El juego de Caronte (Elena Carrasco 2) 16
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15:34h.

Elena se sentía frustrada. Miró a su compañero de Mieres, Manrique.

—Ya van dos asesinatos puros. Este ha sido más cobarde y más cruel.

—Darío Santamaría se ha creado una snuff movie en potencia, y desgraciadamente, esto somos, Elena, putos voyeurs, cotillas por naturaleza, sumamos el morbo y mira si vende… Un buen ejemplo lo tienes cuando echaban el Sálvame. Mi mujer es adicta a esa mierda, y yo muchas tardes me sentaba en el sofá con ella a verlo. ¿Qué famosa se ha quedado arruinada? Lo descubrirán en breve. Y lo decían dos horas después, y ahí seguíamos, clavados tragándonos mil anuncios y tonterías entre los colaboradores. Puro morbo. Queremos ver, sentir, descubrir, es parte de la naturaleza humana.

—¿Lo estás justificando?

—En absoluto, estoy dejando claro que como sociedad somos una mierda, un fracaso. Si esa retransmisión en directo no la hubiesen visto más de cuatro millones, el Caronte de los cojones se habría pegado un tiro y se hubiese acabado todo, todos a la calle y aquí no ha pasado nada, pero le dimos lo que quería. No va a llegar a ser la retransmisión más vista de la historia, el récord lo tiene la final de Qatar 2022, Messi tiró mucho al mundo, y un partidazo como era Francia contra Argentina pues derivó en historia, pero dudo mucho que algo hecho en España por españoles haya tenido tanto éxito jamás. Han llegado a más de ciento cuarenta millones de espectadores, Trendic topic mundial en Twitter, mires la red social que mires la palabra Caronte está por todos lados. Si eso no es un éxito…

—No quieres, pero lo endiosas…

—Es un puto genio, lo siento, como policía es mi enemigo, es un delincuente, pero hay que darle el mérito que se merece. Y que esos rehenes no son inocentes, son asesinos, violadores, había un pederasta, gente que tenía que haber estado en prisión, que se gastaron millones para atraparlos, para investigarlos, y cayeron en saco roto, de nuestros impuestos, jugando con la justicia, y ganando sin tener motivos para hacerlo.

En aquel momento llegó el inspector jefe Carlos Ortega.

—Mira, hablando de atrapar e investigar, el hombre que gastó su tiempo en arrestar a Rocío Blanco. Inspectores, Manrique, Ortega, Ortega, Manrique.

Los inspectores se dieron un apretón de manos. Elena se notaba insoportable con el embarazo, pero su personalidad no iba con callarse las cosas, por lo que continuó.

—Ortega, has salido en el documental contra Rocío, supongo que te habrás visto, tú y más de cien millones de personas, ahora eres famoso y todo. Tendrás que explicar cómo ha llegado ese vídeo a este punto del streaming.

—Un chico de Caronte producciones, se puso en contacto conmigo, era para un documental. Accedí.

—¿Y por qué no informaste? Porque me imagino que viste algo del streaming.

—Claro, y vi a Rocío, me alegré incluso, pero no lo vinculé.

—Carlos, no me jodas, ¿Caronte producciones y no lo vinculas con “El juego de Caronte”?

—Elena, no me toques los cojones, soy un buen policía, honrado y al servicio de la ley, y no, no vi al Caronte de los cojones, vi dos pruebas, en directo, lo puso mi mujer, ni siquiera sabía cómo se llamaba el show. Tu marido me conoce bien, sabe cómo soy.

—No sé, tengo la impresión de que sudaste como un cabrón para conseguir pruebas contra Rocío Blanco y se burló de todos, la viste ahí dentro y te la peló.

—Por supuesto que me la peló, si muere, que se joda, pero no soy tan cínico, de haber visto algo hubiese avisado al comisario. Y no pienso discutir más, esa tipa merece todo el sufrimiento que le pueda pasar por todo el daño que ha causado, y no, no lo siente, la he tenido de frente, si se salva, se hará viral, se creerá la dueña del mundo, querrá tener hasta su propio reality, ¿y sabes por qué lo sé? Porque la he interrogado durante horas, y sé cuándo tengo un narcisista delante. No vi más del programa porque me dio asco. Y no, no quiero salvarla, pero soy policía y es mi obligación intentarlo.

—¿Tan hija de puta es?

—No se arrepiente, mi mujer me lo cuenta todo, que llora, patalea, a veces colabora —miró a los agentes que estaban a su alrededor—… No la creáis una puta palabra. Es muy manipuladora, fría, calculadora. ¿Sabéis cuándo tenéis al mal delante de vuestras putas narices? Ella es el mal. Pero no mata con un cuchillo, ni con una pistola, mata lentamente, estafando, arruinando vidas y familias, y lo hace de una manera tan viva y tan desalmada que lo hace ante notario para salvarse. Logré arrestarlo, Luis Manuel Martínez del Haro, ¿adivináis cuánto tardó su abogado en sacarlo a pesar de que tenía pruebas de millones cobrados en A pero también en B? Desfalco, ni por esas, la misma tarde estaba fuera. Pisan el sistema, nos pisan a los policías. Y sí, inspectora, quiero que se pudra ahí dentro, porque si sale va a ser la puta ama, y si puede seguir estafando para ganar más dinero, lo hará. Ha confesado doce millones estafados, al principio eran tres, y yo os digo desde ya que son más de cuarenta. Llamadme hijo de puta, pero ojalá muera con violencia, con sufrimiento, con mucho dolor.

