Capítulo 30
ÚLTIMA HORA: HOMbrE SACA CONCLUSIONES PRECIPITADAS Y LO ARRUINA TODO Los expertos lo confirman: escuchar era una opción
Tanner
—Hola, preciosa —le beso la mejilla a Alaia a modo de saludo cuando abre la puerta de su apartamento—. ¿Estás lista para irnos?
Ella me sonríe y se me encoge el corazón. Quiero verla sonreírme así todos los días por el resto de mi vida.
Tengo que decirle que la quiero. Y lo haré.
Esta es la noche. He reservado una mesa en el complejo.
He pedido un rincón tranquilo y romántico, y champán para empezar.
Quiero que Alaia tenga un buen recuerdo de la primera vez que le diga que la quiero.
Un recuerdo que pueda compartir con nuestros hijos algún día.
—El recorrido de fantasmas va a ser una pasada. ¿Te has puesto un pañal?
—No llevo pañal —gruño.
Me da una palmadita en el brazo. —Espero que hayas traído calzoncillos de repuesto, entonces.
—No voy a hacerme pis encima de miedo.
—Eso es lo que dicen todos los continentales —canturrea ella.
—Preciosa, tengo a hombres de casi doscientos kilos intentando aplastarme cada día en el campo. No me asusta un fantasma.
Ella frunce el ceño. —No me recuerdes lo de los hombres intentando aplastarte. Me diste un susto de muerte la semana pasada.
Le pongo la mano en la nuca y la aprieto con suavidad. —Prometo mantenerme a salvo.
Se muerde el labio inferior. —No me daba cuenta de lo arriesgado que es el fútbol americano.
—No asumo riesgos en el campo. Te lo prometo.
—¿Y fuera del campo?
—Los riesgos son divertidos —muevo las cejas.
Ella gime. —Por favor, no intentes encerrarte en la cámara acorazada.
—¿Por qué iba a encerrarme en la cámara acorazada?
—Cuenta la leyenda que la persona que se encierre en la cámara acorazada y consiga quedarse allí toda la noche tendrá buena suerte por el resto de su vida.
—Menos mal que yo no necesito buena suerte —le guiño un ojo.
Me estudia la cara y yo finjo inocencia. —Vas a encerrarte en la cámara acorazada, ¿a que sí?
Normalmente, me sentiría tentado. No necesito buena suerte, pero me encantan los desafíos. Pero esta noche no. Tenemos una reserva muy importante para cenar después del recorrido.
—Esta noche no.
—Uf —mira la hora—. Tenemos que irnos. El recorrido empieza en quince minutos. No quiero ser la última en llegar. El último que llega tiene que cerrar el grupo del recorrido. Al fantasma le encantan los que van atrás del todo.
Suelto una risita. Se cree de verdad que un fantasma ronda el banco. —Vámonos —la guío hacia la puerta pero me detengo al darme cuenta de que no lleva zapatos—. ¿Se te olvida algo?
Me agita el móvil. —No necesito bolso. Tengo el móvil.
Hago un gesto hacia sus pies. —Probablemente no deberías ir descalza mientras te persigue un fantasma.
Se mira los pies y se ríe. —Esto es culpa tuya.
—¿Culpa mía?
—Sí. Mi cerebro se desconecta cuando estás cerca.
Saco pecho. —De nada.
—Encantador. Ahora vuelvo —me planta el móvil en la mano.
Suena un aviso en su móvil. —¡Te ha llegado un mensaje! —le grito.
—¿De quién es?
Miro la pantalla. —Sam. ¿Quién es Sam?
Regresa al salón con las sandalias en la mano. —Las encontré.
—Alaia, ¿quién es Sam?
Ella frunce el ceño. —Tu agente.
Se me corta la respiración. —¿Por qué estás en contacto con mi agente?
—Porque tu agente es un imbécil.
Gruño. —No evites la pregunta. ¿Por qué estás en contacto con Sam?
Suelta un suspiro. —Él se puso en contacto conmigo.
Entorno los ojos. —¿Se puso en contacto contigo? ¿Por qué demonios se pondría mi agente en contacto contigo?
—Ya te lo he dicho. Porque es un imbécil.
—No me lo puedo creer.
Ella arruga la frente. —¿A qué te refieres? Sam es un imbécil.
Sé que Sam es un imbécil. También sé que está evitando responderme. Lo cual solo puede significar una cosa.
—No podías soportar el no saberlo, ¿verdad?
—¿No saber el qué?
