El juego de amarte Capítulo 3 #2
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Capítulo 3 #2

Todavía no había dicho que sí, pero ya intuía que tampoco acababa de decir que no. Adoraba a Leo…

—Habla con tu jefa —dijo.

—Belinda me va a mandar al infierno.

—Habla con ella.

Lena negó con la cabeza y soltó con un punto de rabia:

—No sé cómo consigues que una idea completamente disparatada parezca una reunión de negocios.

—Años de experiencia.

—Vete —le exigió porque ese tío negociaba tan bien que estaba a un tris de firmarle el contrato.

Era demasiado persuasivo.

Y sobre todo no quería que Leo lo pasara mal, porque era obvio que lo que menos le convenía en ese momento de su vida era empezar de cero en otra parte.

Lena además sabía lo que era eso. Lo había hecho un montón de veces con su madre y sabía lo duro que era tener que desarraigarse: nuevo colegio, nuevos amigos, nuevas rutinas…

Logan sonrió y le dijo, como si el contrato ya estuviera firmado:

—Mañana hablamos.

—No he dicho que vaya a hacerlo.

—De momento…

Y se marchó pensando que Lena Parker todavía no conocía una de sus principales virtudes: era extraordinariamente paciente cuando quería algo.

Y acababa de decidir que la quería a ella, aunque solo fuera durante un mes.

Lena se quedó el resto del día dándole vueltas a la propuesta y estaba tan agobiada con el tema que se lo contó a su jefa:

—Repite eso.

Lena dejó caer el bolso sobre una silla. La cafetería llevaba cerrada casi media hora. Belinda estaba detrás de la barra haciendo caja, con las gafas en la punta de la nariz.

—Lo has oído perfectamente.

—Quiero volver a oírlo.

—Logan quiere que finja ser su novia.

Belinda dejó de contar billetes…

—Logan Cole.

—¿Conoces a algún otro Logan que pueda hacerme semejante propuesta?

—Por desgracia, no.

—Durante un mes —le contó Lena—. ¡Y viviendo en su casa!

Belinda se quitó las gafas.

—¿Y dónde está la parte mala? ¿Por qué estás así de ansiosa?

—¿Perdona?

—Es rico. Te va a pagar mucho mejor de lo que yo lo hago.

—Belinda, por favor…

—Muy rico.

—Eso no importa. Si decido hacerlo no sería por el dinero. Tú sabes que el dinero no es lo que me mueve.

—¿El sexo? Está como un tren. ¡Seamos sinceras, nena!

—¡Calla! —gritó Lena, estallando en risas.

—Yo tengo cincuenta y cinco años, pero hago pesas tres veces por semana y todavía tengo un buen meneo.

—¡Bel!

—Te lo digo en serio. Si no vas tú, yo firmo donde sea. Un mes con ese tío… ¡Guau! ¿Tú sabes lo que tiene que ser verle salir de la ducha?

—No quiero ni imaginarme lo que debe ser compartir un mes con él. ¡Somos tan distintos!

—Va a ser durísimo… fingir que eres la novia de un tío que está como un queso y además forrado. ¡Durísimo! —bromeó Belinda, tronchada.

—Le conozco desde hace años y siempre estamos picándonos —le recordó Lena.

—«Los que se pelean se desean», decía mi abuela.

—Esto es un despropósito.

—¿Para qué necesita ese pedazo de tío una novia falsa? ¡Las debe tener a patadas! —comentó Belinda, extrañada.

—Para engañar a la trabajadora social que lleva el caso de Leo.

Belinda dejó las gafas sobre la barra y esta vez no bromeó:

—¿Quieren llevarse al niño?

Lena asintió, se mordió el labio inferior y después respondió:

—Su abuelo ha solicitado la custodia. Vive en Canadá.

—Mierda.

—Sí.

Belinda conocía a Leo desde hacía tanto tiempo como ella. Había visto entrar a Alexia y George por aquella puerta. Había visto a Logan aparecer cada jueves. Y había visto también al niño regresar después del accidente convertido en una versión mucho más silenciosa de sí mismo.

—¿Él quiere irse? —preguntó Belinda, preocupada.

—No —contestó Lena, negando con la cabeza.

—¿Quiere quedarse con Logan?

—Sí.

Belinda suspiró porque también sabía de lo que hablaba.

—Tuve que criarme en siete estados.

—¿Me lo dices o me lo cuentas? —replicó Lena, con un nudo en la garganta.

—Entonces hazlo, Lena. ¿A qué esperas?

Lena parpadeó y replicó sintiendo un zarpazo de ansiedad en la boca del estómago:

—¿Qué?

—Hazlo.

—Trabajo aquí. Y el mes de agosto esto se llena de turistas.

—Ya lo sé. Soy tu jefa.

—Logan me necesita un mes entero.

—También sé contar. ¡Sé lo que es un mes entero!

—Agosto. Es ese mes en el que esto se pone hasta los topes.

—Lena...

Belinda rodeó la barra y se plantó delante de ella:

—Llevas años sin coger más de una semana seguida. Te debo vacaciones, favores y probablemente unas cuantas horas extra que prefiero no calcular porque acabarías denunciándome.

Lena sonrió, sacudió la cabeza y musitó emocionada:

—No voy a denunciarte.

—Eso espero.

Después Belinda se puso seria y habló:

—Vete.

—¿Estás segura?

—Si el crío quiere quedarse aquí y tú puedes ayudar, hazlo.

—Pero es todo tan…

—No le pongas adjetivos y hazlo —le interrumpió Belinda.

—Voy a vivir durante un mes con Logan Cole. ¿Esto está pasando? ¿En serio? ¿No es una cámara oculta?

—Es la vida —murmuró Belinda, encogiéndose de hombros.

—La vida me está empujando a fingir que estoy enamorada de él.

Belinda sonrió lentamente.

—Eso es lo que más gracia me hace.

—¿Por qué?

—Porque fingir que eres la novia de Logan Cole es la cosa más fácil del mundo.

Lena frunció el ceño y negó con el dedo índice:

—¿Fácil?

Belinda volvió detrás de la barra.

—Ya verás como sí.

—Belinda, ¿entonces digo que sí?

—¿Todavía no te ha quedado claro? Anda… Vete a casa. Buenas noches, Lena.

—Belinda… es que…

Belinda se fue a la caja y le exigió con gestos que se fuera de una vez.

Lena recogió el bolso y salió a la calle con el runrún en la cabeza: treinta días. Solo iban a ser treinta días y todo iba a quedar reflejado en un acuerdo, que seguramente redactarían un equipo de abogados cabrones.

Un contrato en el que iba a estampar su firma para hacer de novia falsa de un tío con el que jamás tendría nada en su vida.

Es que ni aunque fuera el último hombre del planeta…

O no.

Bueno, atractivo era atractivo. Muchísimo.

Pero no era su tipo.

Era pretencioso, altanero, arrogante…

Y jodidamente sexy.

¿Qué podía salir mal?