Capítulo 20
ÚLTIMA HORA: LOS STEEL CITY SEALS VISTOS EN LA BOLERA Se desata el caos, el contrabando y las decisiones cuestionables
Tanner
La puerta se abre y miro por encima del hombro. Una mujer entra, pero no es Alaia. Se me hunden los hombros. ¿Dónde está? Dijo que vendría.
Nolan me pone la mano en el hombro. —Lo tuyo es grave.
Me quito su mano de encima con un encogimiento de hombros. —Mira quién fue a hablar.
Él entrecierra los ojos. —No compares tu situación con la mía. Yo no estoy fingiendo nada.
Interesante. ¿Está admitiendo por fin que ocurre algo entre él y Terri? Ha negado que estuvieran liados desde la primera noche que se conocieron, cuando ella lo rechazó delante de todo el mundo.
—Puede que yo tampoco.
—Entonces, a lo mejor tienes que decírselo a ella. —Señala con la cabeza la puerta por la que entra Alaia.
Ella recorre la sala con la mirada. Cuando sus ojos se encuentran con los míos, sonríe y saluda con la mano. Empieza a caminar hacia mí, pero no puedo esperar. Me apresuro a su encuentro.
—Hola, preciosa. —Le doy un beso en la mejilla.
—Hola, encantador.
—Dos cosas pueden ser ciertas a la vez. Puedo ser encantador y tener razón sobre lo preciosa que estás al mismo tiempo.
Ella pone los ojos en blanco. —¿Por qué hemos quedado aquí? No pensé que te gustaran los bolos.
—¿Cómo iba a resistirme? La bolera se llama The Drunken Anchor Lanes.
—Te das cuenta de que esta noche es una noche especial, ¿verdad?
Le aprieto la mano. —Cualquier noche contigo es especial.
—Tienes que parar antes de que ponga los ojos tan en blanco que se me queden encajados en la nuca.
No estoy mintiendo ni intentando ser encantador. Hablo en serio. Pero ella no se da cuenta.
—Eso no puede pasar.
—Shhh. No se lo digas a los gemelos. Ellos todavía me creen.
—Claro que sí. —La guío hasta nuestra pista, donde Gage, Nolan, Brock y Corbin están esperando.
Ella mira a su alrededor. —¿Dónde está el moonshine?
—Estamos de entrenamiento —gruñe Brock.
—Qué pena. Es Sirens & Strikes Night. Si no participáis, se meterán con vosotros. Y si hay algo que los contrabandistas saben hacer bien, es meterse con la gente.
Gage frunce el ceño. —Pensaba que lo único que los contrabandistas sabían hacer era traficar con alcohol.
Ella le guiña un ojo a Gage. —Eso también.
—¿Qué es eso de Sirens & Strikes Night ?
—Ahora vuelvo —dice ella en lugar de responderle. Se dirige a la barra y yo la sigo.
—¿De verdad vas a comprar moonshine?
—Sí. Y no digas ni una palabra sobre estar de entrenamiento. He visto las cervezas.
—La cerveza es una cosa. El moonshine es otra.
Ella bufa. —Los terrestres sois unos flojos.
Saco pecho. —No soy un flojo.
—Bien. Entonces, me ayudarás a llevar seis chupitos a nuestra pista.
—Me has engañado.
—¿Cuál ha sido tu primera pista?
Suelto una carcajada mientras ella me tiende la bandeja con los chupitos de moonshine. Cuando volvemos a nuestra pista, reparto las bebidas. Corbin levanta la suya pero Alaia le agarra el brazo para detenerlo.
Le advierte moviendo el dedo índice. —Todavía no.
Él gruñe. —Debería haberme quedado en casa.
—No seas tan anticuado. De todas formas, Siena trabaja hasta tarde esta noche. Tiene que presentar esos documentos en el juzgado para mañana por la mañana.
Él frunce los labios. —El horario de Siena no tiene nada que ver conmigo.
Ella le da una palmadita en el hombro. —Eres adorable. Estás delirando. Pero eres adorable.
Brock gruñe. —¿Te enteras de todo lo que pasa en esta isla?
Ella parpadea con coquetería hacia él. —¿Te refieres a si sé lo tuyo con May?
Él da un paso adelante. —¿Cómo lo...?
Me muevo para bloquearle el paso. —Pórtate bien. Es mi novia, Alaia.
Él bufa. —Novia. Ya.
Abro la boca para decirle que Alaia es mi novia. Para declarar que no estamos fingiendo nada. Pero antes de que pueda hablar —y probablemente provocar una pelea enorme con Alaia—, las luces parpadean.
—Los bolos no son lo único que va a caer esta noche —declara el DJ.
Alaia levanta su chupito. —Ahora es el momento de beber.
—¡Por los contrabandistas! —grita el DJ antes de que las luces se apaguen.
—Madre mía —murmuro—. Este moonshine brilla en la oscuridad.
—¿Esta mierda nos va a envenenar? —pregunta Brock.
Le frunzo el ceño. Él no puede verme, pero estoy frunciendo el ceño. —Deja de ser un gruñón.
—Maestros de los sorbos furtivos y los alijos secretos. Gracias por mantener viva la fiesta —brinda Alaia. Nos bebemos los chupitos y las luces vuelven a encenderse.
