Capítulo 3
La idea era absurda.
De hecho, durante los siguientes veinte minutos Logan se dedicó a enumerar mentalmente todas las razones por las que era absurda.
Margaret Hill no le había pedido una novia.
No necesitaba una novia.
Necesitaba demostrar que podía proporcionar a Leo una vida estable.
Personas que permanecieran, rutinas y continuidad.
Logan miró hacia la barra y pensó que Lena llevaba allí...
¿Cuánto? ¿Cinco años? Quizá seis.
Conocía a Leo desde mucho antes del accidente. Sabía cómo le gustaban las hamburguesas. Sabía qué bebía. Conocía su colegio, a sus amigos, sus manías.
Había conocido a Alexia y también a George.
Y Leo confiaba en ella.
No era una desconocida a la que Logan pudiera introducir de repente en la vida del niño.
Ya formaba parte de ella, de una manera pequeña, sí.
Pero formaba parte.
—No. Ni de coña.
Leo levantó la mirada.
—¿Qué dices?
—Nada.
Logan bebió agua y se dijo a sí mismo que era una estupidez. Una estupidez gigantesca. Y, sin embargo, volvió a mirar a Lena.
Ella estaba ahora tomando nota a una pareja junto a la ventana.
“Personas que permanezcan”.
Las palabras de Margaret volvieron a su cabeza.
Lena llevaba años permaneciendo exactamente en el mismo sitio.
—¿Cuándo tiene vacaciones Lena? —preguntó Logan, así de sopetón.
Leo dejó de masticar, miró a su tío entusiasmado y gritó:
—¿Quieres saberlo para que vayamos al cine los tres? ¡Planazo! ¡Yo elijo la peli!
—¡Baja la voz! Tú no vas a elegir nada. ¡No vamos a ir ningún sitio! O sí. Bueno… ¡Ya veremos!
—¿Con Lena?
—Olvídalo.
—Has preguntado cuándo tiene vacaciones. Te ha gustado mi idea.
—No me ha gustado tu idea.
—Sí te ha gustado —insistió Leo, con una sonrisa gigante.
—Come —le ordenó, retirándole la mirada porque si no, iba a acabar sonriendo él también.
—Ya, porque si como y hablo luego me tiro muchos pedos.
—¡Leo!
—¡Es verdad! Me lo ha dicho la señora Wolf.
—¿Y esa quién es?
—Mi niñera.
Logan pensó que menos mal que no estaba delante Margaret Hill, porque lo cierto era que no tenía ni idea de cómo se llamaba la última niñera.
—Tienes nueve años. Superaste hace un montón la fase de hablar de pedos.
—Es divertido hablar de pedos a cualquier edad.
—¡Leo!
—Vale. Hablemos de otra cosa. ¿Se lo vas a pedir o no?
—¿El qué?
—¿Vas a pedirle a Lena que sea tu novia?
Dos personas de la mesa contigua se giraron y Logan bajó la voz.
—¿Quieres anunciarlo por megafonía?
—¿Se lo vas a pedir? —inquirió Leo, muerto de risa.
Logan miró otra vez a Lena y pensó que aquello era una locura.
Aunque al momento recordó que había construido buena parte de su fortuna viendo posibilidades donde los demás solo veían problemas.
Y aquello, técnicamente, era una posibilidad.
—Termina de comer —le pidió a Leo.
El niño sonrió, porque en la mirada de su tío vio que se lo iba a pedir.
—Lena es superdivertida para ser una chica.
—¿Qué es eso de para ser una chica?
—Bueno, hay chicas que son unos rollazos. Lena no. Lena es simpática y tiene una máquina tira pedos a control remoto.
—¿En serio?
—¡Es muy divertida! ¡Te lo estoy diciendo!
—En la vida no todo es diversión.
Leo bajó la vista a su hamburguesa y se limitó a mascullar:
—Ya.
Logan se mordió los labios de pura rabia, pues al momento se percató de que ese comentario no había estado nada bien.
