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03:47h.
Una llamada despertó a la inspectora, que descansaba en una de las habitaciones de la segunda planta, en Comisaría.
—Inspectora Carrasco, soy el inspector Manrique, de Mieres, hablamos hace unas horas. Espero no haberla despertado.
—No, no, tranquilo, dígame, ¿sabemos algo de la nave abandonada?
—Las vallas que separan las instalaciones están electrificadas, uno de mis agentes logró burlar el cerco, pero la nave principal está igual, hay carteles, mucha chulería, saben lo que hacen, avisan de las vallas electrificadas, alta tensión, sensores de movimiento que disparan, balas de fogueo, pretenden intimidar, pero sin víctimas, seguramente habrá más material que el agente no ha podido identificar, pero sí que distinguió las ventanas, soldadas, posiblemente con planchas de acero, todo alrededor con electrificación perimetral, tocar cualquier pared exterior es sinónimo de una descarga, ignoramos si letal o con la efectividad de un táser. Saben que sabemos que los hemos encontrado, y nos controlan ellos a nosotros mejor que cualquiera a ellos, mientras esperaba fuera, en el coche, recibí un mensaje. Se lo leo: «Inspector Guillermo Manrique, no intenten entrar, por su seguridad, la nuestra está acreditada, cualquier intento de rescate prematuro resultará en la muerte inmediata de todos en el exterior. Pueden entrar, eliminaremos la valla electrificada, solo podrán mirar, mirar paredes. Las puertas se abrirán a las 22:00h, ni un segundo antes. Y no intenten cortar la luz, tenemos generadores internos que mantendrían todo activo durante semanas.
—¿Me está diciendo que lo único que podemos hacer es mirar cómo siguen muriendo concursantes igual que cualquier civil?
—No se puede detener el streaming, técnicamente es imposible bajo mi punto de vista sin ser un experto, tampoco rescatar a los supervivientes, me dijo cuando llamó a Comisaría que tenían un negociador, olvídense, no conseguirán nada, estamos atados de pies y manos, lo único que le puedo ofrecer es, con el visto bueno del comisario, que reunifiquen sus equipos aquí en Mieres.
—Mañana será un día complicado, pero vamos a entrar, no sé cómo, pero lo haremos. ¿Este es su teléfono personal?
—Sí, puede llamar cuando quiera, sospecho que yo tampoco dormiré mucho, mis agentes están preparados para cualquier intervención, pero no les mandaré al suicidio, eso se lo aclaro de antemano.
—No, no se preocupe, no haremos nada si no estamos seguros al cien por cien.
Elena colgó el teléfono. Se sintió frustrada. No podían hacer nada. Las puertas se abrirían al día siguiente, o el mismo día, puesto que ya era martes día veintiuno. A las 22:00h. Lo que pudiese pasar a esas horas era una incógnita. La inspectora no esperaba que opusieran resistencia una vez finalizase el juego, pero no podían descargar ninguna hipótesis. Bajó un piso hasta la sala de reuniones y les informó a sus compañeros sobre la llamada. Tenían la ubicación, pero también trampas que hacían del complejo un lugar inaccesible. Les propuso descansar.
—Mañana será un día largo y complicado.
Todos asintieron.
***
09:48h.
La cuenta atrás se activó en pantalla. Dos minutos para el comienzo del próximo streaming en directo.
Mauleón se había levantado horas antes y ya estaba informado de la ubicación del show. En la mesa de reuniones tenían un plano de la nave, con las tres puertas de acceso a ella señaladas con un círculo rojo. Buscaban una entrada que parecía imposible. Un experto en explosivos iba camino a Mieres desde León. Ellos esperaron al siguiente juego antes de partir a la Cuenca Minera.
Caronte apareció en pantalla a las 09:50h. Apenas podía hablar. Némesis había insistido momentos antes en que había que hospitalizarlo, pero este le recordó el trato.
—La siguiente prueba será “El laberinto del Minotauro” —tosió y necesitó de nuevo el respirador, la cámara enfocó a Némesis.
—Quinto juego. Los obreros que hemos contratado han montado durante varias horas de la noche la estructura del laberinto, que es un cuadrado de 30x30 metros.
Las paredes eran de madera contrachapada, con el techo abierto para captar planos aéreos con visión nocturna, una iluminación mínima con luces rojas tenues cada cinco metros, pasillos estrechos de 1,2 metros y múltiples callejones sin salida, con varios giros e intersecciones.
—Quinto juego. El laberinto del Minotauro. Inspirado en la mitología griega. El monstruo, el laberinto, el sacrificio. Pero aquí, el Minotauro es real, es uno de nuestros hombres de confianza, guardaespaldas, entrenado, armado y peligroso.
La cámara mostró al Minotauro, Un hombre grande de casi dos metros de altura, musculoso, con una máscara de toro con cuernos metálicos, chaleco táctico negro, botas militares, una cámara GoPro en el pecho, perfecta para un POV del monstruo, y una porra eléctrica de 50.000 voltios, podría incapacitar o matar.
—Silvia, Javier, tenéis una ventaja, abrid la carta que se os ha entregado. Dentro hay un mapa del laberinto. Podréis compartirla con Rocío, o quedárosla para vuestro propio interés. Tenéis un chaleco con ligeras luces LED verdes que el Minotauro podrá distinguir a pocos metros, tiene órdenes de ir a por los tres. Tenéis una hora para salir del laberinto. Caronte…
—El guardaespaldas que actúa como Minotauro se llama Adrián Ruiz Gracia, tiene treinta y cuatro años, fue militar y aceptó este rol voluntariamente. Firmó contrato ante notario y conoce los riesgos —tosió fuerte pero continuó—. Si muere durante la prueba, su familia recibirá la parte pactada con él y un plus de diez millones extras, lo mismo que tienen firmados los demás colaboradores del show. Compensación completa, todo legal, todo documentado.
Álex mostró la pizarra blanca, setenta y dos millones de viewers. Némesis entró en pantalla, muy cerca del decorado.
—Entrad, tenéis treinta segundos de ventaja, después entrará el Minotauro. Tres, dos, uno…
La prueba comenzó, Javier corría con el mapa en la mano, igual que Silvia, quien iba emparejada con Rocío.
***