El juego que jugamos (Steel City Seals 2) Capítulo 35
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Capítulo 35

ÚLTIMA HORA: CELEbrACIÓN INTERRUMPIDA POR UNA SÚPLICA MUY PÚBLICA Los invitados califican la actuación de una eficacia sorprendente

Alaia

Me tiemblan las rodillas mientras me dirijo a la playa que hay detrás del Hideaway Haven Resort. Hoy es mi primer día de trabajo para The Seals y me han asignado directamente una tarea difícil: una sesión de fotos benéfica.

Se suponía que la sesión sería dentro de unos días, pero se adelantó por alguna razón. No he tenido tiempo de prepararme. Apenas he aceptado el puesto y ya estoy asistiendo a una sesión fotográfica.

No tengo ni idea de qué se supone que debo hacer aquí. Quizá este trabajo no es para mí. Quizá me precipité al decir que sí. Quizá...

Desecho esos pensamientos. Puedo hacerlo. Sé de fútbol. Además, trabajé un verano en una revista deportiva. Y estoy acostumbrada a lidiar con escándalos. Al fin y al cabo, esto es Smuggler’s Hideaway. Y yo soy la camarera durante el Mermaid Karaoke.

Puedo con esto. Yergo la espalda y levanto la barbilla. La Alaia segura e independiente, la que no dejará que un hombre la controle, ha llegado.

Llego a la playa y noto una zona acordonada para la sesión. Empiezo a caminar hacia allí. Los tacones se me hunden en la arena. ¿En qué estaba pensando al ponerme tacones para ir a la playa? Lo sé de sobra.

Me quito los zapatos y los meto en el bolso. Primer día de trabajo y voy descalza. Buen comienzo, Alaia.

Frunzo el ceño al llegar a la zona acordonada. No veo a ningún fotógrafo. No hay ningún espacio preparado para la sesión. Menos mal que he asistido a algunas sesiones de fotos antes. Sé cómo manejar esto.

Paso por debajo de la cuerda que delimita el área y...

—¡Sorpresa!

Doy un respingo y por poco no acabo con el culo en la arena. Miro a mi alrededor mientras la gente sale de las carpas. Mis padres. Mis amigos. Los jugadores. Los altos directivos del equipo. Todos liderados por Tanner.

El corazón se me acelera ante su presencia. No le he visto desde que me llamó mentirosa y salió de mi apartamento. Le he echado de menos. He echado de menos sus chistes malos. Esa forma que tiene de afrontar cada reto con una sonrisa.

No. No. No. Me rompió el corazón. No le echo de menos. Echo de menos al hombre que creía que era. Pero todo era un espejismo.

—¿Qué está pasando? ¿Dónde están los fotógrafos? —le pregunto.

—La sesión de fotos es dentro de unos días.

Parpadeo mirándole. —¿Dentro de unos días? Me dijeron que era hoy.

Se sonroja. —Le pedí a Knox que te soltara una mentirijilla para traerte hoy aquí.

¿Lo hizo? —¿Por qué?

—Para celebrar tu nuevo trabajo. Es algo importante. Responsable de RR. PP. de un equipo de la NFL. ¡Alaia Jackson, eres la puta ama! ¡Felicidades!

Le miro con dureza. —¿Conseguiste tú este trabajo para mí?

Juro por todas las sirenas que, si ha interferido en mi vida y me ha manipulado por mi «propio bien», voy a enseñarles a mis hermanas cómo se hace un cóctel molotov.

Levanta las manos. —No supe nada hasta que aceptaste el puesto. —Entorna los ojos hacia Knox—. Nadie me dijo nada.

Uf. Qué humillante habría sido subir finalmente de nivel en mi carrera solo para descubrir que mi exnovio me había conseguido el puesto. No, gracias.

—Pero sí organicé esta fiesta para ti. —Señala al grupo de personas que tiene detrás—. Todos están aquí por ti. Para celebrar tus logros.