Leo había vivido una tragedia de tal magnitud que no le hacía falta que le recordara que la vida era dura.
—Lo siento. ¿Vale? Perdóname.
—Está todo bien, tío. Tranquilo.
Logan pensó que no podía estar tranquilo porque las cosas no estaban bien.
Tenía que hacer algo para proteger a su sobrino y, después de acabarse la hamburguesa, decidió que había llegado el momento de agarrar al toro por los cuernos.
Le pidió a Leo que le esperara un momento porque tenía que hacer algo. Se levantó, se fue hasta la barra y le preguntó a Lena:
—¿Tienes un minuto?
Lena miró alrededor.
—Tengo una cafetería llena.
—Entonces treinta segundos.
—Qué comprensivo.
Logan esperó junto a la barra mientras ella dejaba unos vasos en una bandeja.
Entonces se fijó en que Leo estaba hablando con Ryan, que había empezado a contarle alguna historia relacionada con un pirata, un escritor o probablemente ambas cosas.
Leo parecía entretenido y de pronto escuchó a Lena preguntar:
—¿Qué pasa?
Se giró. Lena estaba justo frente a él y respondió:
—Necesito proponerte algo.
—¡Cole! Eso suena a acción y aventura —bromeó ella—. Como lo que vayas a proponerme sea que cambiemos la marca de la mostaza, me vas a decepcionar.
—Probablemente.
Ella dejó de moverse y le soltó con una sonrisa gamberra:
—Ahora sí que me interesa.
Logan decidió soltarlo directamente, como cuando se arranca una tirita.
—Quiero que seas mi novia.
Lena lo miró.
—¿Perdón? —replicó, batiendo las pestañas.
—Mi novia. Creo que tienes edad suficiente para saber lo que es eso.
—Desde luego. La edad suficiente para decirte que ni de coña.
—Fingida. No te vengas arriba —masculló él, mordaz.
—Ni arriba ni abajo —replicó pícara.
—Solo sería durante un mes.
Lena apoyó las dos manos sobre la barra y confesó divertida:
—Vale. Con la aclaración ya me quedo más tranquila. Durante unos segundos pensé que te habías vuelto loco.
—Lo siento, Parker. Pero tengo que decirte que estoy bien cuerdo.
—Cole, acabas de pedirme que sea tu novia durante un mes. ¿Estás seguro de que lo estás?
—Falsa —insistió él—. Te estoy proponiendo que seas mi novia de mentira.
—Eso es precisamente lo que convierte la propuesta en normalísima… —ironizó Lena.
Logan miró hacia Leo y le contó la verdad:
—Tiene que ver con él.
La sonrisa desapareció del rostro de Lena y preguntó con cierta preocupación:
—¿Qué pasa con Leo?
Logan se lo contó, no todo, pero sí lo suficiente: la llamada de Margaret, Edward, Canadá, la evaluación y el riesgo real de que Leo tuviera que marcharse.
Lena miró hacia el niño.
Ryan estaba gesticulando mientras hablaba y Leo lo escuchaba fascinado.
—No quiere irse —dijo Logan.
—Normal.
—Y yo no quiero que se vaya.
—También normal.
—Margaret cree que mi vida no es suficientemente estable…
Lena volvió la mirada hacia él.
Logan Cole era el hombre más atractivo que había visto en su vida. Alto, moreno, ojos oscuros, cuerpo de un dios del Olimpo y siempre metido en unos trajes a medida que debían costar lo que ella ganaba en un año.
Vamos, un cañonazo.
Pero no le extrañaba que tuviera que recurrir a una novia falsa. No había mujer en el planeta capaz de competir con Cole Developments.
Logan Cole vivía por y para su empresa, así se lo había dejado bien claro desde que lo conocía. Y encima presumía de ello…
A ella le daba mucha pena que no tuviera más que un par de horas a la semana para compartir con su sobrino o que, como le había confesado en una ocasión, no tuviera tiempo ni para ir al cine o pasarse la mañana del domingo mirando los desconchones del techo.
