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Comisaría de Policía, Oviedo. 12:43h.
El comisario y la inspectora conocieron al equipo que formaría parte de la investigación. Nerea Aguirre, tras presentarse, abrió su ordenador portátil y lo conectó a la red policial. Tomás Valverde se sentó junto al comisario a la espera de escuchar las últimas actualizaciones. El doctor Iván Losada también se sentó, esperando indicaciones, y Carla Méndez se puso al lado de Nerea. Tendrían que coordinarse juntas, aunque su trabajo fuese diferente al de la experta en cyberseguridad. Mauleón les puso al día.
—Han muerto tres personas en la segunda prueba, o juego, como lo llaman. Debemos intentar que no terminen el tercero, que comienza en breve.
Nerea abría un Chupa-Chups. Paró un momento y levantó la mano.
—Señor comisario, es un imposible, aún acabamos de llegar, no tengo ninguna duda de que las IPs que utilizan son irrastreables y esto conlleva un tiempo, no es llegar y besar el santo, ojalá fuese así.
—Señorita Aguirre, en ese caso, intente que sea rápido, jugamos contra el tiempo, quedan poco más de treinta horas. Valverde, doctor Losada, comienza el tercer juego, necesitamos estar preparados para saber a qué nos vamos a enfrentar, cómo y cuándo lo podremos hacer. Todos ustedes son imprescindibles en esta investigación, y espero que este equipo acabe la operación con un éxito sin precedentes.
***
13:52h.
Caronte volvió a plano, con Némesis a su lado.
—Con vuestros votos decidisteis que, con un 42%, el concursante más odiado es Alberto. Comenzará la prueba tres con un hándicap.
—Sí, Caronte, y la tercera prueba es de las que van a cortar la comida a más de uno. Se llama “La jaula de las ratas”, y mientras los concursantes son llevados nuevamente al recinto, os cuento la mecánica del juego. En un espacio rectangular de doce por ocho metros hemos colocado cinco sillas metálicas en línea, separadas entre sí por dos metros y una mesa lateral con cinco jaulas metálicas. Dentro de cada jaula hay una rata, cinco en total. Están hambrientas y muy agitadas, no les hemos dado de comer desde ayer. En los soportes hay sopletes industriales que apuntan a cada silla. Les vamos a tapar los ojos con unas vendas, así que no verán nada de lo que les espere. Caronte…
—La jaula de las ratas, una tortura medieval, no es algo original, pero sí lo vimos divertido. Este método se utilizó en la Inquisición, en prisiones chinas y en campos de concentración. Hoy, ustedes la experimentarán en primera persona —tosió—. Cada uno de ustedes recibirá una jaula metálica atada a su abdomen. Dentro, una rata por cada concursante, como bien ha explicado Némesis, están hambrientas, llevan un día sin comer, y para poner más expectación al juego, la jaula se irá calentando progresivamente desde el exterior. Las ratas, desesperadas por escapar del calor, buscarán una salida, pero esa única salida posible será a través de ustedes.
Caronte tosió de nuevo con mayor intensidad. Némesis le tuvo que relevar.
—Las ratas cavarán, arañarán y morderán. Intentarán atravesar su piel, sus músculos y sus órganos. Pueden rendirse en cualquier momento levantando la mano. Entonces diremos ‘alto’, apagaremos el soplete y quitaremos la jaula, pero perderán.
Las jaulas quedaron selladas con una tapa metálica en la parte superior, como única apertura hacia el abdomen. Némesis habló, pero solo el público y Silvia pudieron escucharla.
—Silvia, tu ventaja. Tu jaula se calentará un 20% más lento que las demás. La rata que se te ha asignado tardará más en entrar en pánico. Usa ese tiempo sabiamente.
Esta asintió, sin decir nada.
—Alberto, tu castigo. Tu jaula empezará a 40ºC. Diez grados más caliente que los demás.
Uno de los mercenarios ajustó los sopletes, ampliando la llama de Alberto y bajando la de Silvia.
—Claro, siempre yo, ¡hijos de puta!
—El pueblo te eligió, culpa al pueblo… Sopletes activados. Que comience el juego.
Los cinco sopletes se encendieron simultáneamente, con sus llamas azules apuntando a la base de cada jaula.
Las jaulas comenzaron tibias, aún no había dolor. Las ratas comenzaron a moverse, inquietas, pero sin agresividad, con una gran presión psicológica inmensa para los concursantes, sabiendo lo que se les venía encima. El cronómetro se puso en marcha, una cuenta atrás de media hora. Cada diez minutos habría un aumento de temperatura en el soplete. Álex enseñó su pizarra: cincuenta y dos millones de viewers en aquel momento.
Los cinco concursantes comenzaron aguantando decentemente, pero la temperatura de las jaulas, entonces comenzó a subir. La de Alberto, por el castigo de la audiencia, estaba en 40ºC. La de Silvia, por su ventaja, estaba en 36ºC, y las de Rubén, Rocío y Javier estaban a una temperatura de 40ºC.
La jaula se iba calentando más, como una taza de café caliente derramada en la piel. Las ratas se iban agitando más, moviéndose más rápido y chillando, y los participantes empezaron a sudar. Cada uno de ellos se concentraba como podía para soportar la tensión y el calor.
