Capítulo 11
Esa noche de domingo, Lena estaba tumbada en la cama leyendo.
Logan se encontraba en el sofá, con el ordenador apoyado sobre las piernas.
Habían apagado casi todas las luces. Solo permanecían encendidas la lámpara de la mesilla de Lena y otra junto al sofá.
Después de una semana, compartir dormitorio había dejado de resultarle tan extraño.
Logan dormía en el sofá.
Ella en la cama.
Por las mañanas, él recogía la manta y colocaba los cojines con una precisión casi ofensiva.
Lena dejaba el libro abierto, un vaso de agua en la mesilla y alguna prenda sobre una butaca.
La primera noche, Logan había protestado.
La segunda también.
A la tercera se limitó a recoger la ropa.
Lena volvió a dejarla allí al día siguiente.
Era una guerra silenciosa.
Y todavía no estaba claro quién iba ganando.
El móvil de Logan comenzó a vibrar sobre la mesa.
Él miró la pantalla.
Su expresión cambió.
Lena fingió continuar leyendo.
Logan dejó sonar el teléfono.
Se detuvo.
Pero volvió a sonar unos segundos después.
—Puedes cogerlo —dijo ella.
—No es importante.
—Parece insistente.
—Lo es.
El teléfono dejó de sonar.
Aunque al poco lo volvió a hacer por tercera vez.
Logan soltó el aire, dejó el ordenador a un lado y respondió:
—Hola.
Lena bajó la mirada hacia el libro.
No quería escuchar.
Pero la habitación era enorme, no infinita.
Y la voz femenina al otro lado del teléfono se oía lo bastante alta para distinguir algunas palabras, aunque no frases completas.
Logan se levantó y caminó hacia la terraza.
No cerró del todo la puerta.
—No —dijo.
Silencio.
—Esta noche no.
Otra pausa.
—No, no estoy trabajando.
La mujer respondió algo.
Logan se pasó una mano por el pelo.
—Ya te he dicho que no.
Lena intentó concentrarse en el párrafo que tenía delante.
Lo leyó tres veces.
No entendió nada.
—No puede ser, Cindy.
La mujer elevó mucho el tono de voz y esta vez Lena distinguió perfectamente una frase:
—Hace tres semanas estabas follándome como un animal.
Logan cerró los ojos.
—Todo ha cambiado.
La mujer dijo algo más.
Algo relacionado con lo bien que lo habían pasado.
Y con todo lo que podía hacerle si él iba a su casa esa misma noche.
Lena sintió calor en las mejillas.
Bajó la mirada todavía más.
—Me estoy tocando, Logan —dijo la mujer—. Estoy muy mojada. Lista para ti.
Logan solo deseó que Lena no estuviera escuchando porque estaba muerto de la vergüenza:
—¡Para! —le exigió.
—No voy a parar, porque tengo los pezones muy duros y mi lengua está ávida de…
—¡No sigas, Cindy! Estoy con alguien…
—Podemos hacer un trío. No sería la primera vez que lo hacemos.
Logan se pasó la mano por la cara y Lena creyó que se le iba a caer la mandíbula al suelo.
—Estoy con alguien en serio.
—¡Me estás vacilando! ¿Logan Cole tiene novia formal?
—Sí.
—¿Y quién es la afortunada?
—No la conoces.
—¿No es del club? ¿No es de nuestro círculo?
—No. Es una chica maravillosa, que no se parece a nadie. Es muy especial.
Lena supuso que estaba hablando de ella…
Como novia falsa, obviamente.
Más que nada por seguir con el teatrillo, no fuera a ser que Margaret Hill también se pusiera a entrevistar a sus amantes.
Lena sonrió con su ocurrencia y después escuchó como la mujer seguía diciendo:
—Vaya, pues sí que te ha dado fuerte. Te deseo lo mejor, y si cambias de opinión, que cambiarás porque Logan Cole jamás sentará la cabeza… ya sabes dónde estoy.
Logan respiró hondo y se sorprendió a sí mismo diciendo:
—Ese Logan ya no existe.
—¿No existe ya el Logan que le gusta mucho el sexo y pasarlo muy bien?
Logan tragó saliva, carraspeó y dijo al fin:
—Buenas noches, Cindy.
Colgó y se quedó unos segundos en la terraza, sujetando el móvil. Tenía un corte tremendo y no estaba seguro de que Lena hubiera escuchado algo.
Si era así, no sabía dónde meterse.
Pero como hacía un calor espantoso y tampoco era plan pasarse la noche entera en la terraza, entró.
Lena pasó la página, a pesar de que no había terminado de leer la anterior.
Logan dejó el móvil sobre la mesa y masculló por si acaso a Lena le había molestado algo de la conversación:
—Lo siento.
