Capítulo 5. #3
Joseph siempre decía que, en este mundo, es mejor no confiar en nadie, ni siquiera en tu propia sombra. Pero, dado que resultó ser un mentiroso de mierda, manipulador e hipócrita, haré lo que me dé la gana y confiaré en quien quiera, cuando quiera y donde quiera.
Aun si me equivoco y salgo herida.
—Dahlia, ¿no te parece sospechoso? —pregunta Takumi, inclinándose hacia delante—. El encuentro en el templo podría ser una simple coincidencia porque, al fin y al cabo, todos estabais trabajando... Pero que haya decidido hospedarse en vuestro hotel me huele demasiado raro.
Levanto una ceja, sin comprender a qué se refiere.
—No te entiendo, Takumi.
—Creo que —Mina se acerca a mí— a lo que Hiroshi se refiere es a que el señor Kudo no tenía necesidad de alojarse en el hotel.
Es cierto que los miembros de la policía que trabajan en casos de la ciudad pueden hospedarse allí con todos los gastos cubiertos, pero él no tenía tal necesidad.
Si bien podría hacerlo sin problemas... vive allí.
¿Por qué se hospedaría en un hotel teniendo su propia casa?
—Mina, ¿se lo cuentas tú o se lo cuento yo? —suelta Takumi.
Lo miro de reojo.
—No estás insinuando esas cosas.
—Yo no he dicho nada.
—Lo has pensado.
—Repito, no he dicho nada.
—¿Estás queriendo decir que quería estar cerca de mí por alguna razón?
—Bueno, no creo que quisiera estar cerca de Hattori. No te lo tomes a mal; le tengo mucho aprecio y daría mi vida por él, pero a Kudo... le importa más bien poco.
—Jefe, con el debido respeto y, en lo que a mí respecta, creo que deberías dejar de beber.
Takumi empieza a reír a carcajadas. Parece que mi comentario le ha pillado por sorpresa y le ha hecho bastante gracia; me alegro de que sonría después de todo lo que ha contado.
—Dahlia, cariño... —Mina me toma de la mano—.
Los únicos miembros de la policía de Tokio que os hospedasteis en el hotel ayer fuisteis el detective Fukuda y tú.
Si Hiroshi está en lo cierto, es probable que quisiera estar cerca de ti para observarte.
No es descabellado pensar que ese fuese su objetivo.
—No lo has podido explicar mejor —Takumi da un último sorbo a su copa y se sienta.
—A ver... ¿Observarme para qué?
—Querida, tus deducciones hoy no están del todo acertadas. Creo que verle tantas veces en tan poco tiempo te ha afectado más de lo que parece.
No acaba de decir eso.
—Perdóneme usted —respondo, sarcástica.
—Keith Kudo cree, o al menos lo creía, que yo soy el abogado de Yuko.
Has dicho que os cruzasteis en el templo, te presentaste y no te creyó.
Ahí está nuestro punto de partida. Estoy seguro de que quiso estar cerca de ti para observar tus movimientos y asegurarse de que no fueras un obstáculo.
Como te dije, no se le escapa nada; hará lo que sea por condenar a la señorita Nakamura.
Tu defensa lo ha tomado por sorpresa, le has roto todos los esquemas y no sabes lo feliz que me hace.
—Brillante deducción —aplaude Mina.
—¿Por qué le apoyas? —pregunto, poniendo los ojos en blanco.
—Porque es la verdad. Y yo, en tu lugar, iría con seis ojos. A estas alturas, ese hombre debe de haber revisado hasta tu partida de nacimiento y tu signo zodiacal.
—¿Por qué le importaría saber que soy Acuario?
—Cuanta más información consiga sobre ti, mejor para él. Pero cuando se dé cuenta de que eres la mejor abogada de todo Washington... quizá se le desabrochen algunos botones de la camisa.
«¿Más todavía?».
Reímos al unísono. Esto no tenía ningún sentido.
—Lo que más me confirma esta teoría es que el juicio es mañana.
Llegaste esta misma mañana para el interrogatorio y para gestionar el resto de la defensa de Yuko.
Él no tenía necesidad alguna de venir aquí hoy, Dahlia.
Mientras tú estabas en el avión, Kudo ya tenía el culo pegado en el templo, apropiándose del testimonio de esa pobre niña durante horas.
No tenía por qué volver a interrogarla. Si ha intervenido esta mañana, solo hay una razón.
—Takumi, ese hombre no me tiene miedo —respondo, cortante.
—No hablo de miedo, hablo de inquietud. Lo nuevo siempre genera curiosidad, y él tendrá que asegurarse de que no metas las narices en su trabajo.
Un solo paso en falso podría complicarle la victoria.
Ahora mismo, eres la única persona capaz de arruinar la perfecta carrera de ese fiscal, pero, para saberlo, tendremos que esperar a mañana.
Los miro a ambos... El suelo parece temblar bajo mis pies. ¿Es realmente posible todo lo que acabo de escuchar?
Si así es, ese fiscal no solo está rompiendo mis reglas, sino que me tiene justo donde quiere.
—Mañana tiene que ocurrir un milagro para que ese gilipollas no consiga un veredicto de culpabilidad en el primer juicio. He hablado con Yuko diez minutos contados —añado.
—Yo tengo una buena corazonada —dice Mina, con una sonrisa asomando en sus labios—. Deberíamos descansar y prepararnos para el juicio. Confiamos en ti, Dahlia; todo saldrá bien.
