El juego de Caronte (Elena Carrasco 2) 13
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Comisaría de Policía, Oviedo. 10:57h.

Elena Carrasco se levantó.

—Creo que es hora de ir a Mieres.

Mauleón la calmó.

—Espere un momento. ¿Qué opinan de lo que han visto? Tienen un punto débil, los concursantes son valientes.

—¿Y eso de qué sirve, comisario? —reaccionó la inspectora—. No pueden salir, ya lo ha visto, lo tienen todo controlado, un motín no sirve de nada, y menos siendo tres, cuando eran ocho tampoco lo hubiesen tenido sencillo, ahora básicamente es imposible.

—Están debilitados, inspectora, ni siquiera han hecho votaciones ni encuestas, algo que llevan haciendo desde el inicio. Quien sale ganando es la familia del Minotauro, son inocentes y se van a llevar un dinero calentito. Ahora sí, Carrasco, Losada y Valverde, vayan a Mieres, allí les espera el inspector Guillermo Manrique, un dispositivo de artificieros, los TEDAX, les esperará a las 12:00h en Turón. Usted, inspectora, está al mando. Mucha suerte, salven esas vidas y detengan a quienes están haciendo este show de mala muerte.

*​*​*

La Cuadriella, Turón, Mieres. 11:49h.

Elena se dirigió a Turón tras pasar por la Comisaría de Mieres. Junto a ella, el inspector Manrique y los compañeros de Madrid, el negociador, Tomás Valverde, y el perfilador, Iván Losada. La unidad de artificieros esperaba ya allí junto al polígono, en una zona que varios agentes del Cuerpo Nacional de Policía de Mieres se encargaron de acordonar. Había gente fuera, civiles, curioseando. El boca a boca había funcionado entre la población y ya sabían que el mayor espectáculo del streaming se estaba llevando a cabo allí, en el polígono de La Cuadriella.

El agente Merino, especialista en explosivos, hizo volar un dron que controló con una cámara conectada a un ordenador. Miró con exactitud cada zona, los cuatro costados y el techo. Probó a posarlo en la parte superior. Si no estaba tensionado, podría entrar por arriba una unidad especial… Pero el dron se desconectó.

—Chamuscado. Toda la nave por la parte exterior está electrificada. Probaremos con un robot, no podemos hacer más.

Otro de sus compañeros sacó de la furgoneta de los artificieros un robot que Elena comparó con el de ‘Cortocircuito’. La entrada principal tenía una cajetilla que el otro agente hubiese jurado era C4, pero no estaba seguro. Con un mando a distancia metieron al robot dentro del recinto, al cual como muestra de cortesía el equipo de Caronte había deshabilitado la electricidad. Este se fue acercando a la nave, que estaba a unos veinte metros. Una vez quedó parado a medio metro, los agentes miraron con detalle el componente que habían utilizado en la puerta. No era C4, ni tan siquiera era una trampa. Era una cuenta atrás, marcaba nueve horas y dieciocho minutos. Manrique miró a los TEDAX.

—Es lo que anoche me dijo Némesis cuando me llamó, que hay una cuenta atrás y que a las 22:00h todo se abrirá automáticamente, desactivarán las descargas y podremos entrar.

Elena intervino.

—¿Hay alguna manera humana o robotizada de evitar que nos electrocutemos si intentamos derribar la puerta?

—Imposible, inspectora, tienen un sistema demasiado moderno, seguimos pensando de qué manera poder entrar, podríamos activar un pequeño artefacto para probar si con el explosivo cortocircuita su barrera eléctrica.

—¿Y qué hacemos? ¿Esperamos hasta las diez de la noche?

—Por el momento no tenemos otra opción, lamento no ser más optimista, pero a quien hayan contratado para hacerse su propio perímetro de seguridad, solo puedo decirle que es un genio.

—Pues vamos bien. ¿Pueden probar eso que ha dicho?

—No le aseguro que vaya a funcionar, más bien diría que lograríamos llamar su atención, pero nada más. Y ya saben que estamos aquí.

Elena llamó a Mauleón.

—Señor, lo tenemos jodido, y perdón por la expresión, un miembro de los TEDAX me ha propuesto que pongan un pequeño explosivo, creen que podría cortocircuitar el sistema, pero no es demasiado optimista. ¿Doy luz verde?

—Inspectora, haga todo cuanto haga falta. Si abren a las diez, habremos perdido, si lo hacemos antes, nos llevaremos la gloria. Nerea Aguirre y Carla Méndez siguen buscando soluciones, pero lo han diseñado al milímetro, sabían que los encontraríamos, pero que también tardaríamos en hacerlo, ahora solo se puede esperar y que no llueva sobre mojado.

Elena colgó el teléfono sin responder y se dirigió al agente del TEDAX.

—¿Y agua?

—¿Perdón?

—Si está bordeado por un material eléctrico, con el agua debería hacer un chispazo. No soy experta, pero un cable eléctrico suelto en un charco de agua…

—Es posible, pero también nos jugaríamos matarlos a todos. La fusión podría ser mortal a gran escala. Precisamente han tenido suerte con el clima porque durante varios días no caería ni una gota por esta zona. Deme un momento.

El agente fue a la furgoneta a hablar con sus compañeros. Volvió con la inspectora a los pocos minutos.

—No nos la jugamos, inspectora, lo siento, no sabemos qué hay en el interior detrás de las paredes, podría ser letal.

—¿Y qué sugiere, agente?

—Esperar.

—Esperar, todo el rato igual, ¿no ve que ahí dentro hay rehenes que pueden morir en la siguiente prueba?

—Lo veo, como millones de personas, inspectora, pero prefiero ver a tres rehenes muertos que a mis compañeros o a más de una veintena de personas que debe haber dentro muertas, lo siento.

El tiempo pasaba y se acercaba la hora de la siguiente prueba. Elena abrió YouTube en su teléfono móvil y se limitó a mirar lo que estaba ocurriendo a unos metros de ella y de sus compañeros.