El Juicio en Llamas (El Renacer de las Cenizas nº 1) Capítulo 3. #3
8%

Capítulo 3. #3

La recepción es enorme, y un par de agentes teclean en los ordenadores, abriendo y cerrando archivadores, mientras varios teléfonos suenan a unísono.

No estoy para rodeos. He venido exactamente a lo que he venido: hablar con Yuko. Avanzo con paso firme para que me indiquen dónde está, pero mientras camino, una voz a mi espalda me detiene.

—¿Dahlia Hawthorne?

Debe de ser el detective Hattori Fukuda.

—Buenos días —respondo, intentando sonar segura—. Vengo a ver a Yuko, soy su abogada.

Un hombre alto se acerca hacia mí. Sus rasgos son claramente japoneses: pómulos rectos, ojos oscuros y cabello negro, corto y bien cuidado.

Lleva un traje marrón que le da un aspecto formal y profesional, aunque en su frente se marca una arruga de cansancio que lo hace parecer algo mayor de lo que quizás es.

—Es un placer —me saluda con una reverencia—. Soy Hattori Fukuda, detective. Espero no haberla asustado. El señor Takumi me llamó esta mañana para decirme que una abogada con sus características iba a llevar la defensa de la acusada. Encantado.

Así que le avisó de que yo iba a ser la abogada del caso antes de conocerme… Cuando me cruce con ese viejo, le voy a decir cuatro cosas. Y le esconderé el bastón para que no pueda encontrarlo.

—Así es. Encantada de conocerle, detective Fukuda —le devuelvo la reverencia—. Soy la nueva abogada del bufete de abogados Mei a partir de ahora somos mejores amigos —sonrío.

El aire caliente de la calle me da en la cara al salir por el gran portal de la comisaría.

La cruda realidad. He entrado con la esperanza de ver a Yuko y de tener cinco minutos con ella, pero me voy con las manos vacías.

La frustración me muerde por dentro, pero me obligo a mantener la compostura.

No puedo permitirme el lujo de flaquear tan pronto.

Respiro hondo. No es el final, solo un retraso. Fukuda tiene razón: la escena del crimen es una pieza fundamental. Necesito entender lo que ha ocurrido en ese templo, explorar cada rincón y encontrar algo que a la fiscalía se le haya pasado por alto.

Aprieto la correa del bolso contra mi hombro y miro al cielo, grisáceo, a pesar del calor. Hay algo en mi pecho que se debate entre el bien y el mal, como si estuviera a punto de cruzar una línea de la que ya no habría marcha atrás.

Voy a enfrentarme a la verdad desnuda de un crimen que huele demasiado a injusticia. Mi corazón me lo dice.

Y, aunque me tiemblan un poco las manos, también sé que estoy más viva que nunca.

—He hablado con un par de agentes, nos llevarán hasta la estación —dice.

Fukuda sale detrás de mí y, tras mirar a ambos lados de la calle, saca su móvil.

Asiento en silencio, tratando de ordenar mi cabeza.

—Pero, antes de eso, pasaremos por tu apartamento. Vas a necesitar una maleta, señorita Hawthorne. Hoy dormiremos en Kioto, la investigación terminará tarde y no habrá trenes de vuelta hasta mañana.

—Tiene sentido —admito, cruzándome de brazos—. Supongo que es mejor estar preparada que quedarme colgada en mitad de la noche.

—Exactamente. Y no te preocupes por nada, todo está cubierto. Yo mismo avisaré a Takumi de que estás conmigo, así sabrá que no regresaremos hasta mañana.

Sus palabras me alivian. Llevaba tensa desde hacía un buen rato.

—Gracias, Fukuda. No te imaginas cuánto te lo agradezco… Estoy un poco desubicada ahora mismo.

—Es normal —responde amablemente—. Primer día en un caso así, cualquiera estaría igual. Déjame guiarte, y juntos, lo sacaremos adelante.

Siento, por primera vez en todo el día, un ápice de calma en medio de todo este caos.

19 de junio, Apartamento de Dahlia

De vuelta al apartamento, empaqueto rápidamente una pequeña maleta con ruedas para pasar la noche, asegurándome de que en mi bolso llevo toda la información documental necesaria, junto con una libreta y un bolígrafo azul.