El juego del silencio El día de la desaparición de Valèria
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El día de la desaparición de Valèria

El día de la desaparición de Valèria

Ambos observaron las bolsas de tela sin entender nada. Pero entonces el conductor sacó una pistola y les apuntó.

—No me vayáis a cabrear —dijo de mala leche—. ¡Rápido!

Los dos miraron el cañón del arma y se fijaron, con estupor, en que aquel hombre tenía los brazos extraordinariamente peludos.