El juego que jugamos (Steel City Seals 2) Capítulo 13
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Capítulo 13

ÚLTIMA HORA: TANNER LONG PROCLAMA LA VICTORIA… Y UN BESO Se cuestiona la equidad de la carrera

Alaia

Abro la puerta y le sonrío a Tanner. El corazón se me sobresalta cuando él me devuelve la sonrisa, pero lo ignoro. No va a haber sobresaltos de corazón por mi novio falso.

—¡Feliz Cuatro de Julio!

Él me besa en la mejilla y me fijo en que lleva los brazos llenos de bolsas marrones de la compra. Frunzo el ceño.

—¿Has traído provisiones?

Se le enrojecen las mejillas. —Me enseñaron a no llegar nunca a casa de nadie con las manos vacías.

—¿Qué has traído?

—Un six-pack de cerveza para tu padre. Una botella de vino para tu madre. Y dos botellas de moonshine para tus hermanas gemelas.

—¿Y a mí qué me has traído?

Se le queda la cara pálida y la mandíbula se le descuelga. —Yo… eh… Mierda. Ahora vengo.

Da media vuelta dispuesto a irse, pero le agarro del brazo. —Estaba bromeando, Tanner.

—Pero no te he traído nada y eres mi novia.

No su novia, me recuerdo a mí misma. Tanner Long no se mete en relaciones.

—Novia falsa.

Él frunce el ceño. —Aun así.

—¡Alaia! ¿Está ahí tu novio? —gritan Beth y Anne desde dentro de la casa. Gritan al unísono, lo que solo puede significar una cosa: que se van a pasar el día intentando asustar a Tanner.

—Esta es tu oportunidad. Lárgate antes de que se den cuenta de que estás aquí.

—Creo que puedo apañármelas con tus hermanas.

—No digas que no te he advertido. —Abro más la puerta y le hago pasar.

Beth y Anne nos esperan en el salón. —Tanner, conoce a mis hermanas. Beth y Anne.

—¡Hola! —Hablan y saludan al unísono. Es totalmente inquietante.

—Encantado de conoceros a las dos. Os he traído un regalo a cada una. Tanner les entrega a cada una una botella de moonshine.

Inspeccionan las botellas para asegurarse de que son exactamente iguales antes de darle las gracias a Tanner. Se miran la una a la otra. Es obvio que están haciendo su magia telepática de gemelas inquietantes.

—Ahora nos sentimos mal —dicen a la vez. Va a ser un día largo de esto.

Tanner frunce el ceño. —¿Por qué os sentís mal? No hace falta que me hagáis un regalo.

Suelto un suspiro. —Se sienten mal porque pensaban pasarse el día entero poniéndote a prueba.

—¿Poniéndome a prueba?

—Cambiándose las camisetas para que te confundas sobre quién es Beth y quién es Anne. Cada vez que creas que las tienes caladas, mentirán.

—¡Nosotras no mentimos!

Ignoro a las gemelas. Son las mentirosas más consumadas del mundo. —Te echaré una mano. Beth tiene una cicatriz pequeña en el lóbulo de la oreja izquierda de cuando Anne intentó arrancarle el pendiente cuando tenía doce años.

Beth fulmina a Anne con la mirada. —Casi me matas.

—No tendrías que haberme robado los pendientes.

—Esos aros eran míos. Alaia me los regaló por mi cumpleaños.

Se marchan discutiendo.

Tanner se ríe por lo bajo. —Son incluso más divertidas de lo que me esperaba.

Es como si alguien me diera un puñetazo en el estómago. Piensa que mis hermanas son divertidas. Yo no soy divertida. Yo soy la seria. La aburrida, según mis hermanas.

—Puedes divertirte con ellas todo el día —consigo decir, apretando los dientes.

Él me pasa un brazo por los hombros. —Prefiero divertirme contigo todo el día.

—¡Ejem! —Papá carraspea al entrar en el salón con mamá. —Hoy no se va a divertir nadie.

Mamá le da un codazo. —Yo sí espero divertirme hoy.

—Tú puedes divertirte. Estamos casados.

—Papá —me quejo—. No se refería a ese tipo de diversión.

Papá entorna los ojos mirando a Tanner. —Sé quién es. Sé qué clase de diversión prefiere.

—Prometiste comportarte —le recuerdo. He sentado a mi familia antes de que llegara Tanner y les he hecho prometer a todos que iban a ser amables con él. No esperaba que mis hermanas cumplieran, pero ¿mi padre? Suele ser amable con mis citas.

—Eso era antes de que te pusiera las manos encima.

Tanner retira enseguida el brazo. —Lo siento, señor.

Papá suelta una carcajada. —Te he pillado.

Gimo y dejo caer la barbilla contra el pecho. Mi familia se cree un grupo de humoristas. Lo que son es un bochorno.

