El juego de amarte Capítulo 5
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Capítulo 5

La sonrisa de Lena desapareció de su rostro. Ahí estaba otra vez: la razón por la que había ido. Bajó la vista un instante y masculló:

—Ya.

A Logan le encantó su reacción porque le confirmaba que para ella Leo también era su prioridad:

—Bien. Reforma integral —repitió él—. Lo que necesite el apartamento.

—Mi madre va a matarme.

—¿Por qué?

—Porque me ha inculcado desde pequeña que el dinero se gana con el sudor de la frente.

Logan se apoyó contra la mesa y habló con una sonrisa lobuna:

—Créeme. Fingir que eres mi novia durante un mes puede hacerte sudar bastante.

Lena levantó la mirada y le soltó en un tono de lo más irónico:

—Qué seductor.

—Lo decía por Leo —se justificó Logan.

—Por supuesto.

—Es un trasto.

—Lo adoro —dijo Lena, llevándose la mano al corazón.

—Eso ya lo sé.

—Y por él haría casi cualquier cosa.

Logan asintió, porque sabía que no estaba mintiendo. Por eso le pidió:

—Entonces acepta.

Lena lo observó y pensó en cuánto necesitaba el dinero para pagarse los estudios, en todo lo que había que reformar en casa, pero sobre todo pensó en Leo.

Y no iba a dejarle tirado. Y mucho menos sabiendo que solo eran treinta días. Ni uno más.

Asintió con la cabeza y después dijo en un tono neutro:

—Acepto.

Logan sonrió. Y fue irritante lo mucho que aquella sonrisa le favorecía.

—Perfecto.

—Parece que acabas de comprar otro edificio —soltó Lena, estupefacta.

—Los acuerdos cerrados me ponen de buen humor.

—Esto no es un edificio.

—Lo tengo claro.

—Mi madre de verdad va a echarme la bronca del siglo —confesó Lena, rascándose la nuca.

—Lo entenderá.

—Eso espero.

Logan volvió a sentarse, cerró la carpeta y le informó:

—Pasaré todo a mis abogados. Prepararán un contrato.

Lena lo miró y preguntó con una sonrisa gamberra:

—¿Un contrato de novia falsa?

—Un acuerdo de confidencialidad, condiciones económicas, duración, obligaciones...

—Obligaciones.

—Sí.

—Esto cada vez suena más romántico.

—Nunca pretendió serlo.

—Menos mal —farfulló Lena, entre resoplidos.

—¿Cuándo empiezan tus vacaciones?

—Hoy.

Logan frunció el ceño, porque aquello se ponía de lo más interesante:

—¿Hoy?

—Belinda me ha dado libre desde esta mañana. Estamos a uno de agosto.

Él miró el calendario sobre la mesa.

—Estupendo.

—¿Estupendo por qué?

—Porque desde hoy eres oficialmente mi novia.

—Falsa —se apresuró a precisar ella.

—Falsa.

Lena lo miró, puso una cara graciosa y después murmuró:

—Qué ilusión, Cole. ¡Qué ilusión…!

Logan se levantó y cogió la chaqueta.

—Vamos.

—¿Adónde? —preguntó ella, sorprendida.

—A comer —respondió Logan, como si fuera lo que tocara.

—¿Tú sabes hacer eso? —inquirió ella, entre risas.

Él arqueó una ceja.

—A veces.

—Empiezo a descubrir facetas sorprendentes de tu personalidad.

—Y apenas llevamos unas horas de relación —apuntó él, con sorna.

—Falsa.

—Parker.

—Cole.

Lena se puso en pie, él le cedió el paso y justo antes de salir, él le cuchicheó algo al oído.

—Dame la mano.

—¿Qué? —replicó Lena, dando un respingo.

—Eres mi novia… falsa. Ahí fuera está Paul que cree que lo somos. Y con lo cotilla que es, seguro que ya lo sabe toda la empresa y medio Nueva York.

—Me ha caído genial.

—Habla demasiado. Pero es bueno haciendo lo suyo.

