39 #3
Justo entonces, Phil vino hacia nosotros, le rodeó la cintura a Jonathan con los brazos y le dio un beso detrás de la oreja en una flagrante demostración de propiedad.
Jonathan parecía tener sentimientos encontrados: estaba complacido, pero también muerto de la vergüenza, se le puso rojo el pecho y le salieron manchas.
No se lo presentó a Sue. Me fijé en que Honor estaba charlando con Mark en una esquina antes de dirigirse hacia aquí. La noche no podía ir a peor.
—¿Dónde está Mairin? —le pregunté a Linda.
—¿Mairin? —repitió, como si no supiese a quién me refería. En menuda persona superficial y caprichosa se había convertido.
—Tu amiga , a la que invitaste a la noche del estreno.
Se encogió de hombros y entonces vio a Honor venir hacia aquí. Se le iluminó la cara y la saludó.
—Tengo que irme —espeté. Me sentía inestable, como si el suelo que pisaba estuviese moviéndose.
—¿Qué, tan pronto? —preguntó Jonathan.
—Jacques no se encuentra bien, así que más vale que vaya a cuidarle. —Me las apañé para decir en un tono normal, o eso pensé.
—¿En serio? —preguntó Linda—. Antes estábamos charlando y parecía estar bien.
—Ha sido de repente.
—¡Hola, Honor! —exclamó Linda en cuanto llegó la duquesa, y le plantó tres besos en las mejillas—. ¿Te ha gustado la obra?
—No la he visto —contestó perezosamente—. El teatro no me va mucho.
—Ay, pues entonces tienes que verla —dijo Linda con entusiasmo—. Mark es un genio.
—Eso he oído —respondió.
—Además, ¡Jessica ha estado increíble!
—Seguro que sí —dijo tras mirarme de arriba abajo.
—No te vayas, Jessie —suplicó Linda—. ¡Se acabó la prohibición de tomar sustancias! Conociendo a Jacques, él preferiría que disfrutases de tu noche —continuó, y me guiñó el ojo.
Hasta yo sabía que estaba demasiado desequilibrada como para meterme esa noche.
—Mejor me voy a cuidar de mi novio —dije, recalcándole la palabra a Honor.
—Te acompaño —interpuso Sue—. Seguro que estás agotada.
—¡Qué tontería! —gritó la voz de Mark desde el éter. ¿Cómo podía haberlo escuchado desde el otro lado de la sala?—. Jessica McSwain tiene fuelle para rato.
—La verdad es que no. —Me oí contestar—. Esta noche está un poco enferma.
—Ay, nooooo —soltó Linda—. Espero que no sea nada terrible y supercontagioso.
—Gracias por preocuparte… —contesté con un tono y una expresión impasibles—. Celebradlo por mí.
—¡No te preocupes, lo haremos! —Le sujetó el brazo a Mark cuando se acercó.
Sue me guio hacia la puerta con la mano apoyada en la parte baja de mi espalda.
—Buenas noches, Jessica. Y enhorabuena por una actuación de lo más auténtica y personificada. Ahí arriba no había ni rastro de falsedad. Te has dejado la piel. —Se despidió Mark—. Me ha gustado cómo has encontrado tu poder al someterte al final.
¿De verdad lo creía? ¿Había…?
De camino a la salida, pasamos al lado de Patrick, que tenía el brazo echado por los hombros de Dearbhla y al mismo tiempo estaba rodeado por una muchedumbre de admiradoras.
Sue hizo amago de dirigirse hacia él, supuse que para darle la enhorabuena.
Tiré de ella para que se alejase. Fue pasando la mirada de él a mí y algo semejante a una especie de comprensión de lo ocurrido atravesó sus facciones.
—Ay, corazón —espetó. Fuera, el ambiente era húmedo y tranquilo—.
¿Quién era esa chica tan espantosa, la que parece amiga de Linda?
—preguntó. De pronto, unos sentimientos poderosos y contradictorios me golpearon e hicieron que fuese incapaz de pensar o casi de mantenerme en pie—.
¿Qué pasa, Jessie? —dijo tras percatarse de que ocurría algo.
Me paré en seco y dije:
—Gracias por venir. Pero ya es hora de que vaya a buscar a mi novio. —Estaba echándola, volvía a alejarla de mí. Lo único que quería en ese momento era estar sola, sola, sola. Pero al mismo tiempo despreciaba todo cuanto era yo.
—Vale, Jessie, si estás segura —contestó en voz baja. Escuché las notas de rechazo en su voz y retrocedí. Era incapaz de lidiar con su dependencia, sin importar la forma que tomase.
—Lo estoy —respondí—. Gracias por venir. —Mi tono decía: «Aunque tampoco te lo hubiese pedido».
—Da igual lo que haya pasado ahí arriba esta noche, has estado espectacular. Y eso es algo que nadie te puede arrebatar —afirmó mientras me abrazaba.
—¡Gracias! —exclamé a la ligera, representando de forma espectacular lo contrario de lo que sentía en realidad.
—Tienes un gran futuro por delante, no lo olvides.
Entonces, se dio la vuelta para marcharse y sentí unas ganas desesperadas de volver a estar entre sus brazos.
La observé, vi el rechazo reflejado en la caída de sus hombros y me sorprendí de lo cruel que podía llegar a ser.
¿Me merecía lo que había ocurrido esa noche?
¿Se había materializado por mi culpa? Lo más raro de todo ese episodio tan espantoso fue que Patrick me besó y me lamió el ombligo, como si supiese lo que más dolor le causaría a Jacques.
¿Le había contado a Linda lo mucho que le gustaba a Jacques besarme el ombligo?
¿Ella se lo había dicho a Mark? ¿Y luego él se lo había dicho a Patrick… ?
¿Estaba estableciendo conexiones plausibles y posibles o era cosa de mi paranoia que no dejaba de crecer?
Sentí como si mi mente fuese una pantalla siseante y sibilante de televisión, sintonizada en un canal con interferencias a perpetuidad.
Mi cuerpo era todo necesidad y no había manera de saciarla.