—¿Por qué?
—No sé si has oído la conversación.
—No toda.
Por la forma en que lo dijo, Logan dedujo:
—Lo suficiente.
—No tienes que darme explicaciones —dijo Lena, encogiéndose de hombros.
Logan permaneció de pie.
—Quiero dártelas.
Lena cerró el libro sobre un dedo.
—No hace falta.
—Es una amiga.
—Ya.
—No somos pareja.
—Logan.
—Nos vemos de vez en cuando.
—De verdad, no tienes que...
—Sin compromiso —continuó él—. Los dos sabemos lo que hay.
Lena lo miró y terminó la frase por él:
—Sexo.
—Sí.
—Lo había deducido.
Logan asintió, incómodo. Era curioso verlo así. Había negociado una falsa relación, un contrato y hasta el lugar en el que ella dormiría sin pestañear. Sin embargo, explicar su vida sexual parecía ponerlo nervioso.
—Tengo algunas amigas —añadió él.
Lena arqueó una ceja.
—¿Algunas?
—No muchas.
—No he preguntado cuántas.
—Me he dado cuenta. Y te lo agradezco.
—No voy a hacerlo.
Logan volvió al sofá. Se sentó en el borde, pero no abrió el ordenador.
—No estoy con nadie.
—Ya.
—Quiero decir que tengo amigas con las que tengo sexo cuando me apetece. Me gusta…
—No me interesa conocer tus prácticas sexuales.
—Soy un tío normal.
—Ah…
—Estás poniendo esa cara porque has escuchado lo del trío.
—Puedes hacer lo que te dé la gana, Cole.
—Me gusta experimentar cosas. He probado de todo. Pero ya estoy cansado. No quiero más. No me llena.
—Y te vas a hacer monje —ironizó Lena.
—De momento, no. Pero quiero que te quede claro que no hay nadie en mi vida. No le estoy siendo infiel a nadie.
Lena sonrió.
—¿A tu novia falsa?
—Tampoco.
—Qué alivio —bromeó ella.
—No tiene gracia.
—Un poco sí.
Logan la observó durante unos segundos y le confesó porque además no le apetecía otra cosa:
—No voy a verme con ninguna mujer mientras dure esto.
Lena dejó el libro sobre la mesilla.
—¿Por qué?
—Porque no —respondió él.
—Esa no es una respuesta.
—Tú utilizas esa respuesta constantemente —le recordó Logan.
—Y tú siempre dices que no es válida.
Logan apoyó los antebrazos sobre las rodillas.
—No me apetece.
—No te lo impido. De verdad, que si quieres seguir viéndote con esas mujeres, hazlo.
—Ya sé que no me lo impides.
—Puedes quedar con quien quieras. Nuestro contrato no incluye exclusividad real.
Logan le clavó la mirada con una intensidad que a Lena le tembló todo y confesó:
—No quiero.
—¿Por Leo?
Logan tardó en contestar y fue muy sincero con ella:
—En parte.
—¿Y la otra parte?
—No tengo ganas de conocer a nadie.
Lena lo miró y repuso entornando la mirada:
—No tendrías que conocerla. Por lo que he oído, ya os conocéis bastante.
Él le lanzó una mirada y masculló…
—Parker.
—Cole.
Logan se echó hacia atrás.
—No quiero salir, quedar, dar explicaciones ni organizar mi vida para ver a nadie.
—Lo dices como si mantener relaciones sexuales fuera una reunión de trabajo.
—A veces requiere demasiada logística.
Lena soltó una carcajada.
—Pobrecito.
—No me compadezcas.
—Lo intentaré.
Se hizo un silencio. Logan miró hacia la ventana y le preguntó:
—¿Y tú? ¿Tienes amigos especiales?
—Follamigos. ¡No, gracias! No va conmigo. Y no estoy conociendo a nadie tampoco.
—¿Y Ryan? —preguntó Logan, porque Leo no daba puntada sin hilo.
Lena se mordió el labio inferior y replicó:
—¿Qué pasa con Ryan?
—No lo sé.
—Entonces ¿por qué preguntas?
—Leo dice que quiere ser tu novio.
—Leo tiene nueve años.
—Y según él eso no significa que sea tonto.
Lena sonrió y le contó sin darle ninguna importancia:
—Ryan es mi amigo.
—¿Solo?
—Sí.
Logan jugueteó con el borde de la manta y, a pesar de que era el tío menos cotilla del mundo, preguntó:
—¿Quedáis?
—A veces.
—¿A qué?
Lena alzó las cejas y respondió sintiendo que la respuesta no podía ser más obvia:
—¿A qué se queda con un amigo?
—No lo sé.
—Tomamos café. Vamos al cine. Paseamos. Hablamos.
