El juego de Caronte (Elena Carrasco 2) 8
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Comisaría de Policía, Oviedo. 15:16h.

Todos se miraron, mutuamente. Nadie decía nada. Mauleón rompió el silencio.

—¿Qué opinan? ¿Realidad o teatro?

Carla Méndez tenía detenido un frame en su ordenador personal. El abdomen de Alberto Suárez, el conductor.

—Ni está manipulado ni parece, ni mucho menos, un teatro. Es un juego mortal con una inversión importante, profesional y en mi opinión es comparable a una situación real con rehenes.

Nerea levantó la mano.

—He seguido los diversos repetidores con los que cuentan, en principio parece imposible de rastrear, van desde Moscú hasta el sur de Chile, Australia y Japón. Ni siquiera los servidores son europeos. Saben lo que hacen en todo momento, como bien dice mi compañera, son profesionales.

Mauleón se dirigió al doctor Iván Losada, el perfilador del equipo, experto en análisis personales de asesinos y criminales.

—¿Qué opinión tiene de Caronte, doctor?

—Enfermo, cáncer de páncreas, probablemente, con metástasis, es casi un cadáver andante, dicho así directa y poco elegantemente. Alguien con mucho poder, dinero, posiblemente en la lista Forbes, podemos dar con su identidad más bien pronto. A diferencia de otros perfiles sociológicos que he tratado, no parece un narcisista, delega mucho en Némesis, su álter ego femenino. Quiere ser otro Jigsaw, un slasher cinematográfico, enfermo terminal que quiere jugar, pero también tiene la esperanza de que quien entra en su juego pueda ganar y salvarse, lo ha demostrado con Alberto Suárez cuando le pidió parar. No los matan por perder, los penalizan.

Mauleón miró al negociador, Tomás Valverde, pero aún no podía hacer nada con él, no había una ubicación, ni tan siquiera estaban cerca de dar con ella, por lo que se dirigió a Elena.

—Inspectora, ¿qué le pasa por la cabeza?

—No soy experta perfilando asesinos, pero para mí es un psicópata, puede que no quisiera que Alberto Suárez muriese perforado por una rata, devorado por ella, o solo era un paripé, pero montar todo este tinglado, que no deja de ser un morbo exquisito para que el mundo vea cómo un grupo de personas, culpables o no, sean humillados, torturados, y que terminan muriendo en directo sobrepasando el concepto de las snuff movies, es propio de un sociópata, alguien ya sin nada que perder como podemos intuir, pero la pregunta es qué hacen los demás, quiénes son y por qué están llevando a cabo el streaming, porque —miró su bloc de notas— he contado seis mercenarios, guardaespaldas, azafatos o como quieran llamarles, el médico, que se salta su código hipocrático y no cura a los heridos, solo les coloca una venda, sin medicamentos, dejarlos sufrir, los dos presentadores, los obreros, que son los que cambian los decorados, he contado seis, pero puede haber más, es mucho trabajo para seis, mínimo debería haber dos más, alguien, una o más personas detrás de las redes sociales, un informático, hacker posiblemente, y, joder, con perdón, pero es todo un programa de televisión de los de prime time, ahí hay un realizador detrás, cámaras, sonidista, guionista… Estamos ante más de veinte personas, si no son treinta, lo cual descarta que esto sea un múltiple secuestro de un loco, resumiendo, es algo perfectamente diseñado y planeado con gran espacio y mucho dinero. Deberíamos empezar a indagar esa lista Forbes que ha mencionado el doctor Losada, y cotejar con naves, antiguas fábricas, un espacio grande y posiblemente vacío adquirido en un radio de cuarenta kilómetros en el último año por alguien que esté en esa lista de los más ricos de España.

—Buen trabajo, inspectora. Nerea, ¿puede usted conseguir la base de datos de la lista Forbes de los hombres más ricos de España?

—Me pongo a ello, comisario, ¿2025 o 2024?

—Ambos, puede que, si se está muriendo, haya vendido propiedades y haya perdido parte de su estatus, venta de acciones en bolsa, y presumiblemente sin hijos, sumemos que habrá pagado una cantidad insultante de dinero a sus colaboradores, también personas sin mucho que perder, no creo que hayan pensado que saldrán libres mañana por la noche. Tenemos algo más de dos horas hasta la próxima retransmisión en directo, intentemos conseguir respuestas para entonces.

Más de media hora después, Nerea Aguirre encontró un paralelismo. La lista Forbes tenía diez asturianos en 2024. Uno de ellos rompía todos los moldes en 2025. Inmuebles, dos empresas al alza en bolsa con un denominador común: su CEO principal lo había vendido todo. Darío Santamaría Estévez.

—Bingo, comisario. Tenemos a Caronte.

—¿Y la nave?

—Darío Santamaría solo tiene un piso a su nombre, todo lo demás lo ha ido vendiendo entre los últimos siete meses. Transferencias a cuentas no nominativas que no soy capaz de entrar en ellas, pero ha pasado de tener un patrimonio de más de cien millones a ochenta y cinco mil euros.

—¿Puedes acceder a su historial médico?

—Lo he intentado, señor, pero está todo encriptado, privado. Necesitaría días para desencriptarlo.

—Necesitamos la nava, o almacén. Compras de los últimos meses, desde Avilés hasta Lena, ese radio a la redonda.

Elena levantó la mano.

—Señor, Darío Santamaría es asturiano, de aquí, de Oviedo, pero hace años era de la jet set marbellí, salía en prensa rosa. Salió con dos modelos, Katerina Novotska y Tiara Gomes. Según un programa de salseo, durante los últimos años se cree que tiene una relación con una ex modelo y militar, hija de un cantaor gitano de flamenco, Valeria Cortés.

—Buen trabajo, inspectora. Aguirre, busque algo sobre esa mujer, Valeria Cortés.

La informática se puso a rastrear internet, con la dark web como principal aliada. La búsqueda quedó en varias páginas de noticias. Buscó entre los archivos policiales, en las bases de datos de los Documentos Nacionales de Identidad. Ciento cuarenta y siete coincidencias.

—No tenemos segundo apellido, ¿verdad?

Elena negó con la cabeza. Nerea siguió buscando. Paralelismos con algún tipo de contrato de compra-venta en Asturias con el nombre de Valeria Cortés. No había coincidencias momentáneas. El cuarto juego estaba a punto de comenzar. La experta en cyberseguridad siguió trabajando basándose en aquel nombre.