—Esto no es comportarse —refunfuño.

Mamá sonríe de lado. —¿Qué esperabas?

Me encojo de hombros. —No sé. ¿Que mis padres fingieran que son adultos?

—Me caen bien —dice Tanner, alargando la mano—. Soy Tanner Long. Encantado de conocerle, señor.

—Puedes llamarme Dan, y esta es mi mujer, Sally.

Tras darse la mano, Tanner le coge la mano a mamá y se la besa. —Es un placer conocerla.

Mamá suelta una risita. —Es un encantador.

—Le he traído una buena botella de Chablis. Y a Dan le he traído un six-pack de cerveza.

—Voy a meter esto en la nevera —Mamá se escabulle con su vino.

—No podemos dejar que la cerveza se enfríe —Papá la sigue.

—Y los hemos perdido por lo menos quince minutos.

Tanner se rasca la barbilla. —No se tarda quince minutos en meter una botella de vino en la nevera.

—Cuando mis padres están solos en la cocina, sí.

Una pareja de adolescentes cachondos no tiene nada que hacer al lado de ellos.

¿Por qué te crees que siempre llamo antes de entrar en una habitación?

Cuando ves a tus padres a medio vestir, con las manos por todas partes, más de una vez, aprendes a llamar.

Él se ríe. —Me acordaré de llamar siempre que esté en casa de tus padres.

—Si se te olvida, tengo lejía para tus ojos.

—Tu familia es distinta.

—¿Distinta? —Arrugo la nariz—. ¿Nunca has entrado y has pillado a tus padres besándose?

Él se echa hacia atrás. —Si no fuera por mis hermanos y por mí, pensaría que nunca han tenido sexo.

—A lo mejor eres adoptado.

—No. Me hice una prueba de ADN.

Se me queda la boca abierta. —¿De verdad te hiciste una prueba de ADN para demostrar que no eras adoptado?

—Me hice una prueba de ADN porque alguien me retó.

—¿Cómo te reta alguien a hacerte una prueba de ADN? —La única razón que se me ocurre para hacerse una prueba de ADN es una demanda de paternidad. ¡Piratas voladores! ¿Está metido en una demanda de paternidad?

Trago saliva. ¿Hay por ahí una mujer que tenga un hijo suyo? Que esté unida a él para siempre de una forma en la que yo nunca lo estaré.

—Da igual. No quiero saberlo. —Hago un gesto hacia fuera—. Vamos. Hace un tiempo precioso. Podemos relajarnos en el jardín antes de cenar. Después, tocan fuegos artificiales.

—¿Te gustan los fuegos artificiales? —pregunta mientras lo llevo al porche de atrás.

—Smuggler’s Hideaway tiene los mejores fuegos artificiales del mundo.

—¿Sabes qué? Con todo lo que he visto en esta isla desde que llegué, no voy a llevarte la contraria.

—Hombre listo —le guiño un ojo.

Nos tumbamos en dos tumbonas una al lado de la otra.

—Debe de haber sido una pasada crecer aquí —dice Tanner.

¿Se está burlando de mí? Abro los ojos para estudiar su cara. Parece sincero.

—Lo fue. Smuggler’s Hideaway es mágico.

—Pensaba que querías irte.

—Me mudaré por trabajo, pero esta isla siempre será mi hogar.

Él me sonríe.

Clic.

Gimo al oír la cámara. —Papá.

—¿Qué? —Parpadea intentando parecer inocente. Es una pérdida de tiempo. Le conozco—. Es una foto preciosa. Hazme caso.

Gruño. Mi familia sabe que esta relación es falsa. Me vi obligada a contárselo cuando mamá amenazó con llamar a locales para consultar fechas para la boda. Al final no lo hizo. Pero por poco.

—Mis padres lo saben —confieso cuando papá se aleja para fotografiar a las gemelas haciendo la rueda.

—¿Que saben qué?

Me inclino hacia delante para susurrar. —Lo de nuestro acuerdo. —Abre la boca, pero me apresuro a seguir hablando antes de que pueda decir nada—. No es culpa mía. Tenía que contárselo. Mamá ya estaba haciendo la lista de invitados para la boda.

—Está bien. Mis compañeros de equipo también lo saben.

Abro mucho los ojos. —¿Todos?

—Solo mis amigos íntimos.

—Supongo que ninguno de los dos es muy bueno cumpliendo las normas.

—En realidad yo no se lo dije a mis amigos. Lo adivinaron.

—¿Lo adivinaron?

—Saben que yo no me meto en relaciones.

Se me hunde el estómago. Buen recordatorio. Tanner no se mete en relaciones. Esto es falso. Da igual lo bien que le quede estar sentado en el jardín con mi familia.

—Es la hora de la Smuggler’s Sack & Chicken Dash —gritan Beth y Anne mientras vienen corriendo hacia nosotros.