—¿Solos?
—Generalmente.
—Ya.
La forma en que lo dijo hizo sonreír a Lena.
—¿Te molesta?
—No.
—Parecía que sí —insistió ella.
—Solo estaba preguntando.
—Pues haces muchas preguntas para alguien a quien no le importa.
Logan sostuvo su mirada y fue un poco más allá, aún a riesgo de parecer un celoso.
No era el caso. Él no lo era. O eso creía.
—¿Hay sexo?
Lena abrió la boca.
—¿Perdona?
Él pareció darse cuenta de que había cruzado una línea.
—Tienes razón. No es asunto mío.
—No, no lo es.
—Olvida lo que he preguntado.
Lena lo observó. Logan bajó la mirada. Podría haberlo dejado ahí. Probablemente debería haberlo dejado ahí, pero le confesó:
—No —dijo finalmente.
Él volvió a mirarla.
—¿No qué?
—No hay sexo.
Logan asintió muy despacio.
—Ya.
—¿Contento?
—Me da igual.
—Claro.
—Ha sido una pregunta tonta.
—Vale. No pasa nada. Se pueden hacer preguntas tontas…
Lena acomodó la almohada detrás de su espalda. Y Logan, ya que estaban hablando del tema, comentó:
—Ryan es atractivo.
—Lo es —confirmó Lena.
—Y parece un buen tío.
—Estupendo. Trabajador. Inteligente. Divertido.
La mandíbula de Logan se tensó ligeramente y luego masculló:
—Parece perfecto.
—Casi —matizó Lena.
—¿Entonces? —quiso saber Logan, intrigado.
Lena se encogió de hombros, soltó el aire y respondió:
—No hay chispa.
Logan permaneció callado, se echó el pelo hacia atrás y la miró.
—¿Qué significa exactamente eso? —preguntó.
—Que no siento nada especial cuando estoy con él.
—Pero quedas con él.
—Porque me cae bien.
—Solo eso.
—No todo tiene que acabar en la cama, Cole —soltó Lena, para que lo entendiera de una vez.
—No he dicho eso.
—Tu llamada sí.
Logan soltó una risa breve.
—Puede.
—Además, tampoco tengo ganas de conocer a nadie.
—¿Por qué? —quiso saber Logan, porque ese tema le interesaba muchísimo.
Lena lo miró y no pudo evitar replicar:
—Estás muy preguntón esta noche.
—Contesta.
—Trabajo. Estudio. Ayudo a mi madre. No tengo tiempo para complicarme la vida.
—Ryan no parece una complicación.
—Quizá ese sea el problema.
Logan arqueó una ceja y preguntó para confirmar que la estaba entendiendo:
—¿Que sea sencillo?
—Que todo sea demasiado sencillo.
—No sabía que eso fuera malo.
—No lo es.
—Entonces no te entiendo.
—No tienes que hacerlo.
Lena apagó la pantalla del lector, se retiró un mechón de pelo detrás de la oreja y admitió:
—Solo sé que no me apetece salir con él. Ni con nadie.
Logan asintió.
—A mí tampoco.
Ella sonrió y dijo con mucha guasa:
—Pero me estás conociendo a mí.
Logan se quedó quieto. La frase había salido como una broma. O eso quiso creer Lena. Sin embargo, la miró desde el sofá y durante unos segundos no dijo nada.
Después sonrió, pero no con la sonrisa arrogante que utilizaba cuando ganaba una discusión. Era otra, más pequeña y más verdadera.
—Es cierto —admitió.
Lena notó algo extraño en el estómago. Cogió de nuevo el libro, aunque no tenía ninguna intención de continuar leyendo y musitó:
—Y yo te estoy conociendo a ti.
—No sé si eso es bueno.
—Todavía no lo he decidido.
Logan apagó la lámpara junto al sofá. La habitación quedó iluminada únicamente por la luz cálida de la mesilla de Lena.
—Buenas noches, Parker.
Ella apagó también su lámpara.
—Buenas noches, Cole.
El silencio llenó la habitación.
Lena dejó el libro al poco y cerró los ojos.
Unos segundos después, Logan habló desde el sofá.
—Por cierto.
—¿Qué?
—El beso de esta mañana no duró tres segundos y medio.
Lena sonrió en la oscuridad.
—¿También lo cronometraste?
—No.
—Entonces no puedes saberlo.
—Sí que puedo —repuso Logan.
—Leo tiene reloj.
—Leo hace trampas.
—Claro.
Hubo otro silencio.
—Buenas noches —repitió Logan.
—Buenas noches.
Esta vez lo dijeron casi al mismo tiempo.
Los dos se rieron.
Y Lena, esa noche, tardó bastante más de lo habitual en quedarse dormida…