Lena le tendió la mano y le dijo con una sonrisa de oreja a oreja:

—Aquí tienes mi mano, Cole.

Logan la agarró y entrelazó los dedos con los de ella:

—Así está mucho mejor.

Lena se envaró un poco porque no esperaba que sentir la mano de Logan Cole fuera a provocarle esa sensación.

—Madre mía… —farfulló ella.

—¿Todo bien? —preguntó él, con su aire de hombre de negocios exitoso.

—Ir de la mano de Logan Cole es una experiencia…

—Diferente a todas —le interrumpió él, con una sonrisa sarcástica.

—Es como poco creíble.

—¿Poco creíble?

—¿De verdad que Logan Cole se permitiría ir de la mano de una mujer en sus propias oficinas? ¿Logan Cole no vive por y para el trabajo? ¿Logan Cole no es ese tío que mantiene a raya sus sentimientos y jamás se muestra vulnerable?

Logan sintió que esa chica acababa de darle directamente en la línea de flotación, pero lo que dijo fue:

—Cierra el pico, Parker. Y cíñete al papel. No has firmado un contrato para dar tu opinión. Solo para interpretar un papel.

—Pues vas listo, porque yo siempre doy mi opinión.

—¿Quieres que salgamos ahí fuera discutiendo?

—¿Y qué tendría de malo? Es más, así colaría que somos novios… —replicó Lena, retándole con la mirada.

—Yo jamás estaría con una tía con la que me pasara el día discutiendo —repuso él, y aquello sonó a declaración de principios.

—Pues anda que yo… —contraatacó Lena—. Jamás estaría con un tío tan presuntuoso como tú y capaz de todo con tal de salirse con la suya.

—Lo que tú digas, Parker. ¿Salimos ya y demostramos al mundo lo felices que somos?

Lena asintió y salieron del edificio de la mano, con una gran sonrisa y saludando a todo el mundo.

El restaurante estaba a pocas manzanas de la oficina y era exactamente el tipo de lugar que Lena habría imaginado que frecuentaba Logan.

Manteles blancos, copas demasiado finas, camareros que parecían conocerlo y una carta sin precios.

Eso siempre era una pésima señal, pensó Lena.

—No encuentro cuánto cuesta nada —murmuró.

—Porque no necesitas saberlo —replicó él, como si tal cosa.

—Eso es exactamente lo que diría un millonario.

—Magnate inmobiliario —la corrigió, mostrándole el colmillo.

—Perdón. Un magnate insoportable.

Logan soltó una carcajada y pensó que le gustaba su novia falsa. No se callaba ni debajo del agua y no tenía filtros.

Era tan diferente a las mujeres con las que solía salir que sin duda había hecho la mejor elección.

Le detestaba.

Y no había ningún riesgo de que saliera diciendo que se había enamorado perdidamente de él.

¡Eso era un alivio tremendo!

Logan sonrió de satisfacción y ella le preguntó mosqueada:

—¿Por qué sonríes ahora así?

—¿Así cómo?

—Como si acabaras de tener el orgasmo de tu vida.

Logan estuvo a punto de escupir el vino que se acababa de llevar a la boca:

—Parker, ¡cómo se te ocurre!

—Es la verdad. ¿Saco un espejito que tengo en el bolso para que veas la cara que tienes?

Logan no pudo replicar nada porque apareció el camarero.

Pidieron y, en cuanto se quedaron a solas otra vez, Logan comentó:

—Has hecho muy buena elección.

—Es fácil. Aquí todo tiene que ser delicioso. Claro que yo jamás pagaría cincuenta dólares por un bistec.

—Son ciento cincuenta. Este sitio está muy bien de precio.

—¿Te parece un buen precio?

—Para el tipo de carne que es, desde luego que sí.

—Esto es obsceno.

Logan se encogió de hombros y cambió de asunto casi inmediatamente.

—Hay algo más que tenemos que hablar.

Lena dejó la carta apartada porque el camarero aún no había vuelto y replicó:

—Empiezo a odiar esa frase.