—Esto es demasiado para mí, Dios... —murmuro mientras me levanto del sofá y camino hacia la ventana.
Puedo notar los ojos de ambos en mi espalda. Siguen sintiéndose responsables por todo lo sucedido y, muy probablemente, están más preocupados de lo que quieren hacerme creer por lo que pueda pasar mañana.
Involucrarme en un homicidio por culpa del miedo irracional que Takumi le tiene a Kudo no es algo que pensaba que experimentaría en mis primeros días en la ciudad, pero no puedo culparlos.
Son buenas personas, con corazones compasivos, que han visto en mi llegada una oportunidad para recuperar la esperanza.
Sé que Takumi habría defendido a Yuko con su vida y que creería en su inocencia tanto como yo, por eso debo ser una buena alumna para no defraudarlo.
—Dahlia, si no te importa, Mina y yo nos ausentaremos por hoy —dice.
Parece cansado—. Puedes quedarte en la oficina.
Mina iba de camino a la comisaría para entregarte varios informes actualizados con información importante que nos ha facilitado la policía.
Prepárate para mañana. Yo estoy emocionalmente agotado y necesito despejarme y concienciarme de todo lo que pueda ocurrir.
—No te preocupes —respondo, tajante—. Pasaré por mi apartamento un momento para cambiarme y volveré a estudiar un poco.
—Sí, deberías limpiarte esas lágrimas que has derramado por alguien que no te merece.
Callo, acompañando sus palabras con un largo y deprimido suspiro.
—Aún es temprano. En casa me agobiaré con las cosas que me faltan por desempacar.
No he tenido tiempo de hacer nada y prefiero quedarme aquí. La oficina me ayudará a concentrarme. Vosotros volved a casa y descansad; nos vemos mañana en los juzgados.
—Los juzgados... —susurra Takumi para sí mismo—. Hace tanto tiempo que no los piso por algo así.
—Todo irá bien, confía en mí.
—Lo hago ciegamente. Hasta mañana, Dahlia.
—Hasta mañana, señorita Hawthorne —se despide Mina—. Cualquier cosa, tienes nuestros números anotados en la libreta azul de tu oficina.
—¿Mi oficina? —pregunto, sorprendida.
—¿Pensabas que no te merecías una para ti sola? —Takumi sonríe.
—Sois de lo que no hay. Anda, marchaos ya —digo, con una pequeña sonrisa, empujándolos hacia la puerta.
Takumi y Mina salen juntos de la oficina y ella, como siempre, lo ayuda a caminar, ya que su enfermedad le está arrebatando la poca fuerza física que le queda. Yo también lo cuidaré.
Los despido en el vestíbulo y vuelvo a casa.
◆◆◆
Camino quince minutos, agradeciendo el aire fresco y el bullicio de la gente.
Me he animado a no llamar a un taxi y descubrir cómo es el paisaje de la oficina hasta casa.
A pesar de las terribles ganas que tengo de explorar las calles de Tokio —especialmente las nocturnas—, me recuerdo que no estoy aquí de viaje, sino trabajando.
Y esa, me prometo, será mi recompensa cuando todo haya terminado.
19 de junio, Apartamento de Dahlia
Subo a casa y me doy una ducha rápida. Me cambio y me pongo cómoda porque, como voy a estar sola y seguramente no vamos a tener clientes en lo que queda de día, opto por algo más informal: un vestido corto y ceñido de color marrón, por encima de las rodillas.
El escote es precioso porque es palabra de honor y, como estaré en la oficina y no hará demasiado calor, puedo aprovechar para ponerme unas botas altas negras que metí en la maleta para una ocasión especial.
Son nuevas y no las he estrenado, así que quizá pueda comprobar si son o no cómodas; es una buena opción.
Me hago unas ondas surferas rápidas con la Dyson y me maquillo ligeramente con un poco de colorete, dibujando pequitas con el mismo lápiz con el que me perfilo los labios.
Al menos, hoy ya no iba a llorar más.
Hace calor, pero me siento bien. Mamá siempre me dice que soy la mujer más bonita del mundo y que no necesito más de cinco minutos para arreglarme. Qué ingenua es, la verdad. Todavía no se ha dado cuenta de que cualquier pizca de belleza que tenga se la debo a ella.
Regreso a la oficina fresca y con otra actitud.
Juro no volver a llorar por un hombre, especialmente por uno como él.
19 de junio, Bufete de abogados Mei & Co.
«Llevo aquí horas y horas...».
No he comido nada y no puedo dejar de pensar en él, por mucho que me duela y me haga sentir vulnerable.
Si las palabras de Mina y Takumi son ciertas y ese desgraciado quiere observarme de cerca para tenerme controlada, lo lleva bastante claro.
Ahora mismo, mi cliente es lo más importante para mí, y pienso hacer justicia.
No dejaré que nada ni nadie se interponga.
Estudié durante tantos años porque quería salvar a la gente inocente de las tantas injusticias que ocurren a diario en todas partes.
Así que, si Yuko es realmente inocente y no mató a su mentor, lucharé por su inocencia y no dejaré que ese hombre lo arruine todo solo por su ego.
Mi única meta es descubrir la verdad. Las mentiras están manchadas de sangre y no tienen cabida en un lugar tan sagrado como un juzgado.