Pongo los ojos en blanco. —Harás cualquier cosa con tal de tener una fiesta.

—Admito que disfruto de una buena fiesta, pero esto no lo he hecho por mí. Lo he hecho por ti. De hecho... —Retrocede unos pasos hasta que choca con un escenario. ¿Cómo no me he dado cuenta de que hay un escenario? Se sube de un salto y coge un micrófono antes de hacerme una señal.

Retrocedo unos pasos. No voy a subir ahí. Todo el equipo está aquí. Se supone que soy la responsable de RR. PP., no lo que sea que Tanner esté pretendiendo que sea.

Papá me da un empujoncito. —Ve.

Le miro con rabia. —¿Estás de broma? Se supone que tienes que apoyarme a mí, a tu hija. A la que él le rompió el corazón.

Me pone las manos en los hombros. —Escucha, cielo. La única persona que puede reparar un corazón roto es la persona que lo rompió en primer lugar. Anda, ve. Dale la oportunidad de intentar recomponerte.

—No soy Humpty Dumpty. No necesito a un hombre que me recomponga. Soy una mujer independiente.

Papá suspira. —Sé que lo eres, pero ser parte de una pareja no es algo malo.

¿Pareja? Suelto un bufido. Tanner no sabe lo que es ser un compañero.

Excepto que me escuchó en la playa. No llamó a la revista deportiva cuando le pedí que no lo hiciera. Nunca me presionó para tener sexo. Y me ayudó con mi bloqueo de escritora.

—No lo sé —murmuro.

—No seas idiota —dice Anne.

Beth asiente. —Yo subiría ahí tan rápido que saldría volando.

Anne suelta una risita. —Y te romperías la pierna.

Les doy la espalda. No puedo con ellas ni en un día bueno. Hoy no es un día bueno.

Mamá se pone junto a papá. —Dale una oportunidad. Si no se la merece, soltaremos a Anne y a Beth contra él.

Abro los ojos de par en par. Soltar a Anne y a Beth contra alguien es prácticamente darles permiso a las gemelas para arruinarle la vida a alguien.

—¿Lo harías?

—Sí. Tanner me cae bien, pero si vuelve a meter la pata, no habrá piedad.

Mamá nunca ha sido tan sanguinaria. Creo que me gusta.

—¡Bienvenidos a todos! —comienza Tanner—. Estamos aquí para celebrar a Alaia y su nuevo trabajo. Tres hurras por Alaia Jackson, nuestra nueva responsable de RR. PP.

Todo el mundo vitorea y miro a mi alrededor. No miran a Tanner. Me miran a mí. Y sonríen.

Gage me levanta el pulgar. Nolan gesticula con los labios: ¡Felicidades, jefa! Brock y Corbin se limitan a sonreír y asentir.

¡Piratas en llamas ahogándose en el mar! Me están apoyando en este trabajo a pesar de que saben que será incómodo para Tanner.

Se me dibuja una sonrisa de oreja a oreja. Mi familia está aquí apoyándome. La línea ofensiva de The Seals me apoya. Puedo hacerlo. Y no solo hacerlo. Voy a triunfar en mi nuevo trabajo. En mi nueva carrera.

Miro por encima del hombro a Tanner, que está en el escenario. ¿Y en mi nueva vida?

—The Seals son el equipo con más suerte del mundo por tener a Alaia de su lado. ¿Habéis visto el artículo que escribió en el Smuggler’s Gazette ? Esta mujer no duda en enfrentarse a quienes merecen su ira.

Se aclara la garganta. —Lo cual me incluye a mí.

Beth y Anne se ríen. —Esto va a ser divertido —dicen al unísono.

Mamá me da un toque. —Sube ahí.

La miro fijamente. —¿Prometes azuzar a las gemelas contra él si la caga?

—Tienes mi palabra.

Vale, entonces. Supongo que voy a subir al escenario.

Una vez que estoy al lado de Tanner, intenta cogerme la mano, pero niego con la cabeza. Estoy bien donde estoy.

