Capítulo 19 #2
Y Margaret Hill siguió…
—Ha hablado de sus amigos, de su colegio, de las rutinas que mantenía con sus padres y de la relación que tiene con usted.
La trabajadora social hizo una pequeña pausa y confesó:
—Ha dicho que esta es su casa.
Los ojos de Logan se llenaron de algo que desapareció casi inmediatamente.
Pero Lena lo vio.
—También ha hablado de usted, señorita Parker.
Lena se enderezó.
—¿De mí?
—Mucho.
—¿Y qué tal?
Margaret sonrió ligeramente.
—Ha dicho que desde su llegada la casa es más divertida. Que su tío trabaja menos. Que comen juntos, hacen planes y que usted consigue que el señor Cole se meta en la piscina incluso cuando dice que tiene una llamada importante.
El evaluador bajó la mirada hacia sus documentos y Lena tuvo la sensación de que intentaba esconder una sonrisa.
—Leo considera que su presencia ha supuesto un cambio positivo —continuó Margaret—. Y no es el único.
Lena miró a Logan con un nudo en la garganta y Margaret prosiguió:
—La señora Wolf también lo ha dicho.
—¿Qué ha dicho exactamente? —preguntó él.
—Que la señorita Parker no ha sustituido a nadie en el cuidado de Leo.
Lena cruzó los brazos y murmuró:
—Es una mujer excepcional.
—Ha dicho que ha conseguido que usted asuma su responsabilidad —contó Margaret.
Logan soltó el aire, aliviado:
—La señora Wolf es una mujer justa.
—También ha afirmado que nunca había visto a Leo tan tranquilo desde el accidente.
El salón quedó en silencio y Margaret cerró la carpeta.
—He hablado con la señorita Parker.
Logan volvió la cabeza hacia Lena.
—¿Cuándo?
—Hace dos días —respondió ella.
—No me lo dijiste.
—No me preguntaste.
—Parker.
—Cole.
Margaret carraspeó.
Los dos la miraron.
—La señorita Parker ha hablado muy bien de usted.
Lena notó que Logan volvía a observarla.
—Ha dicho que usted quiere a Leo. Que conoce sus miedos, sus costumbres y sus necesidades. Que ha cambiado su vida para poder estar presente y que, aunque todavía tiene mucho que aprender, nadie está más dispuesto a hacerlo.
Logan no apartó la vista de ella y Lena sintió calor en las mejillas.
—También ha dicho que usted es insoportable —añadió Margaret.
El evaluador tosió y Lena sonrió.
—Eso también era relevante.
—Gracias —murmuró Logan, mordaz.
—De nada.
Margaret volvió a ponerse seria.
—Todas las personas entrevistadas coinciden en algo: Leo se siente seguro aquí.
Logan apretó los dedos sobre su rodilla.
—Su entorno ha recuperado continuidad. Mantiene su colegio, sus amistades y los vínculos que tenía antes del fallecimiento de sus padres. Además, su participación en su vida cotidiana ha cambiado de forma significativa y sostenida.
—¿Qué significa eso? —preguntó Logan.
Margaret dejó la carpeta sobre la mesa.
—Que mi recomendación será que Leo permanezca bajo su tutela.
Durante unos segundos, nadie se movió.
Logan la miró como si no estuviera seguro de haberla escuchado correctamente.
—¿Va a recomendar que se quede conmigo?
—Sí.
—¿Y qué posibilidades hay de que el juez siga su recomendación?
Margaret intercambió una mirada con el evaluador.
—Con el expediente actual, muy altas. No puedo anticipar una resolución judicial, señor Cole, pero no existe ningún elemento que me haga pensar que Leo deba abandonar su entorno.
Él tragó saliva.
—¿Y Edward?
—El señor Whitmore seguirá formando parte de la vida de su nieto. Mi propuesta incluirá un régimen de visitas amplio, vacaciones y contacto regular. Pero trasladar a Leo a Canadá en este momento supondría romper demasiados vínculos importantes para su bienestar.
Logan bajó la cabeza y se llevó una mano a la boca.
Lena se conmovió porque nunca lo había visto así de desarmado, sin una respuesta y sin ninguna defensa.
Margaret esperó.
