El juego de amarte Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

—¿Te persiguió la policía? —preguntó Logan.

—¡No! —respondió Lena.

—¿Seguro? —insistió Logan.

—¿Por qué os interesa tanto esa parte? —inquirió Lena, perpleja.

—Porque estamos considerando dejarte un spray cerca de un niño —contestó Logan, arqueando una ceja.

—Eso ha sonado muy feo, Cole.

—Era la intención —insistió Logan.

Leo señaló el libro y se le ocurrió algo mejor todavía:

—Podemos hacerlo los tres.

Logan negó con la cabeza.

—No sé pintar.

—Yo te enseño —dijo Lena.

—No necesito aprender.

—Todo el mundo necesita aprender cosas nuevas —le dijo Leo, frotándose las manos.

—Yo ya aprendo cosas nuevas.

—¿Cuándo? —inquirió Leo.

—En el trabajo.

—Pero dime algo que aprendas nuevo que no sea del trabajo —le pidió el niño, escrutándolo con la mirada.

Logan se quedó callado y Lena sonrió.

—¿Por qué debería aprender a pintar? —preguntó Logan.

—Porque Lena estudió Bellas Artes y te puede enseñar. ¡Aprovecha que tienes a la profe en casa!

Logan miró a Lena sorprendido porque era la primera noticia que tenía:

—¿En serio?

—Estudié Bellas Artes, pero no me puedo ganar la vida con ello. Así que me decanté por el Derecho.

—¿Derecho es tu segunda carrera?

—Me gusta estudiar. Y siempre me interesó también… No solo el arte.

—¡Y ahora puede enseñarnos todo lo que sabe y solo será en una parte pequeña de la terraza! —concluyó el niño, dando saltitos en la silla de la ilusión que le hacía.

Después de saber que Lena tenía estudios de Bellas Artes, algo cambió en Logan. El plan ya no le sonó tan raro y cedió un poco preguntando:

—¿De cuánta pared estamos hablando?

El niño abrió los brazos todo lo que pudo.

—Así.

—Eso no es pequeño.

—Un poco menos.

Logan miró a Lena y le preguntó temiendo que hicieran un auténtico destrozo:

—¿Puede borrarse?

—Podemos pintar encima si queda horrible.

—Quedará horrible —aseguró Logan.

—Gracias por la confianza —bromeó Lena.

—No me refería a ti.

—¿A quién, entonces? —inquirió ella.

Logan señaló al niño y él abrió la boca, ofendido.

—Yo dibujo muy bien.

—El martes dibujaste algo y tuve que preguntarte tres veces qué era.

—Era un perro.

—Parecía una patata —repuso Logan, alzando las cejas.

—Era un perro gordo.

Lena tuvo que reírse y Leo cruzó los brazos.

—Pues tú no pintas ni eso. Mejor el perro patata que nada de nada.

Logan lo miró y no le quedó otra que replicar:

—Dirijo una empresa.

—No cuenta.

—Cuenta bastante.

—No para pintar.

Se hizo un silencio. Logan volvió a mirar el libro, después a Leo y finalmente a Lena.

—Entonces, sería solo una pared… —recapituló porque no quería ser un aguafiestas.

Leo estaba entusiasmado, Lena igual… ¿Qué iba a hacer?

Leo sonrió, porque sabía que ya lo tenía…

—¡Sí!

—Una parte de la pared —precisó Logan.

—Sí.

—Nada ofensivo —advirtió Logan.

—Claro.

—Nada que pueda considerarse vandalismo —matizó Logan.

Lena levantó una ceja y luego se tronchó:

—Estará dentro de tu propiedad. ¿Cómo va a ser vandalismo, Cole?

—Eso no significa que debamos esforzarnos en que parezca un delito —metió baza Leo, que estaba gozándolo.

—¿Qué? —farfulló Logan.

—Qué poco espíritu artístico —murmuró Lena.

—Y quiero aprobar el diseño antes —exigió Logan, que estaba haciendo un esfuerzo para no reírse.

Leo miró a Lena y le preguntó:

—¿Tenemos que hacer un diseño antes?

—Sí… aunque también improvisaremos un poco.

—No vais a improvisar nada —dijo Logan.

—En grafiti hay que hacerlo —le informó ella.

Él entrecerró los ojos.

—No me estás escuchando…

—Perfectamente.

—Quiero verlo antes. No hay más.

—Lo verás.

—En papel —insistió Logan.

—En la pared se verá mejor —replicó Lena, con una sonrisa gigante.

—Parker.

Leo chocó la mano con su tío, feliz de la vida y gritó:

—¡Vamos a hacer un grafiti!

Varias personas del restaurante se giraron.

Logan bajó la voz y le pidió a su sobrino:

—No hace falta anunciarlo. ¿Cuándo está previsto hacerlo?

—El viernes por la tarde —respondió Leo, entusiasmado.

—Hoy es viernes —le recordó su tío.

—Lo sé.

—¿Hoy, entonces?

—Eso parece.

Logan asintió con la cabeza, Leo se lanzó hacia él y lo abrazó. Logan se quedó quieto, sorprendido. Después apoyó una mano en su espalda y Lena los observó con cariño.

—Te va a costar carísimo quitarlo cuando quede mal —advirtió Logan.

Leo se separó y le dijo convencido:

—No va a quedar mal.

—Eso espero.

—Será el mejor grafiti de Nueva York —aseguró el niño.

—Eso es estadísticamente improbable —comentó Logan, terminando su plato.

—No estropees el momento —le rogó Lena, risueña.

Logan volvió la mirada hacia ella.

—Tú eres la responsable de esta locura.

—No, pero de cualquier manera, será un honor participar en esta locura.

—Si pintáis algo absurdo, duermes un mes más en el sofá —la amenazó Logan, divertido.

—Duermes tú en el sofá en todo caso —repuso Lena.

—Ya duermo yo. Entonces, dicho está… te quedarás otro mes más si sale una birria.

—Vale, un mes más, si la pared te traumatiza.

Leo los miró alternativamente y observó con una sonrisita traviesa:

—Discutís mucho.

—Tu tío necesita que alguien le lleve la contraria.

—No lo necesito.

—¿Ves?

Y los tres soltaron una carcajada…