El techo, más bien, porque Lena sabía que Logan no tenía desconchones como ella.
En fin, que era un hombre tan ocupado que le preguntó:
—¿Y has llegado a la conclusión de que una novia falsa solucionará eso?
—No exactamente.
—¡Menos mal!
—Necesito demostrar que Leo tiene una vida estable conmigo. Tú lo conoces desde hace años. Confía en ti. Tú...
Se interrumpió porque le entró un poco de pudor. Él era bastante pudoroso con los temas sentimentales.
—¿Yo qué?
—Eres buena con él.
Lena pareció sorprendida y replicó con una sonrisa ancha:
—¿Eso era un cumplido?
—No te acostumbres.
—Por un momento me había emocionado.
—Quiero que durante el mes de agosto vivas con nosotros.
Lena ahora sí dejó de sonreír, pues aquello era subir la apuesta. Ya no se trataba de hacer de novia falsa… era irse a vivir con Logan Cole, uno de los solteros de oro de la Gran Manzana.
—¿Que haga qué?
—Vivir en mi casa.
—¿También? —replicó Lena, entornando la mirada.
—Si vamos a fingir una relación, tiene que resultar creíble.
—Claro. Porque lo raro habría sido fingir que somos novios viviendo cada uno en nuestra casa.
—Exactamente.
—Era sarcasmo, Logan.
—Lo conozco, Parker.
Lena se pasó una mano por la frente.
—Estás loco.
—Es posible.
—Imagino que habrá un montón de mujeres interesadas en el puesto.
—No tengo ni idea. Lo que sé es que ninguna conoce a Leo como tú.
—¿Y Leo? —preguntó Lena con curiosidad.
—Lo sabe.
—¿Le has contado esto?
—En realidad, la idea ha sido parcialmente suya.
Lena miró hacia el niño. Leo justo en ese momento le cruzó la mirada y levantó el pulgar desde la mesa.
Ella abrió la boca y solo pudo mascullar:
—No puede ser.
—Puede.
—Tiene nueve años. ¿Cómo va a tener esta ocurrencia?
—Créeme, la ha tenido.
Lena le clavó la mirada a Logan y le preguntó tras echarse la melena a un lado:
—¿Y quieres engañar a Margaret Hill?
Logan endureció la expresión:
—Quiero que Leo se quede donde quiere estar.
—No es lo mismo.
—No estoy intentando conseguir algo que lo perjudique. Leo quiere quedarse conmigo. Su vida está aquí. Su colegio está aquí. Sus amigos están aquí. Tú misma sabes cómo estaba después del accidente. ¿De verdad crees que lo mejor para él ahora es mandarlo a otro país?
Lena miró al niño. No respondió y Logan supo que había encontrado la grieta.
—Claro que no es lo mejor.
—Solo sería un mes —dijo por fin—. Agosto.
—No puedo.
—Te pagaré muy bien. Y cuando digo muy bien me refiero a que después podrías pegarte unas vacaciones de ensueño. A todo trapo.
Ella lo fulminó con la mirada y le aclaró:
—No me refería al dinero. Tengo un trabajo.
—Puedes pedir vacaciones.
—No puedo desaparecer treinta días en pleno verano porque a Logan Cole se le haya ocurrido contratar una novia.
—No te estoy contratando. —Lena alzó una ceja y Logan rectificó moviendo las manos—: De acuerdo, técnicamente sí.
—Qué romántico —bromeó Lena.
—Es un acuerdo.
—¡Eso lo mejora muchísimo!
—Piénsalo, Parker. ¿No te hace ilusión comprarte algo caro? ¿Asquerosamente caro?
—No.
—Parker.
—Cole.
Logan sabía que Lena no se movía por dinero, por eso dijo una vez más:
—Piénsalo.
Lena miró otra vez hacia Leo y Logan vio cómo cambiaba ligeramente su expresión.
Eso era todo cuanto necesitaba.