—La señora Wolf.

Lena sabía de quién estaba hablando por Leo…

—La niñera.

—Sí.

—¿Qué pasa con ella?

—No está al corriente.

—¿De lo nuestro? —soltó Lena, terminando la frase por él.

—De nuestro acuerdo.

—¿Por qué no se lo cuentas?

—Porque Margaret puede entrevistarla.

Lena bebió un poco de agua y masculló, muy intrigada por lo que tuviera que decirle:

—Ah.

—Ese es el riesgo.

—Entonces tengo que mentirle —supuso Lena.

—Técnicamente, tienes que comportarte como mi novia.

—Qué forma tan bonita de decirlo —bromeó Lena, agitando la copa al aire.

—Además, la señora Wolf parece buena.

—Define buena —le pidió Lena, porque a saber qué era lo que Logan Cole consideraba que era bueno.

Logan bebió agua.

—No pone demasiadas pegas cuando le pido que eche horas extra.

Lena lo miró fijamente y repuso espantada, aunque, claro, era Logan Cole… tampoco se podía esperar otra cosa de él:

—¿Ese es tu criterio?

—Entre otras cosas.

—¿Cuánto lleva contigo?

—Un mes y medio —reconoció Logan.

—¿Y antes?

Logan guardó silencio y antes de que cambiara de tema, ella le exigió que respondiera:

—Cole.

—He tenido cuatro niñeras en seis meses.

Lena partió un trozo de pan que tenía una pinta estupenda y preguntó alucinada:

—¿Cuatro?

—No todas se fueron por mi culpa.

—¿Cuántas se fueron por tu culpa? —preguntó tras meterse el trozo de pan en la boca.

—No estamos hablando de eso.

—O sea, cuatro.

—A veces necesito que se queden más tiempo.

Lena se quedó un momento callada y no pudo evitar exclamar:

—¡Este pan está buenísimo!

—Pues ya verás lo demás…

Lena se imaginaba cómo iba a estar lo demás, pero había algo que le preocupaba:

—Vale. Y ahora… Céntrate, Cole. Y define a veces. Porque has dicho que a veces necesitas que se queden más tiempo.

—Parker.

—¿Le has pedido a alguna que meta en la cama a Leo porque llegabas tarde?

—Sí.

—¿Muchas veces?

—Alguna —respondió él, sin darle importancia.

Lena sonrió y no tuvo más remedio que reconocer:

—Empiezo a entender a Margaret Hill.

—Gracias por tu apoyo.

—De nada.

Logan suspiró y siguió advirtiéndole de lo que le esperaba:

—La señora Wolf no es la única persona que entra en casa. Hay personal de limpieza, una cocinera, mantenimiento cuando hace falta...

—¿Y todos ellos van a declarar sobre nuestra relación?

—No lo sé. Y ese es el problema.

Lena lo miró y preguntó temiéndose lo peor:

—¿Qué estás pensando?

—Que lo mejor es que duermas conmigo.

Ella se quedó rígida y no pudo decir nada porque llegó el camarero con los entrantes.

—¿Cómo dices? —preguntó cuando estuvieron a solas otra vez.

—En mi dormitorio.

—¡Ya había entendido esa parte, Cole!

—Es lógico.

—Totalmente lógico —replicó Lena, tras probar la mejor ensalada de su vida.

—Si alguien pregunta y resulta que mi novia lleva un mes durmiendo en una habitación de invitados, el plan pierde bastante credibilidad. ¿No crees?

—Ya, pero… —farfulló Lena sin parar de comer.

—Está rico, ¿eh?

—Ya te digo. Y para una vez que voy a catar algo así en la vida…

—¿Una vez?

—No puedo pagar lo que me cuestan tres pares de zapatos por una ensalada. Ahora que está de vicio… —murmuró Lena, disfrutando muchísimo del plato.

—¿Cuánto te cuestan los zapatos?

—Me los compro de segunda mano. No pago más de veinte dólares por par.