El juego de Caronte (Elena Carrasco 2) 5
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Elena quedó estupefacta. No sabía qué pensar. Por un lado no era mortal, pero era humillante, y aquel streaming era ilegal, había rehenes, un morbo que no tardó en llegarle en forma de mensajes. Primero fue Urko, aunque este debía ser uno de los pocos que no se había enterado aún de nada, un simple WhatsApp de buenas noches. La inspectora conocía a su marido mejor que nadie, y sabía que esa frialdad era propia de quien tenía mucho cansancio acumulado. Mauleón también la escribió. Insistió en que se presentase en el despacho del comisario lo antes posible. Embarazada de veinticuatro semanas, se negaba a pedir la baja, no podía hacer trabajo de campo como le gustaría, tal y como le había recomendado su ginecóloga, pero desde un despacho también sabía trabajar como una más.

Comisaría de Policía Nacional, Oviedo, 20 de octubre, 09:18h.

Elena tocó la puerta del despacho de Gregorio Mauleón. Estaba solo, con ojeras y la mesa llena de papeles.

—¿Ha dormido, inspectora?

—Algo, sí.

—Yo no. Siéntese.

La inspectora obedeció. Hubo un ligero silencio que rompió el comisario.

—Anoche tuve que venir a la comisaría, el teléfono me ardía. Dos denuncias por desaparición. Rocío Blanco Soto, como bien le comenté anoche. Óscar Prieto Mendoza, su pareja, denunció su desaparición el 14 de octubre, hace unos días, aquí, en nuestra comisaría. Esta noche el 112 ha recibido llamadas de gente que conoce a los demás participantes, en Gijón ha habido otra denuncia esta madrugada, el hermano de Julián Marcos Vega… Kevin Ramos Torres es el único al que han olvidado o no tiene familiares en nuestro país. He buscado su historial, delitos menores, básicamente. Está empadronado aquí, en San Lázaro. Hace un par de horas me reuní con el Jefe de Martín de León, tenemos el caso.

—Pero, señor, necesitaríamos personal especializado.

—Y por eso yo me voy a ocupar del caso en persona, usted será mi mano derecha.

—Comisario… Hablamos de secuestro, de IPs que seguro cambian y no podremos rastrearlas, de, que yo haya contado, seis matones que no sabemos qué antecedentes tienen, pero pueden ser muy peligrosos. La Comisaría, con todos mis respetos, no tiene el personal adecuado, y yo con esta barriga no podré hacer tanto como quisiera.

Mauleón sacó uno de los dosieres que tenía en la mesa y lo abrió.

—Y por eso he pedido refuerzos. Nerea Aguirre, 28 años, vasca, un cerebrito informático, experta en cyberseguridad. Tomás Valverde, 52 años, un veterano de los GEO, experto en negociaciones con rehenes. Doctor Iván Losada, 45 años. Psicólogo forense de la Policía de Madrid, aunque es gallego, un perfilador con gran experiencia. Y por último, Carla Méndez, 35 años, forense digital, también de Madrid Centro. Nos han enviado a los mejores en cada campo, cortesía de Madrid, que se han movido como si se acabase el mundo.

—Señor, ¿y por qué nosotros? ¿Hay evidencias de que el juego se esté haciendo en Oviedo?

—Los desaparecidos son de aquí, de Asturias, nosotros somos la Comisaría Central, y como tal, nos encargaremos del caso. Sus compañeros en esta investigación están de camino. Varios agentes están preparando una de las salas de la primera planta para que trabajemos juntos, yo me incluyo. Tenemos la sospecha más que notable de que va a morir gente hoy, hoy, no mañana, no cuando termine el juego, ni cuando entremos, hoy. Caronte es un psicópata, posiblemente enfermo terminal, multimillonario, intentaremos dar con quién es, así como su Némesis y los demás colaboradores.

—Señor, el segundo juego comenzaba ahora, a las 10:00h, no tenemos tiempo.

—No, no lo tenemos, por eso hay que trabajar a contrarreloj y dejar de perder el tiempo.

Mauleón se levantó y salió junto a la inspectora por la puerta del despacho del comisario. Subieron unas escaleras que les llevarían a la primera planta de la comisaría. Una vez arriba, este abrió la segunda puerta de la derecha. Dos agentes se encontraban allí, conectando una televisión de grandes dimensiones. Había una mesa en forma de ‘U’, bien colocada frontal a la pantalla.