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Hablo con los compañeros por si han oído algo de que vienen cambios en nuestro departamento, pero todos me dicen que es la primera noticia que tienen al respecto.
No sé si fiarme. Cualquiera de ellos podría ser mi sustituto.
En tal caso, les habrán dicho que tengan la boca cerrada hasta que la jugada se concrete.
Aquí todos nos llevamos bien porque es lo que toca, pero cada cual mira por su propio interés.
No voy a censurar algo que yo mismo haría si estuviera en su pellejo.
Quiero pensar que lo que me ha contado Sofía es fruto de su mente retorcida, que es otro de sus juegos para intoxicar y sacar ventaja de la situación.
Yo mismo hablé con el director el otro día y me demostró su apoyo con hechos.
No imagino por qué tendría el hombre que dar marcha atrás, salvo que sea un capullo integral que se mueve por impulsos sádicos.
Por si acaso, recopilo información de la empresa que les conviene que no caiga en manos equivocadas.
Que tengan cuidado si me quieren dar la patada, no vayan a perder la pierna.
No tengo noticias de Helena en todo el día.
Debe seguir de viaje. Ella verá si quiere ponerse en contacto conmigo en algún momento o si prefiere olvidarse de que existo.
Por mi parte, ya he agotado mi cuota de hacer el ridículo.
No pienso llamarla más. Ayer eso me parecía cuestión de vida o muerte, hoy la urgencia ha desaparecido y va dejando paso al desencanto a medida que compruebo que Helena no es capaz de sacar un mísero minuto de su tiempo para enviarme aunque solo sea un mensaje diciendo que me echa de menos y que se acuerda de mí.
Y si no lo hace, es porque ni me echa de menos ni se acuerda de mí.
Es hora de asumirlo, no existe correspondencia por su parte a mi interés por ella.
Ser consciente de esto es mi mejor antídoto para recuperarme rápido de este nuevo revés.
Lo que volvía a Helena tan especial a mis ojos era que pensaba que ella tenía un interés real por mí, pero ya estoy viendo que ese interés no existe fuera de la ficción de El juego de Afrodita .
Para Helena debo ser más un fastidio que otra cosa a estas alturas.
Si yo no me hubiera cruzado en su camino, ella seguiría con Stefan, felizmente engañada.
He sido un estúpido al pensar que me ganaría su confianza en vez de su resentimiento al descubrirle la verdad de su relación con Stefan.
No debería extrañarme que ella no quiera volver a verme.
Acabo de cruzar la puerta de casa cuando recibo un mensaje en el móvil.
Es de Helena.
«¿Nos vemos mañana? A las cinco en la escalinata frente al estanque del Retiro».
Es el mismo lugar en el que Stefan quedó con Penélope Fitzpatrick para entregarle la memoria USB con la información que le había robado a Helena.
Ella vio las imágenes. Puede que se trate de una encerrona.
No sería la primera vez que Helena juega fuerte.
Pero también podría ser una elección inconsciente.
Da igual. Lo importante es que ella ha roto su silencio por fin.
Le escribo mi respuesta, que solo puede ser una:
«Allí estaré».
El resto de la velada lo paso en la incertidumbre de lo que puede suceder en este próximo encuentro con Helena, que intuyo decisivo para la suerte de nuestra relación.
A ratos me siento pesimista y pienso que nada bueno va a salir de él, pero la mayor parte del tiempo me dejo llevar por el optimismo, proyectando un futuro lleno de felicidad para los dos, del que mañana será el primer día.