—Gracias —consiguió decir él finalmente.
—No me lo agradezca todavía. Será necesario formalizarlo y tendrá que mantener los cambios que ha realizado.
Logan levantó la vista.
—Lo haré.
—No solo durante unas semanas.
—Lo entiendo.
—Leo necesita que esté presente incluso cuando el expediente deje de existir.
—Lo estaré.
Margaret asintió y habló con una sonrisa leve en su rostro:
—Entonces creo que puede convertirse en un gran tutor para él.
Logan cerró los ojos un instante. Lena colocó la mano sobre la suya; esta vez, él entrelazó los dedos con los de ella y no la soltó hasta que Margaret y el evaluador abandonaron el ático.
Leo apareció en el salón apenas se cerraron las puertas del ascensor.
—¿Qué ha dicho?
Logan seguía de pie junto a la entrada.
El niño miró a Lena.
Después a su tío.
—¿Qué pasa?
Logan se agachó.
—Te quedas.
Leo frunció el ceño, sin poder creer lo que estaba escuchando:
—¿Aquí?
—Aquí.
—¿Contigo?
—Conmigo.
El niño permaneció en silencio unos segundos y después se lanzó contra él.
Logan lo abrazó con tanta fuerza que casi perdió el equilibrio.
Lena se llevó una mano al pecho de la emoción y Leo hundió la cara en el cuello de su tío.
—Yo sabía que me iba a quedar.
Y la voz de Leo le salió amortiguada.
Logan cerró los ojos despacio y masculló:
—Yo también.
Era mentira.
Lena lo sabía.
Había estado temiendo que le quitaran a su sobrino hasta el último segundo de la conversación con Margaret.
Pero en aquel momento daba igual.
Leo se separó y corrió hacia ella.
—¡Me quedo, Lena!
—¡Te quedas!
La abrazó con mucha fuerza. Logan se puso en pie y trató de disimular que tenía los ojos enrojecidos.
—Tenemos que celebrarlo —dijo Leo.
—Por supuesto —repuso Logan.
—¡En Belinda’s Corner! —sugirió el niño, feliz.
Lena sonrió y soltó, tan eufórica como ellos:
—¿Dónde si no?
—Quiero hamburguesa.
—Qué sorpresa —murmuró Logan.
—Y batido.
—Eso tendrás que negociarlo con tu tío —comentó Lena, divertida.
Leo miró a Logan al momento y preguntó, poniendo cara de gorrión asustado:
—¿Puedo?
—Puedes pedir lo que quieras.
—¿También tarta?
—También.
Lena lo miró y le advirtió a Logan…
—No te emociones demasiado, que va a acabar poniéndose malo.
—Hoy hay que emocionarse…
Leo salió corriendo hacia su habitación para cambiarse.
Lena se quedó junto a Logan. Lo miró y susurró, feliz:
—Se queda.
—Se queda.
Logan soltó una risa breve y después la abrazó, no como parte de ninguna actuación.
La abrazó de corazón. La estrechó contra él y enterró la cara en su pelo.
—Gracias.
Lena apoyó la mejilla sobre su pecho.
—No he hecho nada.
—Has hecho todo —reconoció Logan con la voz tomada por la emoción.
—Has sido tú.
—No.
Logan se separó lo justo para mirarla y afirmó agradecido:
—Sin ti no habría conseguido esto.
Lena sintió que el corazón le golpeaba demasiado deprisa.
—Logan...
—No sé cómo voy a devolvértelo.
Ella intentó sonreír.
—Ya me has pagado la carrera y reformado la casa de mi madre. Creo que estamos en paz.
—No hablo de dinero.
Lena dejó de sonreír.
Él tampoco añadió nada.
Desde el pasillo llegó la voz de Leo:
—¡Voy a pedir dos postres!
Logan cerró los ojos.
Lena soltó una carcajada y le advirtió:
—Ese es tu problema ahora.
—Uno de muchos.
—Pero el más importante ya está resuelto.
Logan la miró y replicó sin poder creerlo aún:
—Sí.
Y justo entonces Lena supo que había llegado el momento de empezar a preguntarse cuál era su lugar en aquella casa ahora que ya no la necesitaban.