Veinte minutos de juego. La temperatura se elevó. 50ºC para Rubén, Rocío y Javier, 60ºC para Alberto, y 42ºC para Silvia.
La jaula comenzaba a quemar levemente la piel, y las ratas empezaron a entrar en pánico. Comenzaron los primeros arañazos. Los roedores rascaban el metal de la jaula buscando una salida desesperada.
La rata de Alberto comenzó a arañar su abdomen, un arañazo superficial, con un sangrado leve. Este gritó.
Treinta minutos de juego. Diez grados más de temperatura, excepto para Silvia, que subió a 48ºC.
Comenzaron las quemaduras de segundo grado en la piel, chillidos, quejas, y las primeras mordidas en la piel. Rubén gritaba, horrorizado.
—¿Me está mordiendo, joder, me muerde!
La sangre comenzó a brotar en pequeñas gotas. Levantó la mano.
—¡Me rindo, basta, no puedo más!
Némesis mandó apagar el soplete del concursante.
—Rubén Casas. Rendido.
El soplete se apagó, y uno de los mercenarios entró, quitó rápidamente la jaula y la rata cayó al suelo, corriendo despavorida. El abdomen de Rubén quedó con varias quemaduras, arañazos y tres mordidas con sangre moderada. El médico de la nave lo atendió, vendándolo mínimamente, tal y como le había sugerido Caronte a este antes comenzar el juego.
Quedaban cuatro en juego. Alberto comenzaba a estar en peligro crítico. Cuarenta minutos, diez grados más de temperatura. Su abdomen tenía ampollas producidas por las quemaduras de segundo grado. La rata enloquecía, mordiéndole constantemente, hasta que le comenzó a perforar la piel, apenas un milímetro, pero que infringía un dolor descomunal e insoportable.
—¡Joder, está entrando, está cavando! ¡Hija de puta!
Intentó mover el torso, pero le fue imposible, estaba atado. Caronte habló, con preocupación.
—Alberto, ríndete, puede matarte.
—¡No! ¡No me pienso rendir!
Álex enseñó la pizarra. Sesenta y un millones de viewers. Un récord sin precedentes.
Cincuenta minutos. A diez del final del juego. 80ºC en las jaulas de Rocío y de Javier, 90ºC en la de Alberto, y 64ºC en la de Silvia. Rocío colapsó, no podía más. Levantó la mano, rindiéndose. Su rata había mordido su abdomen, con abundante sangre visible. El soplete se apagó, y el mercenario quitó la jaula. La mujer lloraba.
—¡Lo siento, no pude más!
—Rocío Blanco, rendida. Quedan tres. Y ocho minutos para el final del juego. Si no hay ganador o ganadora, aumentaremos diez grados más para todos hasta que solo quede uno.
Alberto agonizaba. Tenía una quemadura de tercer grado, su piel comenzaba a carbonizarse, con el plus de que la rata había perforado dos centímetros de profundidad su abdomen. La sangre fluía constantemente. Entonces, la rata mordió un músculo abdominal.
—No… voy… a… rendirme…
—Alberto, vas a morir, por favor, ríndete.
—¿Ahora… vais… de humanos? La puta rata… morirá… conmigo…
Némesis habló fuera de cámara y de audio con Caronte.
—¿Lo detenemos?
—No, él ha decidido.
Javier colapsó. Levantó la mano. El soplete se apagó y la jaula fue alejada de él. Este lloró, agradeciendo que pusieran fin a aquella tortura.
—Javier Solís, rendido. Quedan dos.
Alberto dejó de quejarse. Las cámaras se centraron en él, de una manera más morbosa de lo que Némesis pretendía. Estaba muerto. Su cabeza cedió, al igual que su abdomen. La rata lo había perforado en unos cinco centímetros de profundidad, alcanzando la cavidad peritoneal, los órganos internos. Un charco bajo la silla, entró en shock hipovolémico y dejó de respirar. Pero justo antes, con su último aliento, dijo unas palabras que Iván Roca, desde sonido, captó y amplió para que diesen emoción y humanidad a la escena.
—Emma, Lucas, Marta, Pablo… lo siento…
Todos enmudecieron. Viendo cómo caía hacia delante, mientras su pulso se detenía. Némesis tardó unos segundos en reaccionar.
—Alberto Suárez, muerto. Tenemos ganadora del tercer juego.
Dos mercenarios quitaron la jaula y apagaron el soplete. El abdomen de Alberto estaba destrozado. Estos retiraron el cuerpo.
Álex fue el primero que habló, respondiendo una pregunta de un internauta.
—Nos pregunta @fangodemimbre qué hacemos con los cadáveres.
Caronte respondió.
—Tenemos ocho cámaras frigoríficas horizontales al otro lado de la nave, allí se custodian los cuerpos para que, una vez las compuertas se abran, las autoridades puedan hacer su trabajo y estos cadáveres sean llevados al depósito.
Némesis, con un silencio sepulcral alrededor, tomó la palabra de nuevo.
—Silvia es la ganadora del tercer juego. Quedan cuatro concursantes en pie.
Les dejamos en streaming con los resúmenes del concurso, a las 19:50h volvemos en directo con la cuarta prueba. Mientras, los supervivientes descansarán en sus celdas.