—. ¿Vas a estar por aquí mañana?
—Me marcho ahora a Tokio. Tomaré el último tren y mañana trabajaré desde la comisaría de allí, pero seguimos en contacto.
Ha sido un placer conocerte y colaborar con tu equipo, me voy a casa con buena sensación, a pesar de que creas lo contrario.
Siento si en algún momento te dio la impresión de que había perdido los nervios, pero...
Es difícil para mí estar al frente de algo tan grande.
—Tu labor es grande y necesaria. Es magnífico ver a alguien tan joven como tú enfrentarse a esto sola.
Y cuando digo sola, ya sabes a lo que me refiero.
Agradezco que nos hayas elegido para traer tu talento a nuestro país y que tengamos el honor de trabajar junto a alguien como tú.
Eres un diamante en bruto, Dahlia Hawthorne.
Seguro que te lo dice mucha gente, y la que más debería repetírtelo, que eres tú misma, ni una sola vez lo hace.
—¿Cuándo me has psicoanalizado tan rápido? —río.
—Te sorprendería lo que soy capaz de hacer detrás de esta bata blanca y este moño despeinado después de una larga jornada.
Recojo mis cosas y me despido de todos. Camino hacia la salida del templo, dejando atrás la oscuridad de sus pasillos y el vacío del misterio que seguía prendido en cada vela apagada.
Cada sombra, cada símbolo y cada mirada que dejo atrás me acompañará hasta casa, recordándome que, aunque ha pasado tiempo desde aquella primera toma de contacto, esto apenas está comenzando...
Aunque algunas personas lo estén complicando más de lo necesario.
◆◆◆
Bajo las escaleras del templo dando pasos cortos, cuidándome para no tropezar con los tacones en los escalones de madera. Abajo, el taxi me espera, listo para llevarme a la estación y tomar el último tren de vuelta a Tokio.
Pero de repente, algo me detiene.
Una pequeña parte del jardín que no había visto antes aparece como un oasis ajeno a todo el caos del templo.
Los pétalos de las flores brillan bajo la luna, y el riachuelo que se enrosca entre piedras cubiertas de musgo la refleja.
Me quedo allí un momento, embobada, disfrutando de la calma que no se parece en nada a lo que ha pasado esta tarde.
Camino hacia un rincón casi escondido, detrás de un seto de bambú y un pequeño muro de piedra cubierto de hiedra. Avanzo con cuidado sobre la tierra húmeda y escucho cómo mis tacones crujen entre las hojas secas.