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09:58h.
Caronte presentó el segundo juego.
—El collar de la verdad. Los ocho participantes ya están preparados para el segundo juego de Caronte. Sentados en sillas metálicas en círculo, separados por tres metros entre ellos —la cámara sacó a los concursantes, con una iluminación cenital dramática sobre cada silla—, deberán ser sinceros o morir callados.
La cámara enfocó a Némesis.
—Durante años mintieron, negaron, ocultaron, y hoy la verdad saldrá a la luz. Cada uno lleva puesto un collar metálico, dentro, púas de acerco. Las púas se irán clavando progresivamente en su cuello. Un milímetro cada media hora automáticamente. Para detenerlas deberán ir respondiendo a preguntas sobre sus pecados. Si el público cree que dicen la verdad, las púas se detendrán durante diez minutos, pero si la audiencia no les cree, las púas doblarán su velocidad.
Plano general de Caronte.
—Esta prueba no mide fuerza, sino que mide honestidad, algo que ninguno de ustedes conoce. El público será su juez, y el pueblo no perdona fácilmente —tosió brevemente—. Tienen cuatro horas para superar el juego, algunos morirán, otros desearán morir. Que comience el juicio.
10:05h.
Cuatro mercenarios, o bien guardaespaldas del concurso, salieron, colocándose estratégicamente detrás de los concursantes, con máscaras.
Cada collar tenía doce púas internas, distribuidas uniformemente que se moverían mediante un mecanismo hidráulico que empujaría las púas hacia dentro, así como un sensor de pulso. Si mueren, el collar se abrirá automáticamente, y un cierre electrónico que lo hacía imposible de quitarlo manualmente.
Las reacciones de los participantes eran muy diferentes entre sí. Julián suplicaba, Alberto trataba inútilmente de negociar, Óscar amenazaba, Kevin se mostró desafiante, Silvia guardó silencio, fría y calculadora, Rocío tenía un nerviosismo extremo, respiraba demasiado rápido y le temblaba el cuerpo, Javier intentaba mantener la compostura, aunque con poco éxito, y finalmente Rubén sufría en silencio un pánico profundo que le produjo una sudoración fría.
La cámara enfocó a Némesis, que estaba a pocos metros de los participantes.
—Los collares quedan activados. Las púas comenzarán a moverse en tres, dos, uno…
Sonaros varios clics consecutivos de los ocho collares, simultáneamente. La prueba había comenzado, y la cuenta atrás, también.
Cuando la primera ronda de preguntas comenzó, las púas ya se habían movido un milímetro, causando una molestia breve entre los concursantes, aunque apenas les perforaría la piel.
Caronte, desde la sombra, comenzó la ronda.
—Primera pregunta. Julián Marcos Vega. ¿A cuántos niños llegaste a tocar? Queremos un número exacto.
—Yo no hice eso, joder, ¡esos putos críos mintieron!
La pantalla mostró al momento la votación en directo que constaba de treinta segundos.
—¿Dice la verdad?
La pantalla les sacó de dudas. Un 92% dijo que NO.
—El pueblo ha hablado. Mentira.
Las púas de Julián avanzaron dos milímetros adicionales, que hacían un total de tres milímetros. Este se quejaba, comenzaba a doler.
—Alberto Suárez Paniagua. ¿Recuerdas el nombre de los dos niños a quienes mataste?
—Sí, Emma y Lucas. Y sus padres Marta y Pablo.
Su voz, quebrada, concluyó con una frase: “Los recuerdo cada día”.
La votación pública concluyó con un 64% a su favor, decía la verdad. Némesis habló.
—Insuficiente, necesitan un 70% o más. Mentira.
—¡Pero he sido sincero, he dicho la verdad!
—El pueblo no te cree, o tal vez no le importas.
Las púas de Alberto avanzaron dos milímetros, un total de tres. Gritó. Su cuello comenzó a tener sus primeras marcas.
—Doctora Silvia Montero, ¿estabas bajo los efectos de las drogas cuando operaste a tu última paciente? Piénsala bien, no he dicho víctima, he dicho paciente.
—Sí, cocaína, consumí tres horas antes de la operación.
La audiencia, sorprendida por la entereza y la brutal honestidad en la respuesta, votó con un 78% que sí, que la creían. Las púas quedaron detenidas por diez minutos. Caronte volvió a su papel de juez, haciendo más preguntas.
