El juego del silencio El día de la desaparición de Valèria
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El día de la desaparición de Valèria

El día de la desaparición de Valèria

En aquel momento, en Arcavell, Carla y Jan se subían a su coche.

Empezaron a recorrer las calles del pueblo y, al hacerlo, comprobaron la magnitud de lo que estaba ocurriendo.

Ponía la piel de gallina. Todos los vecinos habían salido de casa.

Todo el mundo. Desde los mayores hasta los más pequeños.

Desde los agricultores de las tierras bajas hasta la dueña de Can Pintor, o incluso ese grupo de hombres que nunca se movían del bar, todos estaban en la calle, peinando la zona.

—¿Adónde vais? —les preguntó una vecina.

Carla bajó la ventanilla y le respondió:

—Nos han dicho que tenemos que ir a la Seu, a presentar la denuncia ante el juez.

La mujer les deseó buena suerte y siguió buscando a Valèria.

Los dos estaban conmovidos; avanzaron con el coche contemplando la rabia y la impotencia y la sed de justicia.

Contemplando a un pueblo entero movilizado.

Y toda la gente era necesaria, no faltaba nadie.

Todos aportaban lo que podían: las herramientas, los tractores o el conocimiento de cada hondonada, de cada montaña y de cada matorral.