Capítulo 18
Volvieron caminando hasta la casa casi sin hablar. No porque no tuvieran cosas que decir. Precisamente por eso.
Cada vez que alguno levantaba la vista, encontraba al otro sonriendo sin darse cuenta y entonces ambos volvían a mirar hacia el camino.
—Esto es un poco raro —murmuró Lena al llegar al porche.
Logan sacó las llaves del bolsillo.
—Bastante.
—Llevamos días besándonos.
—Fingiendo.
—Exacto.
Él abrió la puerta.
—Y resulta que los besos de verdad son mucho más complicados.
Lena soltó una risa.
—No sabía que el gran Logan Cole pudiera ponerse nervioso.
Él la miró de reojo.
—No me estoy poniendo nervioso.
—Ah, no.
—Solo... estoy intentando descubrir qué se supone que hacemos ahora.
—Menos mal.
—¿Por qué?
—Porque yo tampoco tengo ni idea.
Entraron en la casa. El silencio era completamente distinto al del día anterior. No estaba Leo correteando por el pasillo. No se escuchaba la voz de Claire preguntando si alguien tenía hambre. Ni Henry buscando las llaves del trastero.
Solo el rumor lejano del mar entrando por las ventanas abiertas.
Lena dejó las sandalias junto a la puerta.
Logan dejó las llaves sobre una consola.
Los dos permanecieron inmóviles unos segundos.
—¿Tenemos que cenar? —preguntó ella.
Él sonrió.
—Supongo.
—Qué rollo.
—Eso no suele decirse después del primer beso.
—No era el primero.
—El primero de verdad.
Ella bajó la vista.
—Tienes razón.
Logan dio un paso hacia la cocina.
—¿Me vas a cocinar algo?
—¿Eso es una prueba?
—No. Es curiosidad.
—Ya has probado mi pasta.
—¿Hervir agua cuenta como cocinar?
—Parker...
Ella sonrió.
—Vale, ya he recuperado a Logan.
—Nunca me fui.
Prepararon la cena entre bromas.
Lena insistió en que él cortaba las verduras demasiado perfectas.
Logan respondió que ella las estaba destrozando.
—Las verduras no tienen por qué medir todas lo mismo.
—Claro que sí.
—¿Por qué?
—Porque quedan mejor.
—Eso solo lo piensas tú —soltó Lena, entre risas.
—Y cualquier persona con sentido estético.
—Acabas de discutir con una licenciada en Bellas Artes.
—Entonces retiro lo del sentido estético —zanjó Logan, divertido.
Ella cogió un trozo de calabacín y se lo lanzó.
Rebotó contra su camisa.
Logan la miró.
—¿Acabas de atacarme con una verdura?
—Ha sido un accidente.
—Claro.
Él cogió otro trozo.
Lena levantó un dedo.
—Ni se te ocurra...
Cinco segundos después tenía el calabacín en el pelo.
—¡Cole!
Él soltó una carcajada.
—Ahora estamos en paz.
—Ni de lejos.
Ella se acercó para devolverle el ataque, pero, al quedar frente a él, se detuvo. Habían reducido la distancia sin darse cuenta. Logan tenía una pequeña mancha de harina junto a la mandíbula. Lena levantó la mano para quitársela.
Sus dedos rozaron la piel de él.
Ninguno de los dos habló.
Aquella misma mano que unos minutos antes había lanzado un trozo de calabacín permaneció quieta sobre su rostro.
—¿Qué? —preguntó Logan en voz muy baja.
—Nada.
—Di…
—Me estás mirando de un modo…
Ella sonrió apenas.
—Es culpa tuya —le interrumpió Lena.
—¿Mía? —replicó Logan mordiéndose el labio inferior.
—Sí.
—¿Qué he hecho ahora?
—Besarme.
Él soltó una risa suave.
—Es verdad.
—Y ahora resulta imposible hacer como si no hubiera pasado.
Logan negó lentamente. No quería jugar a eso y así que le dijo:
—No quiero hacer como si no hubiera pasado.
Aquellas palabras se quedaron suspendidas en el aire.