Elena quedó perpleja.

—Sí que te dejó huella…

—Mira, Elena, soy amigo de Urko, así que te voy a hablar como si fueses amiga mía también, más allá del compañerismo que podamos tener. Hay asesinos en la trena que son muchísimo más inocentes que esa tipa, y sí, me dejó una huella imborrable, con la investigación casi cerrada me planteé por primera y última vez si merecía la pena trabajar como policía en un sistema fallido como el nuestro. Así que, sinceramente, no asocié las dos preguntas que me hicieron sobre Rocío Blanco con el show del capullo demente ese, si lo hubiese sabido, Mauleón hubiese sido el primero en saberlo, y no, no me arrepiento de mis declaraciones, haz una queja formal si lo ves oportuno, pero esa hija de puta está mejor muerta que continuando su vida de lujo mientras nietos de ancianos que intentaron pagarles sus estudios se quedaron sin los ahorros de media vida de esos abuelos y sin estudios universitarios. Gente que ahorró durante años pasando penurias para poder dejarles algo a sus hijos y murieron en la ruina, llegó a quedarse con pisos, desahuciando a sus legítimos dueños. ¿Y crees que porque la ha secuestrado un loco se arrepiente? Créetelo tú, porque yo, no.

—¿Sabes qué pienso, Ortega? Que si tú, que tienes más templanza que yo, que eres mucho más sereno y coherente, hablas así, si me hubiese ocurrido a mí sería yo misma quien entrase por esa puta puerta a cargarme a esa tipa. Hay límites. Por una vez desde que todo este circo mediático comenzó creo que Darío Santamaría está impartiendo una justicia que falló en su debido momento.

—¿Y ahora qué va a pasar?

—Pues —miró su reloj— que nos quedan más de dos horas hasta el próximo streaming en directo y más de cuatro para tener montado todo el operativo. ¿Te vas a quedar aquí?

—El jefe me ha sacado del caso del ladrón de bicicletas municipales que me había asignado, creo que esto es más excitante.

—No podemos hacer nada, de hecho artificieros del TEDAX siguen aquí por protocolo, tienen que esperar a que termine esta pesadilla —miró a Manrique—. ¿Ha comido?

—Qué voy a comer si estamos aquí como imbéciles desde hace horas.

—Les invito aunque sea a unos pinchos, porque de comer no creo que nos den a estas horas —Miró a los agentes que estaban alrededor—. Ustedes, si no han comido, aprovechen, algo más de una hora. A las 18:30h les queremos de nuevo aquí.

*​*​*

Por la tarde…

Silvia estaba tumbada en su colchón. Rocío comenzó a hablar con ella desde la celda de al lado.

—Parece que tú o yo, una no se salvará.

—Y no merecemos vivir ninguna, tú eres una hija de puta y yo una drogadicta.

—Habla por ti, pedazo de zorra, que intentaba tener una charla amena contigo. Claro, como eres la chica viral, la que gana pruebas y la que tiene al público a su favor siempre…

—¿Qué más me dará el público, Rocío? Hemos hecho destrozos, yo físicos, tú mentales y económicos, hemos causado muertes, ruinas. ¿En serio te has parado a pensar en ello o solo quieres quedar bien con la audiencia?

—Está claro que si se salva una de las dos tendrá su minuto de gloria, y quiero ser yo quien se salve, claro está. No me voy a quedar de brazos cruzados. Pero este hijo de mil putas de Caronte reparte su dinero con el equipo, ¿y para la ganadora qué?

—¿Te parecen poco doce millones de euros estafados y que no devolvieses ni la décima parte y aún quieres más? ¿Qué clase de persona eres?

—Una con buen tipo, un físico de infarto y ganas de saraos, de fiestas, de follarme a famosos…

—No tienes pareja, ¿verdad?

—Sí, pero no importa, si vivo para contarlo, también viviré para botarlo. Fue Míster Asturias, está muy bueno, folla de muerte, pero quiero adrenalina, después de esto lo quiero todo.

—Somos muy diferentes, Rocío, lo siento, no tengo nada más que hablar contigo, suerte y que gane quien más lo merezca.

Caronte escuchó la conversación. Se lamentó. Tal vez no viviría para ver quién ganaría. Le costaba respirar y ya apenas podía hablar. El médico insistía en ponerle morfina, pero Darío se negaba siempre. Quería sufrirlo por él mismo, vivir aquella experiencia financiada con su dinero en primer plano, hasta su último aliento. El dolor era evidente, y se quejó en decenas de ocasiones, pero no quería dar su brazo a torcer. No hasta que llegase el momento adecuado.

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