—Kevin Ramos Torres, ¿sabías que la droga estaba adulterada cuando se la vendiste a aquellos dos adolescentes?
—No, yo solo vendía lo que me daban, no sabía nada.
La audiencia no le creyó, con un 88% de votos en contra, sus púas avanzaron dos milímetros, sumando tres, pero no se quejó, solo maldijo.
—Rocío Blanco Soto, ¿cuánto dinero robaste realmente?
—Dos millones trescientos mil euros.
—¿Y cuánto devolviste?
—Cuatrocientos mil.
—¿Qué hiciste con el resto?
—¿No era una pregunta? Llevas mil, maldito psicópata.
—Te recomiendo que respondas…
—Invertido, en propiedades, cuentas en el extranjero…
El público votó con un 71%... que decía la verdad. Púas detenidas durante diez minutos. Llegaba la sexta pregunta del primer turno.
—Óscar Prieto Mendoza, ¿disfrutaste golpeándola?
—Sí, por supuesto, me hacía sentir bien, me sentí poderoso.
Hubo un silencio abrumador en la sala. Su sonrisa dio tanto miedo como la respuesta. El público, sorprendiendo a propios y extraños, votó con un 82%... Que decía la verdad. Diez minutos con las púas detenidas.
—¿Queríais honestidad? ¿Queríais la verdad? Ahí la tenéis, sí, disfruté como un puto animal partiéndole la cara a esa zorra…
Los diversos medios de comunicación emitieron sendas encuestas sobre el impacto global de la prueba, poniendo en duda la ética de los internautas que votaban, con preguntas que se hacían, tales como si era elegante premiar la honestidad de un monstruo.
—Séptima pregunta. Javier Solís Bermúdez. ¿A cuántas mujeres acosaste realmente? No solo las ocho que denunciaron, en total.
—Creo que han sido diecisiete, durante unos doce años.
La votación tuvo un 69% a su favor, insuficiente. Las púas avanzaron.
—El pueblo necesita estar más convencido. Caronte…
—Sí, vamos con la última pregunta de la primera ronda —tuvo un ataque de tos, Némesis continuó.
—Rubén Casas Ferrero, ¿fue un accidente o fue intencional?
—Intencional. Quería que sufrieran, quería venganza, pero el anciano… No sabía que estaba allí. Pero el fuego fue mío.
La audiencia le creyó con un 76% de votos a su favor. Púas detenidas.
—Lo siento —dijo, llorando—. Lo siento tanto…
La púas avanzaron un milímetro más en algunos casos, los que habían mentido, aquellos a quienes el público no les había creído, o quienes no habían llegado al 70%, una norma de la cual se quejó mucha gente en redes sociales, dado que no habían avisado de ello.
—Julián, estás con cuatro milímetros. Piensa bien antes de responder, tienes una segunda oportunidad. ¿Cuántos niños? Número exacto, más que segunda creo que es tu última oportunidad.
Julián hizo una pausa, larga, después susurró.
—Veintitrés, durante quince años aproximadamente. Veintitrés niños. Lo siento, lo siento tanto…
Hubo un silencio más bien largo. La audiencia, con un 89% de los votos, le creyó, era un sí, y sus púas se pararían durante diez minutos.
Alberto quiso utilizar su ventaja por haber ganado la primera prueba, sesenta segundos extras, y pregunta saltada.
—Quiero añadir algo. Sé que soy un monstruo, sé que merezco esto, pero quiero que sepan… Que los recuerdo, cada día, sus caras, sus nombres. No merezco perdón, solo quiero que sepan que no los olvidé.
Caronte no habló sobre el tema. La audiencia en redes estaba dividida, algunos conmovidos, otros furiosos. Continuó.
—Kevin, ¿Cuántas personas han muerto por tu droga? Y no hablo de aquellos dos adolescentes, queremos saber un total.
—No lo podría saber. Quizá… Quizá diez, tal vez más, no llevo la cuenta.
La audiencia estaba de su parte, lo apoyaron con un 67%, pero no era suficiente.
—¡Mierda, joder, es verdad, no llevaba la puta cuenta!
Las púas avanzaron dos milímetros más, y la sangre empezó a fluir a una mayor cantidad, al igual que el dolor. Caronte nombró al siguiente.
