El Juicio en Llamas (El Renacer de las Cenizas nº 1) Capítulo 13. #2
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Capítulo 13. #2

—De momento, solo es un sube y baja. Voy por la mañana y vuelvo al anochecer. Como es el primer día, tendrán que darnos más directrices. De momento, mañana será breve, pero estoy segura de que no se sentirá así.

—¡Genial! Entonces llámame en cuanto cojas el tren de vuelta mañana, y me cuentas, ¿prometido?

—Prometido —sonrío, aunque sea una sonrisa triste—. Buenas noches, Nina.

—Buenas noches, pequeña flor. Y hazme caso: duerme.

Cuelgo, quedándome un momento con el móvil apoyado contra la frente. La cocina está sumida en la penumbra, y fuera la ciudad brilla como siempre, indiferente a todo lo que me remueve por dentro.

Mañana volveré a Kioto.

Sola.

Con muchas preguntas a la espalda.

Y la certeza de que al volver… Nada volverá a ser igual.

◆◆◆

Voy a la habitación y coloco el móvil en la mesita, dejando que el silencio llene el apartamento.

No tengo fuerzas para dejar nada listo, ni siquiera para decidir qué llevar; total, será un sube y baja.

Ir, investigar y volver. Sin romanticismos, sin dramatismos, sin darle más espacio del necesario a todo lo que me espera allí…

Y a lo que no quiero admitir que temo encontrar.

Enciendo la luz del baño y el vapor cálido del agua caliente empieza a empañar el espejo mientras me desvisto despacio, como si mi cuerpo también necesitara que lo trataran con delicadeza por fuera.

Al meterme bajo el agua caliente, la tensión acumulada durante el día al fin desaparece y suelto un leve gemido.

El agua me recorre la nuca y solo puedo pensar en una cosa.

Mi mente no se calla. No puedo. Imposible.

Después de un buen rato, salgo de la ducha y me cubro con una toalla. Abro el armario y me pongo una camiseta ancha, un pantalón corto de algodón y camino hasta los ventanales del salón.

La ciudad sigue como siempre: viva, llena de luces y coches moviéndose de un lado a otro. Ella nunca afloja, aunque tú estés hecha un lío por dentro.

Me imagino a Fukuda en su habitación del hospital, seguramente desesperado, aburridísimo y poniendo cara de mala leche porque odia estar quieto.

Me meto en la cama sin preparar absolutamente nada para el viaje.

Paso. No voy a llevar más que lo puesto, los informes, mi cuaderno, y punto.

Y por raro que suene, esa decisión me hace darme cuenta de que la Dahlia de esta mañana no hubiera concebido irse a dormir sin darle treinta mil millones de vueltas a cómo, qué y cuándo.

Pero a la de ahora le importaba más su salud mental y la tranquilidad de saber que tenía el control en las manos.

No logro entender qué es lo que ha cambiado desde esta mañana a ahora, pero supongo que poco a poco voy volviendo a mi yo de siempre.

Aunque a veces lo olvido, soy la abogada de este caso.

«Eres Dahlia Hawthorne, te acuerdas, ¿verdad?».

Apago la luz, me giro hacia un lado e inhalo despacio, dejando que el olor de la vela que he encendido me relaje.

Y entonces, justo cuando el sueño empieza a tirar de mí como una corriente, mi subconsciente me habla.

Mañana vuelves al lugar donde todo empezó.

Sé que estás obviando el hecho de que puede ser muy probable que vuelvas a ver al fiscal, aunque Fukuda te haya dicho que lo más seguro es que no esté en Kioto.

Algo dentro de ti quiere ignorar y reprimir las ganas de volver a tenerlo enfrente, pero, seamos sinceros, sabes que, si eso vuelve a pasar, costará mucho mirar hacia otro lado.

Has hecho un gran trabajo desde que lo viste subirse a su coche y se fue, dejándote sola y descalza enfrente de tu propia casa.

Sé que has querido darle una vuelta a tus sentimientos y esta terapia de choque que has utilizado para aferrarte a todo lo malo ha podido causar efecto, pero quiero que recuerdes que un castillo de arena que se construye durante horas frente al mar puede llevárselo una ola en segundos.

En cuestiones del corazón, no hablamos de tiempos, ni de distancias.

Ignorando lo que sientes, solo acabarás haciéndote daño.

Hiciste bien en contarle a una amiga cómo te sentías, y también valoro el esfuerzo que estás haciendo para pensar en todo menos en él, aunque sea inevitable que aparezca en tu cabeza una y otra vez.

No puedes ignorar que eres una persona que padece ansiedad, Dahlia, y no es malo.

Aceptarlo y tratarla es de valientes, y tú eres una persona muy valiente.

Si consideras que tienes que volver a medicarte, hazlo.

Puedes con todo, pero no con todo a la vez.

Tienes todas las justificaciones del mundo para sentirte mal, triste y sola.

Tienes todo tu permiso para llorar y sentirte vulnerable: no eres de hierro.

Serás fuerte en la corte, pero no dejas de ser una mujer de veintiséis años que tiene una de las profesiones más complicadas del mundo.

Un asesinato no es tarea fácil, ni física, ni mental.

Un juicio no es tarea fácil, ni física, ni mental.

Y que alguien te haya despertado algo que llevabas dormido durante mucho tiempo, tampoco.

Cuanto más ignores que mueres por encontrártelo mañana, más te dolerá la decepción al volver a casa si realmente no ocurre.

Sé que eres fuerte y estás, poco a poco, volviendo a ganar confianza en ti, pero si necesitas ayuda, solo tienes que buscarla.

Un hombre siempre te decepcionará, pero tú no puedes decepcionar a tu cliente, si realmente es inocente. La justicia siempre te acompañará si crees en ella. Puedes con todo esto y más.

Eres Dahlia Hawthorne.