Lena tragó saliva y decidió tener la valentía de decir también la verdad:
—Yo tampoco.
Él buscó su mano sobre la encimera y entrelazó los dedos con los de ella.
Fue un gesto pequeño.
Mucho más pequeño que el beso de la playa.
Y, sin embargo, a Lena le pareció todavía más íntimo.
Porque no nacía del impulso, nacía de la decisión.
Después, cenaron en la terraza mientras el sol desaparecía lentamente sobre el mar.
Hablaron de los padres de Logan, de las dieciséis veces que Leo había bostezado con Edward, se rieron imaginando al niño contándolas una por una y después el silencio volvió a instalarse entre ellos.
Esta vez ninguno sintió la necesidad de romperlo.
Cuando terminaron de recoger, caminaron hasta la arena de la playa que tenían frente a casa.
La playa estaba casi vacía.
El cielo comenzaba a llenarse de estrellas.
—¿Te arrepientes? —preguntó Logan de repente.
Lena tardó unos segundos en responder.
—¿Del beso?
Él asintió.
Ella negó despacio.
—Ni un segundo.
—Yo tampoco.
Se miraron y los dos supieron que ya no había más preguntas. No hacían falta.
Logan dio un paso hacia ella, pero esta vez fue Lena quien lo besó primero. Sin miedo, sin pensar, sin contar los segundos.
Y comprendieron que ya era imposible volver al punto en el que todo aquello había empezado.
Cuando regresaron a la casa, ninguno necesitó decir lo que ambos estaban sintiendo.
Logan le apartó un mechón de pelo de la cara.
Ella apoyó la frente contra la suya.
Sonrieron.
Y, por primera vez desde que se conocían, dejaron que la noche decidiera por ellos.
Logan la besó despacio en el cuello, mientras deslizaba un tirante del vestido.
—Cole…
Lena cerró los ojos, respiró el aroma del perfume delicioso de Logan y él se apoderó de su boca.
Atrapó el labio inferior, dio un tironcito, se abrió paso con la lengua y buscó la de ella.
El beso fue abrasador.
Las lenguas se enroscaron y las manos empezaron a volar por todas partes.
Eso no estaba en el plan, pero ya era inevitable.
Se miraron y se lo dijeron todo.
No había vuelta atrás. Era lo que llevaban días deseando y por fin había llegado el momento.
Logan la agarró por la cintura, la pegó contra él y le susurró al oído:
—Me enciendes como nadie, Parker.
Lena sintió la erección contra su cuerpo, tragó saliva y medio jadeante de deseo musitó:
—Y tú a mí.
—¿Hace cuánto que deseas que esto pase? —preguntó él, mirándola con unos ojos de león hambriento.
—¿Quién no desea estar en la cama de Logan Cole?
—Tú me dijiste que tú no —replicó él, en un tono muy sexy.
—Yo sé que no debo estar en tu cama.
—¿No debes?
—Eso es, pero no siempre hago lo que debo.
Lena le pasó las manos por el cuello y le besó profundo y con ganas hasta que se quedaron otra vez sin aliento.
Luego, se quedaron frente a frente. Logan le recorrió los labios con el dedo índice y masculló:
—He fantaseado con hacer tantas cosas con esta boca…
Lena se excitó más todavía, atrapó el dedo y él lo introdujo entero.
Logan la miró sintiendo que no podía desearla más y le cuchicheó al oído:
—¿Cómo quieres que sea contigo?
Lena lamió el dedo bien, él la penetró un poco y luego sacó el dedo para que ella respondiera.
—Quiero que seas Logan Cole.
Logan la cogió por el cuello, la besó de la forma más posesiva e intensa que jamás la habían besado y le susurró con los labios pegados a los de ella:
—Es la primera vez. Puedo ser suave y dulce.
Lena negó con la cabeza, porque no quería eso. Al menos, no solo eso…
—Quiero que lo seas todo —musitó al fin.
Volvieron a besarse desatados, sin parar, devorándose con un hambre que tenían de días y luego él coló las manos por debajo del vestido.
Le acarició las nalgas y la levantó, sorprendiendo a Lena, que le rodeó el cuerpo con las piernas.
