19 #2
Fui directa a mi cuarto, me hormigueaba todo el cuerpo, y me tumbé boca arriba; mis dedos encontraron el camino hacia mi clítoris y luego a mi interior.
Sentí como si todo me doliese y estuviese en carne viva, pero era intensamente necesario.
Me corrí y me relajé un momento antes de volver a sentir cómo se acumulaba esa energía en mi interior.
No me había dado cuenta de que Jacques había entrado hasta que terminé y me di la vuelta.
Estaba de pie en la puerta, parecía avergonzado y cachondo.
—¿Necesitas ayuda?
Volví a ponerme los pantalones y me los abroché sin mirarlo.
—¿Dónde estuviste anoche? —Podía escuchar el tono persuasivo que empleaba Sue con mi padre cuando se largaba y volvía a presentarse sin ninguna explicación.
Jacques se sentó a mi lado en la cama y me apoyó la mano en el muslo con suavidad. Me entristecí y me cabreé de forma inexplicable con mi joven cuerpo por excitarse. Le aparté la mano de una bofetada.
—Voy a darme una ducha. Me gustaría que ya no estés aquí para cuando vuelva.
—No lo dices en serio.
Sue solía hacer ese mismo comentario cuando saltaba contra ella por cualquier comportamiento absurdo que estaba teniendo con mi querido padre; por lo general, algo relacionado con echarle de casa con todas sus pertenencias en mitad de la noche. Solía decirle:
—Al final, te vas a acabar yendo tú , ¿a que sí? Haznos un favor a todos. Vete y así él se quedará.
—No lo dices en serio —respondía ella con voz temblorosa y pequeña.
—Lo digo en serio —contestaba yo, y le cerraba la puerta de un portazo.
¿Qué habría pasado si se lo hubiese creído?
Papá se habría marchado de todas formas, ¿y entonces dónde habría acabado yo?
Pero no pude evitarlo, esas palabras volvieron a salir de mi boca:
—Lo digo en serio. —Y, de nuevo, la puerta resonó con fuerza cuando salí.
En el baño compartido del pasillo, puse la ducha ardiendo y me quedé debajo hasta que mi piel no pudo soportarlo más; unas lágrimas calientes de enfado se mezclaron con el torrente de agua.
Sentí una embriagadora mezcla de una sensación justificada de victimismo y de abandono, aunque fuese yo quien se estuviese alejando.
Contuve la respiración hasta ver unos puntos negros. Estaba mareada y quemada.
Alguien aporreó la puerta del baño, no parecía dispuesto a rendirse.
—¿Sabes? Eso no se puede hacer. Llevas más de los diez minutos que te tocan. —Siguió aporreando la puerta. Salí, me sequé a toda prisa, me envolví la toalla alrededor del cuerpo y pasé junto a un tío que no había visto en mi vida.
—¡Jooooder!
Lo rodeé.
—¿Es que no sabéis pensar en otra cosa, capullos?
—Anda, pues tampoco estás tan bien por delante —dijo a la vez que levantaba las manos en el aire. — Me parto de risa —. ¡Pero menudo culazo!
Jacques estaba tumbado en mi cama cuando volví a mi habitación y sentí tanto alivio que noté la amenaza de unas lágrimas. Me tiró de la toalla de forma juguetona.
—Quítame las manos de encima. —Era lo contrario de lo que sentía en realidad.
—¿Qué pasa, Jess? —Me soltó y se irguió.
—Está feo que te pires cuando saco un tema que no te hace gracia… y que luego vuelvas tan campante esperando que nos acostemos.
—Jess, también está feo que me exijas cosas o que me amenaces. —Tenía razón—. Además, no te estoy exigiendo que nos acostemos, jamás lo haría. Pensaba que igual te apetecía, ya está.
Otra vez, tenía razón. Odié que fuese tan razonable, eso solo hacía que mi comportamiento errático pareciese más pronunciado. Abrí la puerta del armario y me escondí detrás para vestirme y taparle la vista, haciendo el paripé de ocultarle mi cuerpo desnudo.
—Necesito saber dónde estuviste anoche. Necesito saber qué pasa con tu familia y cuál es tu historia. Me estás ocultando cosas —dije.
—Jess, no quiero ocultarte nada…, pero tampoco quiero destrozar lo que tenemos…, es algo valioso…, es una burbuja solo nuestra y no quiero que explote. —Estaba intentando dar con las palabras adecuadas.
Me emocionó bastante su uso de las palabras «valiosa» y «burbuja». Salí de detrás de la puerta del armario y le guiñé el ojo.
—Oye, yo me arriesgué a presentarte a Sue y estamos bien.
—Mi familia es distinta: está a otro nivel de disfuncionalidad.
—Ponme a prueba.
—Mi hermano fue quien provocó que mis padres se marchasen: mamá en cuanto se lo permitió la ley y papá unos años antes, cuando las cosas se pusieron difíciles.
Jacques también conocía el abandono. Fue raro que no me sorprendiese.
—¿Qué le pasa a tu hermano? —pregunté con suavidad.
—No podía vivir con normalidad. Y ahora se pasa la vida borracho, descontando los días. —Se le contrajo un músculo de la mandíbula.
Lo rodeé con los brazos y le susurré al oído:
—Oye, ahora que sé más de ti te quiero aún más.
—Era la primera vez que cualquiera de los dos decía «te quiero» en cualquier tipo de contexto—.
¿Sabes? No tienes por qué ocultarme nada —afirmé mientras me acurrucaba contra él.
Era la primera vez que nos acurrucábamos sin que eso diese pie al sexo.
Nos abrazamos durante unos instantes y no pude evitar soltar—: Jacques, quiero que me presentes a tu hermano.
—No es verdad —suspiró, tan bajito que apenas lo escuché.
— Sí que lo es, insisto.
—No tienes por qué hacerlo, Jess —contestó—. Te pido que, por favor, no lo hagas.
—Vale, pero ¿estás de acuerdo? A partir de ahora nada de secretos entre nosotros.
Se quedó callado y se limitó a estrecharme con más fuerza, luego me dio un beso en la coronilla.
Decidí no mencionarle la comida con Mark.