—Me da miedo preguntar —murmura Tanner.

Me levanto. —Es divertido. Y te voy a patear el culo.

—Un momento. Soy atleta profesional. Voy a ganar cualquier competición que lleve la palabra «dash» en el nombre.

—Esta no —canto.

Me sigue hasta donde las gemelas sostienen dos sacos de patatas y dos pollos de goma.

—Eh… ¿qué es esto?

—Es la Smuggler’s Sack & Chicken Dash —repiten las gemelas.

Beth levanta los sacos de patatas. —Tenéis que ir dando saltos hasta el árbol y volver dentro de un saco de patatas.

Anne agita los pollos de goma. —Mientras sujetáis un pollo de goma.

—Si os caéis, tenéis que levantaros sin salir del saco.

—Y si se os cae el pollo, tenéis que empezar otra vez.

Tanner se las queda mirando. —¿Esto va en serio?

Le quito un saco a Beth y me meto dentro. —¿Qué pasa, Tanner? ¿Te has acojonado? ¡Coc, coc!

Él arrebata el otro saco. —No soy un gallina. Te voy a patear el culo.

—Soy la campeona vigente desde hace cinco años seguidos.

—¿Qué gano si gano?

—¡Un beso de Alaia! —chilla Beth.

La fulmino con la mirada. Mis hermanas son unas auténticas toca narices. —Da igual. Voy a ganar yo de todas formas.

—Ahora sí que estoy motivado —murmura Tanner.

Un escalofrío me recorre ante la promesa de su voz. ¿Quiere besarme? ¿Quiere sentir mis labios? ¿Probarme? Como quiero yo hacerlo con él.

Obligo a que se me vayan esos pensamientos. La Smuggler’s Sack & Chicken Dash es cosa seria. Tengo intención de conservar mi corona.

—¿Estáis listos los concursantes? —pregunta mamá.

Tanner deja caer su pollo dentro del saco.

Le señalo con mi pollo. —Ya está haciendo trampas.

—¿Qué?

—Hay que sujetar el pollo —le explico.

Él se encaja el pollo bajo el brazo como si fuera un balón de fútbol americano. Yo tengo otra táctica. Muerdo la pata del pollo. Llevar el pollo en la boca está permitido. Lo sé porque yo inventé las normas.

—Preparados. Listos. Ya. —Mamá finge un disparo y salimos.

Tanner sale disparado hacia delante. Yo voy con calma. Si te precipitas, te caes o se te cae el pollo.

Efectivamente. Tanner llega a mitad de camino hacia el árbol antes de acabar en el suelo. Casi me echo a reír antes de acordarme de que… ¡tengo un pollo de goma en la boca!

—¡Levántate, Tanner! ¡Levántate, Tanner!

Lanzo una mirada asesina a mis hermanas. Tenía que haber sabido que le iban a animar a él. Probablemente llevan tramando mi derrota en la carrera desde que gané el año pasado.

Lo adelanto mientras está tirado en el suelo y llego al árbol antes que él. ¡La victoria es mía!

—Vamos, Tanner. Ya casi la alcanzas.

Miro por encima del hombro para ver dónde está. Error. Salto hacia delante, pero se me han liado las piernas en el saco. Tropiezo, escupo el pollo de la boca y acabo por los suelos.

Tanner pasa a saltos a mi lado. Benny decide que es el momento de hacer acto de presencia y empieza a lamerme la cara. Aparto al perro. —Para ya, Benny.

—¡Tanner es el ganador! —grita mamá cuando él cruza la meta.

—Déjame ayudarte a levantarte, perdedora. —Tanner me tiende la mano. Me planteo pasarme el resto del día tirada aquí. Pero no lo hago. Acepto su mano y me pone en pie de un tirón.

Me pasa un brazo por la cintura y me acerca. —Es la hora de mi premio.

—Esto es falso —gruño, mirando a mis hermanas gemelas.

Beth me guiña un ojo.

—Claro que sí —dice Anne.

—Adelante, cariño —grita mamá—. Una apuesta es una apuesta.

—Deberías hacerle caso a tu madre.

—Vale. —Me doy unos golpecitos en la mejilla.

—Quiero un beso de verdad. —Se le oscurecen los ojos mientras me mira los labios.

—Es una mala idea.

—Cariño, soy el rey de las malas ideas.

No tengo ocasión de hablar antes de que sus labios se posen sobre los míos. Me estallan chispas en el estómago con el leve contacto y doy un respingo de sorpresa. Él no duda y me mete la lengua en la boca.

Gimo cuando me llega su sabor. Es todo lo que esperaba. Y temía. Porque ahora quiero más. Quiero besar a Tanner cuando mis padres y mis hermanas no estén presentes. Y ver qué pasa.

Se supone que no debo desear a mi novio falso. Pero aquí estamos.