Capítulo 4. #4
Un taxi me deja en casa y me doy una merecidísima ducha. Reviso el móvil y veo que Mina me ha enviado un mensaje informándome de que puedo descansar durante la mañana, ya que no podré visitar a Yuko hasta la hora de comer porque tiene la agenda completamente ocupada.
«Dios mío, no me lo puedo creer, voy a poder dormir».
Me sonrojo y acabo de responder algunos textos. De mamá, de la tía Sienna, de... ¿Cómo?
Me ha escrito. Nunca me escribe primero; siempre soy yo quien da el paso. Nuestras citas las organizábamos cara a cara, en el despacho, mientras trabajábamos. Después, muy de vez en cuando, me llevaba a su casa en coche y me traía de vuelta a la mañana siguiente, si no le quedaba más remedio.
Jamás me había escrito a mi número personal. Ni siquiera sabía si lo tenía.
¿Por qué hacerlo ahora?
Lo único que ha hecho ha sido recomendarme, pero todo el esfuerzo ha sido mío. Y si Takumi no hubiera seguido de cerca mi carrera durante los últimos dos años, dudo mucho que hubiera terminado trabajando en Mei el mismo rojo intenso de los templos de Kioto.
Sus ropas deben de resultar sofocantes ahora, con el calor más intenso del verano llamando a la puerta... Pero parece acostumbrada. Es una prueba inequívoca de su devoción al templo y a sus tradiciones.
Su pelo negro está recogido en un moño bajo, y su flequillo recuerda al de Mina, aunque el suyo es más ligero, con los mechones más abiertos.