—Empiezo a preguntarme por qué acepté salir esta noche —dice Gage mientras deja su vaso.
—Vive un poco, Gage. A lo mejor Addy aparece más tarde —dice Alaia, y él se anima.
—Yo voy primero —declara Brock antes de coger una bola. Escanea la pista y se detiene—. ¿Por qué demonios hay un barril de ron de juguete en nuestra pista?
—Porque es Sirens & Strikes Night —dice Alaia.
—Explícate —exige él. Más le vale vigilar su tono con ella. No me importa si es más grande que yo. No toleraré que nadie sea grosero, borde o gruñón con ella.
Alaia señala las pistas. —Cada pista tiene un «artículo de contrabando» escondido. Si tu bola lo golpea y lo suelta, ganas un premio.
—¿Qué clase de premio?
Mis compañeros de equipo ahora están interesados. Los atletas profesionales son competitivos. Nos gusta ganar. Pero odiamos perder todavía más.
Alaia señala una mesa cerca de la barra. —Ahí están los premios. Puedes elegir el tuyo.
Brock suelta la bola y se dirige hacia la mesa.
Alaia se inclina hacia mí. —¿Qué le pasa?
—Es competitivo igual que el resto de nosotros, pero si no hay nada que su hijo, Jace, pueda querer, pasa del tema.
—Hay un montón de cosas chulas. Tours de fantasmas gratuitos. Un tour por los túneles subterráneos que los contrabandistas usaban durante la Ley Seca. Muchas cosas que a un chico adolescente le gustarán. Cuando gane, elegiré algo guay para Jace.
Levanto una ceja. —¿Cuando ganes? Estás compitiendo contra atletas profesionales.
Ella arruga la nariz. —¿Los bolos son un deporte? Yo lo veo más como una actividad de ocio.
—Actividad de ocio o no, te voy a patear el culo.
—Eso ya lo veremos —dice con tono cantarín antes de mirar alrededor de la bolera—. Por cierto, ¿dónde está la prensa? —susurra.
—¿La prensa? ¿Por qué iba a estar aquí la prensa?
—Pues para qué va a ser. Para fotografiarnos a los dos juntos. Para mostrar cómo te has reformado.
—Esto no es un truco publicitario. Los chicos y yo íbamos a salir. Tú tenías la noche libre, así que te invité.
Se me revuelve el estómago. Cree que la invité porque esto es un montaje publicitario. No tiene ni idea de que quiero pasar todo mi tiempo con ella. Piensa que esta relación es falsa. Odio la maldita palabra falsa.
Ella se frota las manos. —Error tuyo.
Espera un momento. No le importa que la prensa no esté aquí. A lo mejor sí quiere pasar tiempo conmigo después de todo. Quiero preguntarle, pero lo dejó bastante claro el otro día en el hotel. No quiere una relación conmigo.
Inaceptable. Alaia es la primera mujer con la que he querido tener una relación. La primera mujer en la que estoy interesado en pasar más de una noche.
Tengo que convencerla de que vale la pena darme una oportunidad. De que soy algo más que el payaso mujeriego del que la prensa no se cansa.
Brock regresa y agarra su bola. —Voy a soltar ese barril de ron.
—¿Has encontrado algún artículo que quieras ganar? —le pregunto.
— Wok the Plank ha donado una cena para cuatro, bebidas incluidas. —Frunce el ceño—. Los padres de May no pueden permitirse la donación.
—Smuggler’s Hideaway está hechizado —dice Corbin mientras Brock prepara su tiro.
—¿Hechizado cómo? —pregunto.
—Los hombres se enamoran de las mujeres de esta isla sin darse cuenta de lo que está pasando —murmura.
Alaia se inclina hacia delante. —¿Estás enamorado? ¿Puedo citarte en The Siren’s Spill ?
—Yo no. Todos los demás. —Me señala—. Incluido él.
A Alaia se le oscurecen las mejillas. ¿Se está sonrojando de vergüenza? ¿O le emociona la idea de que la quiera? Lo que sea por saber la respuesta.
Suena una alarma mientras un ancla gigante baja lentamente del techo. Todo el mundo en la bolera se queda paralizado.
—¿Qué está pasando?
Alaia no responde. Durante varios minutos, la alarma brama. Ella no habla hasta que el ancla gigante vuelve a subir al techo. Señala a Brock. —Le toca una penalización de canal.
—¿Por qué?
—No puedes moverte cuando el ancla está bajada.
—No nos lo habías dicho.
Ella se encoge de hombros. —No habéis preguntado.
—Recuérdame que nunca juegue al póquer contigo.
Ella me dedica una sonrisa radiante. —Qué pena. Pensaba que jugaríamos al strip poker más tarde.
Se me agita la entrepierna. Alaia desnuda. Sus kilómetros y kilómetros de piel cremosa expuestos para mí. Sus pechos y su coño rogando por mi atención.
Ella se pone de pie y guiña un ojo. —No eres el único alborotador de la familia.
Estoy oficialmente intrigado. ¿Quiere Alaia algo más que una relación falsa conmigo? ¿Y cómo lo descubro?