El juego de Caronte (Elena Carrasco 2) 10
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Comisaría de Policía, Oviedo, 21:19h.

Nerea había intentado hacer su trabajo con la mayor profesionalidad que le caracterizaba, pero los últimos minutos le habían horrorizado, al igual que había ocurrido con sus compañeros, tanto como a millones de espectadores que vieron cómo Rubén Casas dejaba de respirar.

Las denuncias estaban sobre la mesa. Todas ellas interpuestas en las comisarías de Oviedo, Gijón, Avilés, Siero y Llanera. Mauleón rompió el silencio.

—¿Por qué Rubén Casas tenía que morir? Eso no lo dijeron cuando comenzó la prueba.

Carrasco contestó inmediatamente.

—Un sacrificio en directo, al más puro estilo ‘Tesis’, sin violencia, sin mancharse las manos, necesitaban morbo, los últimos datos de audiencia eran de sesenta millones de espectadores, les debía parecer poco.

Carla Méndez la interrumpió.

—En Twitter han actualizado que han sido ochenta y seis aparatos distintos reproduciendo el final de la prueba. En televisiones de todo el mundo también han ido poniendo fragmentos en directo, y sumemos que una gran mayoría dispositivos lo están viendo varios al mismo tiempo, como es nuestro caso. Hablan medios americanos y suecos que será la mayor difusión en directo de la historia, superando a mundiales de fútbol.

Mauleón intentaba meterles prisa.

—Tenemos algo más de diez horas. Necesitamos respuestas. No nos vale con datos de audiencia, eso solo sirve para que ellos se sientan más poderosos aún. Quiero resultados. La nave, almacén, fábrica, lo que cojones sea ese lugar. Dónde está. Quedan tres pruebas, aún podemos salvar tres vidas.

La noche fue intenta, sobre todo para Nerea. La segunda planta de la Comisaría estaba provista de camas, y los colaboradores se fueron turnando para descansar. Mauleón y Tomás Valverde fueron los primeros en hacerlo. Mientras, la inspectora tuvo una charla con el perfilador, Iván Losada.

—¿Qué pasará con Caronte?

—Está endiosado, llamémosle Darío de en adelante. Morirá, ha tosido sangre, está ya con cuidados paliativos, tal vez no los quiere, estamos probablemente ante su última voluntad, morir siendo el hombre más poderoso del entretenimiento por streaming. Mañana los datos de audiencia se dispararán, seguramente pasemos de los cien millones de espectadores, y me estoy quedando corto con la cifra.

—¿Y los demás? Porque él morirá, pero los que se quedan…

—Aceptarían algún trato, tendrán buenos abogados, los mejores por parte de Darío Santamaría. No van a salir libres de esa nave, es posible que estemos ante gente sin nada que perder, pero también con otros que sin dinero podrían perderlo todo, deudas, familiares enfermos… Los guardaespaldas de Caronte son gente con antecedentes, estoy convencido, han pisado ya la cárcel y no les importa volver a pisarla a cambio de una buena subida en su cuenta corriente. Yo me inclinaría por buscar contratos, porque podríamos estar ante una retransmisión del todo legal, con su Seguridad Social y sueldos desorbitados. Nerea, podrías empezar por eso también.

—Es demasiado, llevo horas siguiendo las huellas de diversas IPs que rotan, con repetidores a lo largo del Planeta, sin un solo vínculo europeo, cuando lo tenga, daré con ellos, pero no está siendo nada sencillo, y alternativamente sigo buscando naves compradas en Asturias a lo largo de 2025, por turnos, por favor.

—Un contrato de trabajo por millones de euros, que no es uno —se replicó Elena a sí misma—, son decenas, muchos millones en impuestos, IRPF, ni siquiera sé si sería legal en España…

Losada la interrumpió.

—No hay límites, pero sí que llamaría demasiado la atención, hubiesen saltado alarmas. Opto más por un sueldo B, un pago único ya estipulado ante notario, en un paraíso fiscal.

La forense digital, Carla Méndez, asintió.

—Es mucho más probable. Desvíos de cantidades importantes a bancos de islas del Caribe, paraísos fiscales, Caronte se encargó de todo a cambio de hacer el mejor streaming de la historia. ¿De qué le valía tener todo ese dinero si iba a morir y no tenía descendientes? Se lo hubiese quedado el Gobierno, y si para más inri tiene una mente retorcida y todo le importa ya una mierda, ¿por qué no cumplir una fantasía y repartir su dinero entre todos los que estén a su lado? Tiene sentido.

Nerea encontró algo.

—No es lo que yo esperaba, pero puede ser interesante. En Facebook he encontrado un patrón dentro de un grupo llamado “No yes de Turón si”. Varios usuarios hablan de mucho movimiento de camiones en el polígono industrial de La Cuadriella, en Turón. Hay una foto.

La imagen que había hecho con el móvil el usuario que puso uno de los post de aquel grupo enseñaba un tráiler descargando, algo que no se podía apreciar, pero cuadraba con lo que estaban buscando.

—Fueron unos laboratorios que la farmacéutica se endeudó y tuvo que cerrar. Desde entonces ha estado abandonado el recinto, varios edificios con laboratorios y la fábrica, una nave de seiscientos metros cuadrados. Está en venta por Diasa Pharma S.L, pero no consta como vendido, es un recinto compuesto por seis edificios en total.

—¿Para qué gastarse el dinero de toda una vida en comprar laboratorios cuando podría untar con más dinero a sus trabajadores? —Elena bebió agua y prosiguió—. Yo gastaría en seguridad si fuese un millonario ególatra con los dos pies casi en la tumba, y es muy probable que sea así. Darío Santamaría lleva meses vendiendo su patrimonio, por lo tanto meses estudiando su plan. Si hay una grieta, la Policía le reventará su último deseo en vida. Esperemos lo peor, con problemas serios para entrar en la nave. Llamaré a Policía Nacional de Mieres, si Nerea tiene razón, los tenemos, pero con limitaciones.

Elena se excusó con sus compañeros. Estaba embarazada, y el cansancio hacía mella en ella. Llamaría a sus compañeros de Mieres y se acostaría un par de horas. La noche se antojaba demasiado larga, y el día siguiente sería infernal.

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