Capítulo 1 #2
— No estoy seguro —respondió Martínez, sin mirarla, su voz grave y contenida—. Pero este tipo sabe lo que hace. Ha elegido su escenario, ha controlado cada detalle. No deja nada al azar.
Se subieron al vehículo. Por un momento, todo parecía detenerse. Martínez encendió el motor, y el rugido sordo del coche rompió el silencio.
Las luces delanteras iluminaron el camino, revelando la puerta de salida que se abrió lentamente con un chirrido metálico.
Mientras salían de la propiedad, ambos miraron por última vez la mansión, ahora sumida en un silencio sepulcral.
La carretera estaba desierta. Madrid, a esas horas, era una ciudad fantasma.
Solo los semáforos parpadeando en ámbar y algún taxi lejano daban señales de vida.
El inspector conducía en silencio, con las manos firmes en el volante, mientras sus pensamientos giraban en un torbellino de hipótesis.
Sánchez, a su lado, revisaba los apuntes que había tomado en la escena.
— Tenemos que ir más a fondo con Carlos García —dijo finalmente Martínez, con un tono que no admitía réplica—. Este juego apenas comienza, y si no entendemos las reglas, perderemos.
Al llegar a la comisaría, el inspector no se permitió un segundo de descanso. Empujó la puerta de su despacho y encendió la luz.
Una montaña de expedientes aguardaba como un recordatorio implacable del peso de su cargo. Se dejó caer en la silla, pero enseguida se inclinó hacia delante, tomando un informe.
— Saca todo lo que tengamos sobre García. Movimientos financieros, registros de viajes, llamadas. Quiero un mapa completo de su vida —ordenó.
Sánchez asintió con rapidez y comenzó a trabajar en su ordenador. El tecleo constante llenó el despacho, mientras el reloj marcaba el avance implacable de la madrugada.
Martínez se puso en pie de nuevo, incapaz de quedarse quieto. Atravesó el pasillo hasta la sala de reuniones y levantó el teléfono para llamar a su equipo.
— Atención a todos los agentes disponibles —dijo, con la voz firme que solo un veterano podía usar—. Reunión en la sala de operaciones en cinco minutos. Tenemos una situación crítica.
Colgó y respiró hondo. La adrenalina corría por sus venas, mezclada con la sensación de ser observado, de estar jugando el juego de otro.
En menos de lo previsto, la sala de operaciones bullía de actividad. Los agentes, algunos con el cansancio marcado en sus ojeras, escuchaban atentos mientras Martínez se situaba al frente, erguida y con la determinación de quien sabe que el tiempo corre en su contra.
— Tenemos un asesino suelto que nos ha retado —comenzó, y su voz resonó entre las paredes—.
Ha asesinado a Alberto Ruiz, director de una empresa informática, en la casa de Carlos García, un traficante de armas con contactos peligrosos.
Ha dejado una nota. Dice que esto es un juego. Y no podemos permitirnos perderlo.
Los agentes se miraron entre sí, conscientes de la gravedad del asunto.
— Quiero que reviséis registros de llamadas, movimientos bancarios, cámaras de seguridad. Cada dato cuenta. Este hombre nos está provocando y tenemos que responder con la mayor agilidad posible.
La sala se llenó de murmullos y del sonido de agentes usando sus teléfonos, como si una ola de inquietud recorriera a todos los presentes. Las miradas se cruzaban con expectación, y alguno tomó notas apresuradas mientras otros se levantaban de sus asientos para ver mejor.
Sánchez se acercó con un hallazgo preliminar, llevando en sus manos un pequeño documento que parecía contener la respuesta a tantas preguntas no formuladas.
Su expresión era seria, y la tensión en el ambiente crecía a medida que todos aguardaban a que hablara, conscientes de que lo que iba a revelar podría cambiar el rumbo de la reunión por completo.
— Hemos observado múltiples llamadas recientes de Ruiz a un número desconocido, lo que podría marcar nuestro primer hilo de investigación.
Este detalle resulta especialmente relevante, ya que sugiere algún tipo de comunicación que aún no ha sido identificada y que podría aportar pistas valiosas.
Deberíamos considerar rastrear ese número para determinar la identidad del interlocutor y evaluar si existe alguna conexión con el caso que estamos siguiendo.
Este primer indicio puede abrir una línea de trabajo clave para avanzar en nuestra investigación.
Martínez asintió, y la chispa de la caza brilló en sus ojos.
— Localízalo de inmediato. No podemos permitir que este depredador continúe actuando impunemente en nuestra ciudad, acechando a gente inocente y poniendo en riesgo la tranquilidad de todos.
Moviliza a cada recurso disponible, revisa cada rincón y no descanses hasta encontrarlo.
La seguridad de la ciudad depende de que detengamos a este cazador antes de que cause más daño.
Aferró el sobre que el asesino había dejado, sintiendo el peso de la provocación en sus manos. En ese instante, juró en silencio que no descansaría hasta conocer el rostro detrás de “ El Juego”, aunque para ello tuviera que sumergirse en la oscuridad que ya empezaba a envolverlo.
— Es hora de poner en marcha la Operación Cazador. No podemos permitir que este asesino siga suelto.
— Bien, vamos a rastrear ese número y ver a dónde nos lleva. También quiero que revisemos las cámaras de seguridad de la zona donde se encontró el cuerpo. Puede que tengamos suerte y encontremos algo útil.
Sánchez asintió y se puso a trabajar en las cámaras de seguridad. El día sería largo, pero ambos sabían que no podían detenerse hasta encontrar al culpable.