—Me parece justo —murmura.

—Este día debería girar en torno a Alaia y la celebración de sus logros, pero si me concedéis unos momentos, necesito pedirle perdón.

—¿Por qué pides perdón delante de todo el mundo?

Enarca una ceja. —¿Me escucharías si no tuvieras aquí a tu familia y a mis compañeros para impedir que salgas corriendo?

Gruño porque no voy a admitir en voz alta que tiene razón.

—Vale, allá voy. Alaia Jackson, lo siento.

Casi pongo los ojos en blanco. ¿Cuántas veces he oído a un hombre pedir perdón sin sentirlo de verdad? Demasiadas. Alerta de spoiler: si no cambias tus actos, una disculpa no sirve de nada.

—Siento no haber confiado en ti. Siento haberte acusado de traicionarme cuando intentabas protegerme. Siento haberte reducido a una periodista que buscaba una primicia para forrarse.

—Me equivoqué en todo. Elegiste la integridad cuando podrías haber elegido la fama. Me protegiste cuando no me lo merecía.

—¿Podrás perdonarme algún día?

Me muerdo el labio inferior. —No lo sé. ¿Qué pasará la próxima vez que malinterpretes una situación?

—Fácil. Me pararé a escuchar a la mujer a la que amo. Dejaré que me explique la situación. Aunque tenga que explicármelo como a un niño.

La multitud se ríe de su broma, pero apenas puedo oírles por encima del latido de mi corazón.

—¿La mujer que amas?

—Claro que sí, la mujer que amo. Llegué a esta isla pensando que no podía confiar en nadie más que en mis compañeros. Pensando que el amor romántico era una trampa. Pensando que todo el mundo quería traicionarme. Y tú me demostraste que estaba equivocado.

—¡Smuggler’s Hideaway es mágico! —grita papá.

Tanner me sonríe. —Es mágico. Es el lugar donde conocí a la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida.

Le estudio el rostro. Quiero creerle. Quiero lanzarme a sus brazos y olvidarme de la semana pasada. Pero no puedo. No puedo volver a pasar por el dolor que me causó. No sobreviviría.

—No lo sé, Tanner. Tropezaste con el primer obstáculo que encontramos como pareja.

—Lo hice. Y, siendo sinceros, volveré a meter la pata y a tropezar en el futuro.

—¡Y mucho! —grita Gage.

—¡Puedes contar con ello! —añade Nolan.

—Es un desastre —declara Corbin.

Brock gruñe asintiendo.

Tanner mira con dureza a sus compañeros. —Se supone que estáis de mi parte.

Nolan se encoge de hombros. —Debería saber en qué se mete al unirse a ti.

Tanner me sostiene la mirada. —Yo le diré lo que va a recibir.

Va a recibir amor y devoción. Y si decides que no puedes perdonarme o darme otra oportunidad, seguiré apoyándote a ti y a tu carrera.

No te daré ningún problema. Si te sientes incómoda estando cerca de mí, haré todo lo posible para que estés a gusto.

Me quedo boquiabierta. —¿Si no te doy una segunda oportunidad, aun así me apoyarás?

—Sí. Porque tanto si me das otra oportunidad como si no, sigo amándote.

Apenas termina de decir las palabras, salgo corriendo hacia él. Salto y él me atrapa.

—¿Eso significa que me perdonas?

Le agarro de los hombros y me inclino hacia atrás para mirarle a los ojos. —Te perdono, pero si vuelves a decir que no puedes confiar en mí, te quedarás sin huevos.

—¡Nosotras podemos ayudar, hermanita! —gritan las gemelas.

Tanner se estremece. —Tomo nota.

—Bien. Ahora bésame.

Une sus labios a los míos y suspiro. Su lengua se desliza en mi boca y ahí está: el sabor que tanto he echado de menos. El hombre al que he echado de menos.

Tanner Long es todo mío.