Así la llevó en brazos hasta su dormitorio, mejor dicho, el que estaban compartiendo los dos.
La dejó sobre la cama, le quitó las braguitas, le lamió los muslos y llegó hasta el vértice.
Lena gimió de pura anticipación y luego él empezó a devorarla de un modo exquisito.
Lena se aferraba a las sábanas para soportar aquello, que era simplemente maravilloso.
—¿Todo bien, preciosa? —preguntó él, que de pronto se paró para mirarla.
Lena asintió con la cabeza, porque no podía hablar y él siguió recorriéndola hasta que la hizo estallar de placer de un modo que hizo que Lena agradeciera que estuvieran solos, porque no pudo contener un grito.
—Dios —musitó Lena, cuando acabó.
Él se tumbó a su lado y siguió tocándola hasta que le arrancó un segundo y hasta un tercer orgasmo.
—Sabía que eras así.
—Logan —susurró ella, exhausta.
—Me gusta que digas mi nombre. Dilo otra vez.
Lena lo miró a los ojos sintiendo unas mariposas tremendas en el estómago y susurró:
—Logan.
—Lena.
—Me has dejado muerta.
—Sabía que ibas a gozar así.
—¿Qué pasa? ¿Llevo tatuado en la frente la palabra multiorgásmica o qué?
—Fuego. Te miro y veo fuego. Un fuego que no puede apagar un Ryan cualquiera…
—¿A qué cuento viene que traigas a colación a Ryan ahora?
—A cuento de que solo yo soy quien puede apagarlo.
—Ya estás siendo tú. Tan Cole…
—Y te gusta.
Se miraron, luego Logan le quitó el vestido y el sujetador y después él hizo lo mismo con su ropa.
Ya desnudos se puso un condón y ella lo miró escandalizada.
—Madre mía.
—¿Qué sucede?
Lena tragó saliva porque no solo era el cuerpo y el tamaño de su erección, era esa energía que proyectaba de absoluto dios del sexo.
—No imaginaba que fuera así.
Logan se tumbó encima de ella y se deslizó hasta el fondo de una embestida seca.
—Logan.
—Eso quiero. Dime mi nombre, dilo otra vez, preciosa.
Lena dijo su nombre y él volvió a penetrarla. Ella gimió y él empezó a hacérselo, al principio despacio y lento…
—Me encanta cómo me aprietas…
Lena se sentía más llena que nunca, lo de ese hombre era una auténtica pasada y le estaba haciendo sentir más que nadie.
Le arañó la espalda del placer y se atrevió a pedirle más.
Lo necesitaba.
Necesitaba sentirle bien dentro y que la dejara saciada como nunca nadie le había dejado.
Logan la miró y sintió una conexión tan brutal que supo que eso no tenía nada que ver con lo que hacía con sus amigas.
—Voy a follarte. Pero es algo más…
Logan empezó a hacérselo mucho más duro y Lena, mientras se metía los nudillos en la boca, no supo qué decir.
La estaba follando, aquello era sexo, pero sabía perfectamente que no era solo eso.
—Logan…
Lena volvió a gritar su nombre y él sintió que le daba un vuelco al corazón. Su nombre en labios de esa chica sonaba tan distinto…
Logan la besó desatado, le dio la vuelta, la puso a gatas y siguió penetrándola para que recordara aquel día.
—No quiero que lo olvides, preciosa.
—Jamás —dijo ella, mientras no paraba de gritar de placer.
Y así siguieron haciéndolo, hasta que Logan estalló también con un gruñido bronco.
Se retiró el condón, se tumbó al lado de ella y se quedó mirándola sin poder creerlo.
—No sé cómo ha pasado…
Lena le besó suave en los labios y le dijo con el corazón latiéndole muy fuerte:
—No lo sé. Pero ha estado genial…
—Esto solo es el principio.
Lena arqueó una ceja y preguntó temblando entera:
—¿El principio?
Logan le acarició el cuello, los pechos, le pellizcó suave los pezones y descendió otra vez a su sexo que penetró con los dedos.