—Javier, ¿alguna vez sentiste remordimiento?
—No, en el momento no, sentía poder, control. Ahora… Ahora sí lo siento, pero entonces no.
Un 72% le creyó. Las púas quedaron detenidas.
Némesis hizo un recuento de la progresión de las púas.
—Silvia 2 mm, respondió bien y con pocas pausas perdidas. Rocío 3 mm. Óscar 4 mm, honesto pero brutal. Rubén 3 mm, Alberto 4 mm. Javier 5 mm. Kevin 8 mm, sigue fallando en las votaciones, al igual que Julián, un milímetro menos, 7 mm, quien, con el castigo del público, esas manos atadas, no puede aliviar la presión. Todos ellos sangrando, unos más, otros menos, escuchamos su dolor, extremo en algunos casos, como lo son los de Kevin y Julián, que están en serio peligro mortal, con las púas ya muy cerca de las arterias.
—Kevin, última pregunta. ¿Volverías a hacerlo? Si salieses hoy, ¿volverías a vender droga?
A Kevin le comenzó a salir sangre por la boca, apenas podía hablar.
—Sí, claro que sí, es lo único que sé hacer, no tengo nada más para sobrevivir.
El público no alivió su dolor, le salvó con un 91% de votos a su favor, pero Némesis tenía la última palabra.
—Verdad, pero ya demasiado tarde.
Las púas perforaron su arteria carótida. La sangre brotó con un chorro pulsante. Kevin entró en shock. «Mierda». Colapsó y en cuestión de noventa segundos murió desangrado. El collar se abrió automáticamente.
—Kevin Ramos Torres. Muerto. Quedan siete.
Álex Ferrer les enseñó la pizarra a los presentadores. Cincuenta y dos millones de viewers.
Julián, en peligro extremo, ya con púas de nueve milímetros, las manos atadas y sin poder aliviar la presión, debía contestar a la última pregunta.
—¿Te arrepientes?
—¡Sí, sí me arrepiento, joder! ¡Claro que me arrepiento, lo siento, pero por favor, déjenme vivir!
34%. Esa fue la cifra… a su favor. Julián gritó más alto mientras Némesis daba los porcentajes. Un primer plano sacó al pederasta, desangrándose mientras las púas perforaron su arteria. Otro colapso. En dos minutos se desangró y dejó de respirar. El collar se abrió.
—Julián Marcos Vega. Muerto. Quedan seis.
La cámara volvió a centrarse en Caronte, cuya fatiga comenzaba a hacerse notar y apenas podía hablar.
—Última ronda. Una pregunta para cada uno. Respondan correctamente… O mueran.
Las preguntas finales fueron rápidas, dos minutos cada una.
*Alberto: ¿Volverías a beber? → Probablemente sí → Verdad (75%) → Sobrevive.
*Silvia: ¿Volverías a operar drogada? → No, nunca más → Verdad (71%) → Sobrevive.
*Rocío: ¿Devolverías todo el dinero ahora mismo? → …No → Verdad (79%) → Sobrevive.
*Óscar: ¿La amas todavía? → Sí, por eso la golpeaba, por amor → Verdad (68%) → Fallo.
Dos milímetros adicionales, hasta un total de diez. «¡Hijos de puta, os voy a matar!». Las púas perforaron la arteria. La sangre brotaba mientras Óscar intentaba arrancarse el collar, lo cual fue imposible y murió en menos de tres minutos, desangrado y asfixiado por sangre en la tráquea.
—Óscar Prieto Mendoza. Muerto. Quedan cinco.
*Javier: ¿Te excitaba el poder? → Sí, demasiado. → Verdad (73%) → Sobrevive.
*Rubén: ¿El anciano merecía morir? → No, era inocente. → Verdad (81%) → Sobrevive.
El segundo juego concluyó. Los collares se abrieron automáticamente. Quedaban cinco supervivientes. La ganadora, por ser quien menos milímetros tenía avanzadas sus púas fue Silvia. Comida completa, colchón y una ventana para la tercera prueba que conocerá a su debido tiempo.
Comenzaba la segunda votación pública. El realizador pinchó en el plano de Némesis.
—Quedan cinco. ¿Quién de ellos merece sufrir más en la siguiente prueba? Alberto, Silvia, Rocío, Javier o Rubén. Ya se puede comenzar a votar.