Aprieto los dientes. —Debería haberlo sabido. Debería haber sabido que contactarías con Sam para descubrir mi secreto. No soportas no saber los secretos de todo el mundo. Malditos periodistas.
—¡Oye! Espera un segundo. Yo no contacté con Sam. Él contactó conmigo.
Resoplo. —Seguro que sí.
—Hablo en serio, Tanner. Sam se puso en contacto conmigo. No al revés.
—Da igual. No importa. Sabía que no podía confiar en ti.
Camino hacia la puerta pero ella me agarra de la mano para detenerme. —¿De qué estás hablando? Puedes confiar en mí.
—Has estado en contacto con Sam y no me lo has dicho.
—Tenía pensado decirte que Sam me contactó y me envió el video, pero no sabía cómo.
Le quito la mano de un tirón. —Tienes el video.
—Solo porque Sam me lo envió. Yo no le pedí que lo hiciera. De hecho, le dije que no lo hiciera.
Me pongo las manos en jarras. —¿Tú, la persona más cotilla del planeta, le dijiste a mi agente que no te enviara un video? No te creo.
El dolor brilla en sus ojos azules pero lo ignoro. No tiene motivos para estar dolida. Ella es la que ha traicionado mi confianza. No al revés.
—Es verdad. Se puso en contacto conmigo y me dijo que rompiera contigo. Cuando le dije que no lo haría, dijo que sabía que nuestra relación era una relación falsa. Le expliqué que ya no era falsa. Me dijo que eres un playboy y que nunca cambiarías tus costumbres. Entonces, me envió el video.
Niego con la cabeza. —Sam nunca te diría que rompieras conmigo. Él es quien contrató a Belinda para ayudar a reparar el daño a mi reputación. Fue él quien estuvo totalmente de acuerdo con la idea de que saliera con alguien.
—Que es exactamente lo que yo le dije.
Sam nunca iría a mis espaldas para contactar con mi novia. Ha sido mi agente durante seis años. Ha ganado una puta millonada gracias a mí. ¿Por qué se arriesgaría a perderme como cliente?
No lo haría. Lo que significa que Alaia miente.
—Estás mintiendo.
—No miento. Soy yo, Alaia. Te quiero. Puedes confiar en mí.
¿Le importo? Sí, claro. Mis padres usan la excusa de que «les importo» para intentar controlarme todo el tiempo. Ya me lo sé. Es una trampa.
—No confío en ti. En cuanto salga de este apartamento, vas a compartir el video con el mundo entero. Probablemente ya tienes el artículo completo listo para publicar. Enhorabuena. Por fin has conseguido tu gran oportunidad. Espero que haya valido la pena.
—¿Qué? —Echa la cabeza hacia atrás—. No voy a compartir el video con nadie.
—Sí, claro. Esta es tu gran oportunidad.
Las piezas encajan. —Por eso aceptaste tener una relación falsa conmigo. Para conseguir la exclusiva.
Ella se estremece.
—Lo sabía.
—Espera. Deja que me explique. Puede que originalmente pensara que podría descubrir lo que pasó al tener una relación falsa contigo. Pero las cosas cambiaron. Nosotros cambiamos. Esto ya no es falso.
Quiero creerla, pero ¿cómo puedo? Tiene el video. Un video que Sam nunca le habría enviado. —¿Cuánto le pagaste a Sam por el video?
—¿Estás sordo? No pagué a Sam por el video. No le pedí a Sam el video. Desearía que Sam nunca me hubiera llamado.
—¿Vas a mantener esa historia?
—No es una historia —se le dilatan las fosas nasales y aprieta los puños—. Es la verdad.
Vaya. Nunca me di cuenta de lo buena actriz que es Alaia. Si no supiera que miente, creería que está enfadada.
Pero está mintiendo. No hay forma de que mi agente le enviara el video. Se ha pasado todo el verano intentando suprimirlo. ¿Por qué iba a contactar con ella? ¿Por qué iba a contarle la verdad?
—Me das asco. No puedo creer que de verdad pensara que te quería.
Camino hacia la puerta. Esta vez, ella no intenta detenerme.
—Yo también pensaba que te quería, Tanner, pero supongo que después de todo no nos conocíamos. Eres exactamente igual que todos los hombres de mi vida. Intentas manipularme y, cuando no funciona, no puedes soportarlo.
¿Quererme? Difícilmente. El amor no existe. Siempre lo he sabido, pero Alaia me engañó. Me mostró a la persona que yo quería ver. No a la persona que es en realidad.
Casi caigo en su trampa. Menos mal que he descubierto quién era realmente antes de hacerlo.