Lena se estremeció entera y él se apoderó de su boca de un modo exigente:
—Me gustas demasiado, Parker.
Lena lo miró mientras él seguía estimulándola y habló con la voz trémula:
—Y tú a mí.
—No vas a salir de mi cama. No pienso dejarte.
—Mañana cuando vengan todos no creo que pueda gritar así.
—Te follaré suave.
—Vale.
—Pero hoy no.
—¿No?
—No. Hoy quiero que grites hasta reventar los cristales.
—Logan por favor…
—Sí. Y lo vas a hacer.
Logan empezó a estimularle el punto que nadie le había tocado. El G. Y se lo hizo tan bien que Lena creyó que iba a desmayarse.
Y cuando ya no pudo más, cuando le gritó a Logan que iba a romperse, él se levantó, la cogió en volandas, la dejó en el suelo y ella sucumbió a un orgasmo descomunal que la dejó con las piernas mojadas.
Logan la abrazó fuerte, ella escondió la cabeza en su cuello y rompió a llorar.
—Perdóname —le pidió—. Soy una boba.
Logan le levantó la barbilla, la besó y le susurró mirándola de un modo que cualquiera hubiera dicho que era amor:
—Eres una mujer ardiente. No pidas perdón por eso.
—Es la primera vez que un hombre consigue sacar todo esto de dentro de mí.
Logan la besó suave en la mejilla y sonrió con una mirada salvaje:
—Me alegro tanto de que te hayas dejado llevar…
—Esto no lo habría hecho con nadie más que contigo.
—Confías en mí.
—No lo sé.
—¿No lo sabes?
—No soy ingenua, Logan. Escuché a esa mujer hablarte. Sé que eres un buen amante y sé que podrías ser adictivo.
—¿Y cuál es el problema?
—Que yo no necesito un amante.
—¿Y qué es lo que necesitas? —preguntó con la mirada que abrasaba.
—No necesito nada. Soy feliz como estoy. No tengo entre mis planes enamorarme. Y me lo estás poniendo muy difícil.
—Tú también.
—Pero yo voy a querer tener algo más. Una relación. No soy de tener sexo sin más. Y tú no quieres una relación.
—Yo vivo el momento, preciosa.
—Tú no eres de relaciones serias, no quieres comprometerte.
—Lena, te lo acabo de decir. Estoy viviendo esto. Me gustas. Quiero tenerte en mi cama. Y no quiero a nadie más.
—Yo tampoco quiero a nadie más. Pero podría también querer más… Va a ser difícil no enamorarme de ti. Si es que ya no estoy pillada.
A Logan le gustó escuchar aquello, pero no iba a dejar nunca de ser sincero con ella:
—No voy a decirte lo que tienes que sentir. Pero sabes que en este momento mi prioridad es Leo.
—Ya.
—Me gustas, me haces reír, me pareces una chica increíble y me pones duro como jamás me ha puesto nadie.
—Sí, claro… —sonrió Lena, convencida de que estaba mintiendo descaradamente.
—Créelo. No imaginas la de veces que he tenido que disimular cada vez que nos besamos porque me pongo duro como una roca.
—Madre mía.
—Me gustas como nadie. Es verdad. Siempre me has llamado la atención. Pero luego abrías el pico…
—Y me odiabas —terminó Lena, la frase por él.
—Me entraron ganas de follarte duro hasta que me pidieras más.
Lena notó que las mejillas se le ponían rojas y que su sexo se contraía de pura excitación:
—Logan… Eres un…
—Pídemelo.
—¿El qué?
—Que te lo haga otra vez.
—¿Puedes? —preguntó Lena, sin dar crédito.
Logan le agarró de la mano que tenía tatuada y se la puso sobre la erección durísima.
—No me lo puedo creer.
—Es para ti, preciosa. Solo para ti.
Lena puso los ojos en blanco y poco a poco fue aflojando las rodillas hasta que acabó con ellas en el suelo.
Y le dio placer con su boca. La tomó poco a poco, hasta que acabaron cediendo sus mandíbulas y Logan la penetró duro hasta que acabó derramándose dentro de ella…