Capítulo 5 #2
A Logan, que estaba acostumbrado a estar con mujeres a las que regalaba sandalias de Louboutin, no se le ocurrió nada mejor que decir:
—Si necesitas un par de zapatos buenos, yo…
—¿No te gustan las sandalias que llevo? ¡Dan el pego total! Valían ochenta dólares.
—Sí, sí. Tienes unos pies preciosos —se le escapó a Logan, pues lo cierto era que se había fijado en ellos en cuanto los había visto.
—¡No estoy hablando de mis pies! Hablo de mis sandalias.
—Todo, todo es precioso —refunfuñó él—. Y en cuanto a lo que estábamos hablando, quiero que sepas para tu tranquilidad que en mi habitación hay un sofá grande.
Lena parpadeó y repitió un poco nerviosa:
—¿Un sofá?
—Muy cómodo.
—Qué caballero. ¡Estás en todo!
—Puedes quedarte en mi cama si quieres.
Ella sonrió y le aseguró desafiándole con la mirada:
—Tranquilo. Hay camas en las que sé perfectamente que jamás voy a terminar.
Logan arqueó una ceja, asintió y replicó convencido:
—En eso estamos de acuerdo.
—Fantástico —replicó ella, feliz.
—No eres mi tipo —afirmó él, rotundo. Por si aún le quedaba alguna duda.
—¡Qué alivio! —exclamó Lena, divertida—. Tú tampoco eres el mío.
—Hablas demasiado.
—Y tú das demasiadas órdenes —repuso Lena.
—Me pones de los nervios —confesó él.
—El sentimiento es completamente mutuo.
Se miraron durante unos segundos sin decir nada y Lena fue la que sonrió primero.
—Perfecto. Entonces tenemos esto clarísimo —zanjó Logan.
—Clarísimo. Otra cosa…
Logan cerró los ojos.
—Qué raro que tú no tengas algo que decir…
—Es que esto es importante. Muy importante, diría yo. Si vamos a representar toda esta historia delante de la señora Wolf y del resto... ¿habrá besos?
Logan abrió los ojos rápidamente y respondió con lo que le parecía que era lo más lógico:
—Probablemente.
—¿Probablemente?
—Alguno —matizó Logan.
—¿Cómo que alguno?
Logan se puso muy serio y, como si estuviera respondiendo a una pregunta muy sesuda, soltó:
—Un beso en los labios de vez en cuando.
—¡Qué pareja de novios tan apasionada! —ironizó Lena tronchada.
—No hace falta convertirlo en un espectáculo.
—¿Nada de lengua?
Logan la miró horrorizado y contestó con rotundidad:
—Definitivamente nada de lengua.
—Menos mal. Empezaba a preocuparme —comentó Lena, aliviada.
A lo que Logan añadió mientras también comía la ensalada:
—Podemos darnos algún beso de tres segundos, si necesitas más realismo.
Lena abrió mucho los ojos y soltó sin dejar de sonreír:
—¿Tres segundos enteros?
—Incluso cuatro.
—Cole, vas demasiado deprisa —habló Lena, apuntándole con el tenedor.
Él se rio. Y Lena se quedó mirándolo un instante. No lo veía reír demasiado. Al menos, no así, de un modo relajado y espontáneo.
Después, Logan bajó la mirada hacia su copa y farfulló:
—Gracias.
El tono había cambiado. Y Lena preguntó con el ceño fruncido:
—¿Por qué?
—Por hacer esto —respondió él.
Lena dejó de bromear y confesó la pura verdad:
—Lo hago por Leo.
—No puedo decir más que gracias.
—No hace falta. Quiero que se quede contigo.
—Yo también —masculló Logan tras respirar hondo.
—Es lo que él quiere.
Logan asintió y admitió mostrándose un poco vulnerable. Solo un poco, pero Lena se sorprendió porque nunca le había visto así:
—Y si esto consigue que Margaret vea que puedo darle estabilidad...
Lena entendía lo que quería decir. Sin embargo, negó lentamente con la cabeza.
—No.
—¿No qué? —inquirió él a la defensiva.
—Esto puede ayudar. Pero no va a ser lo que haga que Margaret te dé la custodia.
Logan bebió un poco de agua, se limpió con la servilleta y quiso saber:
—¿Y qué va a hacerlo?
—Tú.
—¿Yo?
—Sí. Estando —afirmó Lena, rotunda. Porque no había más. Eso era todo. Tan sencillo como complicado.
La expresión de Logan se endureció ligeramente.
—Tengo una empresa que dirigir.
—No lo sabía —murmuró ella.
—Miles de personas dependen de mí.
—¡Claro que lo sé!
—No puedo desaparecer un mes.
Lena lo miró y le aclaró para que lo entendiera de una vez por todas:
—No te estoy diciendo que desaparezcas.
—Entonces ¿qué?
—Que estés más presente con tu sobrino.
Logan se quedó callado, pero Lena siguió hablando:
—Si yo voy a vivir contigo —continuó ella—, no es para convertirme en la quinta niñera.
—Nunca he dicho eso —se apresuró a aclarar.
—Bien. Porque no voy a hacerlo —le advirtió Lena, muy puesta en su sitio.
—La señora Wolf se ocupa de Leo.
—Hasta que tú llegas tarde y le pides que se quede tres horas más —le recordó Lena.
Logan abrió la boca. Lena levantó una mano para que le dejara terminar lo que estaba diciendo:
—No. Escucha. Yo puedo fingir que soy tu novia. Puedo dormir en tu habitación, sonreír a tus empleados y hasta soportar esos emocionantes besos de tres segundos. Pero eso no va a arreglar el problema si tú sigues haciendo exactamente lo mismo.
Logan la observó y volvió a repetirle:
—La empresa es mi vida.
Lena sostuvo su mirada.
—Sí. —Hizo una pequeña pausa y añadió—: Pero tienes algo mucho más importante.
Lena se calló. Él esperó unos instantes y, al final, ella dijo:
—Un sobrino.
El silencio se instaló entre los dos.
Por primera vez desde que se habían sentado, Logan no tuvo una respuesta inmediata. Y Lena supo que le había dado exactamente donde quería.
Porque aquella era la parte del acuerdo que ningún abogado podía redactar por ellos.
Si Logan quería conservar a Leo, no bastaba con fingir que tenía una familia.
Tendría que aprender a ser una de verdad…