Capítulo 2. #5
—Es el primer caso de homicidio que entra al bufete desde el año pasado. Yo también me he sorprendido.
¿Sorprendido? La palabra se queda bastante corta, si me dejan opinar.
—Escúchame, jefe…
Takumi ríe, sorprendido de que le llame así. Pero ahora mismo no estamos para etiquetas. Esto es… delicado, por decirlo suave.
—No, por favor —continúo rápido—. Sé que puede parecer que estoy bromeando, pero si esperáis que lleve este caso, voy a tener que rechazarlo. Nunca he llevado un homicidio, ni he defendido uno en un juzgado. Es un nivel de responsabilidad demasiado alto para mí.
—Sé que no eres una abogada experimentada en homicidios, pero también sé que llevas formándote en ello desde la universidad.
—¿¡Se puede saber cómo sabes eso!? —exclamo.
Cruza los brazos, sonriente.
—Está bien, sí… No recordaba que tenía una cámara grabándome veinticuatro horas mientras trabajaba, discúlpame —añado, sarcástica.
Mina vuelve a revisar los papeles y arquea una ceja: algo no encaja.
—Vaya… no es aquí, en Tokio —susurra.
—¿Cómo?
Takumi se abalanza sobre los documentos y empieza a leer la ficha principal del caso.
—Parece ser que ha ocurrido en Kioto, pero… ¿por qué a nosotros? —Mina mira a Takumi, esperando una respuesta. No llega. Él se aparta y camina hacia el ventanal de la sala.
—¿Hola? ¿Alguien me escucha? —muevo un poco los brazos y me acerco a la mesa—. ¿Me vais a explicar qué está pasando?
—Creo que debe de ser un error, señorita —contesta Mina, dirigiéndose hacia mí—.
Nos ha llegado un caso que, en teoría, debería pertenecer a los bufetes de la región de Kioto.
Rara vez nos hacemos cargo de juicios fuera del área metropolitana de Tokio, a no ser que sea por una causa grave justificada o petición especial del juez.
—O de la fiscalía.
El silencio llena la habitación.
La miro y, por un instante, un suspiro de alivio se me escapa. Si el caso ha llegado aquí por error, significa que no tendría que defenderlo.
—¿Entonces es un erro…?
—No es un error.
Takumi responde, seco. Mina y yo nos miramos, inseguras, sin entender a qué se refiere.
—Pero, Hiroshi, la ficha… —insiste Mina.
—Petición hecha expresamente por la fiscalía, en colaboración con la Policía Metropolitana de Kioto.
—¿Disculpa? —Mina abre los ojos, claramente alterada.
—Así que quieres jugar al gato y al ratón… —susurra Takumi, que se aparta y camina de nuevo hacia la barra para servirse otra copa.
—Entonces, ¿qué hacemos? ¿Debemos aceptarlo? —pregunto.
—Lamentablemente, no hay petición que venga de arriba que podamos ignorar, señorita Hawthorne —Mina me mira y hace un leve gesto de disculpa—. Es una injusticia que todo esto esté ocurriendo precisamente hoy.
Por un momento, el miedo me invade y el frío de la sala me cala los huesos. Algo no va bien.
—¿Ha llegado una petición especial a este bufete para que nosotros mismos nos hagamos cargo de la defensa del caso?
Takumi toma un sorbo y me mira.
—Así es.
Deja la botella y camina hacia mí con la copa en la mano, ofreciéndome otra que, en cualquier otro contexto, habría rechazado.
Pero no en este.
—Vermouth. Me recuerdas a ella; espero que te guste. Sé que tienes miedo, pero estoy seguro de que nada de esto es casualidad.
Tomo la copa y doy un trago largo. Me quema la garganta, pero sostengo su mirada mientras dejo que la información encaje, como piezas que giran sin orden dentro de mi cabeza.
En pocas palabras, me están obligando a encargarme de un crimen, probablemente a sangre fría. Un homicidio… la pérdida de una vida, un asesino suelto, quizá incluso varios. Y yo jamás he hecho algo así. Solo lo he visto desde fuera, sentada, en silencio. A distancia.
Y sí, tiene razón. Llevo mucho tiempo formándome para ello. Durante años he devorado libros, cursos y podcasts sobre asesinatos y crímenes… pero vivirlo es otra historia.
No solo vivirlo.
Vivirlo fuera de mi país.
Si fallo, me hundiré. Decepcionaré a mi madre, a mi tía, a Joseph… y a mí misma.
Me obligo a respirar.
El miedo me eriza la piel y el calor empieza a subir por mi nuca, pero lo entierro.
Si mi nuevo jefe me está pidiendo esto, es porque confía en mí lo suficiente como para asumir toda la responsabilidad.
Aquí soy apenas una principiante, no una abogada experta.
Aunque la ley sea la misma, no todos los países funcionan igual.
Las penas y los castigos cambian, los juicios se desarrollan de otra forma…
y como jamás he llevado uno en Seattle, no puedo ni siquiera apoyarme en esa ventaja.
Quizás es el momento decisivo de mi carrera. Tal vez el destino ha querido que, después de tanto esfuerzo, tantas horas de estudio y tanta preparación, mi primera guerra sea aquí.
No puedo dejar que el miedo me paralice. Mi presente y mi futuro están en juego, y no soy una mujer que se rinde; no después de haberlo dejado todo. No después de estar aquí, pisando este suelo.
Siento el dolor de mi madre, la esperanza de mi tía y el desamor de Joseph. Mi pasado no me define y mi presente está en mis manos.
—Está bien, lo haré.
Y me miran como si fuera la única capaz de salvarles de lo que está por venir.