El juego de Caronte (Elena Carrasco 2) 18
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21:53h.

Elena se encontraba en primera línea policial juntos con sus compañeros los inspectores Manrique y Ortega. Detrás decenas de agentes armados junto a Mauleón, y varias ambulancias. Tras el cordón policial, centenares de personas esperando expectantes el final del show. Algunos llevaban pancartas de ánimo a Caronte, a Némesis y a Rocío.

La inspectora Carrasco sabía que millones de personas verían la retransmisión, su cara estaba en multitud de medios informativos como la mujer al mando de una operación policial imposible. Miró su móvil. Némesis se despedía del streaming junto a Caronte, moribundo y con sus minutos de vida contados.

—Doscientos noventa y siete millones de espectadores. Un récord sin precedentes. Este fue el sueño de Caronte, por vuestros comentarios, algunos creéis que ha sido demasiado light, otros que era nauseabundo, divisiones de opiniones. Dos mujeres que se llevaron la palma en cuanto a nuevos seguidores, el Team Rocío y el Team Silvia, solo pudo quedar una, y esa fue Rocío, que en cinco minutos será libre. Por otra parte, Álex, nuestro Community Manager, me chiva por el pinganillo que nos habéis visto desde ciento cuarenta y siete países, testigos de justicia real. Ocho criminales entraron, algunos con delitos mayores que otros, pero al fin y al cabo ocho criminales que el sistema no castigó adecuadamente, ocho que destruyeron vidas y recibieron sentencias ridículas. Nosotros hemos corregido ese fallo del sistema. Rocío Blanco estafó millones a personas inocentes, les robó sus ahorros, los de sus familiares, algunos no lo pudieron soportar. Ha sobrevivido, por probabilidad, tal vez por suerte, pero pagó por sus pecados, sufrió y vio morir a sus compañeros. Se inyectó casi quinientas jeringuillas en su cuerpo, y eso, también es justicia. En tres minutos las compuertas de esta nave se abrirán, la policía entrará y nos entregaremos. Aceptamos las consecuencias porque esto valió la pena. Esto fue “El juego de Caronte”. Durante toda la noche uno de nuestros colaboradores, ajeno a esta nave, os pondrá los mejores momentos del show, todas las pruebas resumidas, y también los testimonios de todos los familiares de las demás víctimas que quisieron hablar para nosotros, para el juego. Soy Némesis, y aquí termina el juego. Adiós.

El streaming se fundió a negro y Marcos Villar mandó apagar el equipo, el cual otro técnico cogería el relevo.

El sistema de seguridad comenzó a pitar intermitentemente a las 21:59h. Un minuto después todo quedó desactivado y las compuertas se abrieron. Elena entró con su arma reglamentaria en la mano junto a los inspectores, y seguidamente entraron las unidades policiales. Todo el equipo tenía las manos en alto. Némesis quedó en primera línea. Miró a Elena mientras era esposada.

—Inspectora, tranquila, nos entregamos, sin resistencia. Espero y deseo le vaya muy bien el embarazo.

Una vez detenida, la inspectora se acercó hasta la sala que hacía de falso laboratorio. Un vómito y, a menos de medio metro, Silvia Montero, muerta, tirada en el suelo. Los mercenarios la seguían custodiando. Todos ellos fueron detenidos sin oponer resistencia.

Elena se acercó a Darío Santamaría, se puso frente a él.

—Señor Santamaría, está usted detenido. Tiene derecho a guardar silencio…

—Inspectora… Valió la pena…

Darío se quitó la mascarilla y sonrió, un último aliento mientras su vida se terminaba de apagar por completo. Mauleón se acercó al cerebro del show.

—Señor, acaba de morir…

—Que lo lleven al depósito junto a los demás.

—El forense tendrá suerte de no necesitar hacer autopsias.

—Todo esto, inspectora, se nos ha ido de las manos. Ellos han quedado como los inteligentes, y nosotros como los idiotas que no supieron desactivar un edificio electrificado.

Uno de los TEDAX se acercó a Elena.

—No hemos visto jamás un método tan complejo como este. Necesitamos respuestas para un futuro si volvemos a encontrarnos con algo parecido.

—El perito forense está aquí, ¿verdad? Pídanle ayuda, él dará con el sistema de seguridad, que haga un informe exhaustivo. Y, por favor, que nos saquen del directo, esto es desagradable ya.

Los detenidos se multiplicaban. Treinta y cuatro, más Caronte, más Adrián. Treinta y seis personas trabajando en esa nave para ofrecer un show sin precedentes. Elena reconoció a Álex Ferrer de haberlo visto una vez dando los datos de redes y audiencias.

—Álex, ¿verdad? —hizo un gesto al agente para que lo soltase—. Soy la insp…

—La inspectora Elena Carrasco, lo sé yo y lo sabe medio mundo. Buen trabajo, el nuestro pero también el suyo.

—¿Cómo se para el streaming? ¿Cómo desconectamos las cámaras?

—Cuando quiera Luther. Hasta entonces seguiremos en directo. Cuando me han detenido llegábamos casi a los trescientos millones de espectadores en directo.

—¿Quién es Luther? Colabora y hablaré con el juez, te caerá una condena mínima.

—Inspectora, no he matado a nadie, en sí mi condena será mínima.

—Colaborador en secuestro, homicidio… No sé, Álex, yo no cantaría victoria.

—Trabajador durante dos días en un programa de televisión. ¿Amoral? Sí, lo reconozco, todos tenemos un precio, inspectora. El mío lo voy a pagar para después cobrarlo.

Elena hizo un gesto al agente para que se lo llevase. Llamó a Nerea.

—Los hemos detenido…

—Os estamos viendo, el streaming sigue operativo. Destruid las cámaras fijas.

Elena se percató de ello, se sintió imbécil. Miró a Ortega e hizo un gesto haciendo un círculo con la mano, pidiéndole a su vez que entre todos desactivasen las cámaras tirando del cable.

—Vale, lo vamos a hacer ahora. ¿Tienes manera de rastrear la IP?

—Llamé a varios colegas, uno de ellos colabora con la Policía, el mejor hacker español y uno de los mejores del mundo. Le he dejado entrar en mi ordenador. No ha podido hacer nada, el encriptado le fascina, dice que es único, imposible de entrar en el sistema, por lo que la única opción que queda es cortar los cables.

Ortega cortó el cable de una de las cámaras. El streaming se centró en él. La cámara no se apagó. Varios agentes hicieron lo propio, pero siguió igual. Solo las cámaras físicas con supervisión de un operador lograron ser desconectadas. Las cámaras IP fijas en pared y techo seguían en el aire. Elena se sentía frustrada.

—Comisario, la única opción que tenemos es romper las cámaras.

—Había cuatro bomberos, ¿siguen fuera?

Elena se movió unos pasos, miró y asintió.

—Que traigan sus hachas y rompan todas las cámaras fijas que estén emitiendo.

Las cámaras acabaron rotas en varios pedazos. El streaming comenzó a quedar en negro, y las cámaras que se iban intercambiando, las interceptaron y las rompieron los bomberos con ayuda de varios agentes de policía.

El show terminó con diez muertos y una mujer que no dejaba de llorar. Elena la custodió.

—Rocío, estás a salvo.

La superviviente abrazó con todas sus fuerzas a la inspectora.

Todos los detenidos fueron llevados, de manera repartida, a los calabozos de las Comisarías de Mieres, Oviedo, Gijón y Avilés. En unas horas pasarían a disposición judicial, y, muy probablemente, este les mandaría a prisión, preventiva incondicional a la espera de juicio.

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