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Lo primero que hago al llegar a casa es comprobar si tengo acceso al juego.
No he recibido ningún mensaje de Cosmo IA que me anuncie que me han bloqueado, pero sigo sin poder iniciar sesión.
Al menos, tengo todavía el control de la cámara del portátil de Helena, aunque ella vuelve a estar ausente.
Veo la silueta iluminada de Torrespaña al otro lado de la ventana de su cuarto vacío, destacando sobre el manto de crepúsculo que envuelve los tejados de Madrid.
Reviso las grabaciones que he hecho hoy del teléfono de Stefan sin encontrar nada de interés.
Enciendo su cámara un momento, pero es como si la tuviera apagada, lo único que se ve es una mancha negra.
Stefan suele dejar su móvil aparcado en el bolsillo durante horas.
Por el micrófono llega música a gran volumen.
Parece que Stefan está en un concierto. Intento distinguir la voz de Helena entre el ruido del gentío, pero la música suena demasiado alta.
No sé si ella se encuentra con Stefan en este momento.
Tengo el número de Helena. Podría llamarla, pero ya vi que ella no hizo caso cuando le envié el mensaje con número oculto.
Apago la cámara y el micrófono del móvil de Stefan. Respiro aliviado al dejar de escuchar el estruendo del concierto, que suena como un tren que pasara a toda velocidad.
Tomo una cena ligera, como acostumbro. Es viernes por la noche y la temperatura invita a salir a la calle y mezclarse con el bullicio de la gente que pulula por las aceras en busca de diversión.
Estoy de buen humor, pero la semana ha sido dura y no me siento con fuerzas para sumarme al coro de animación de esta noche.
Creo que veré una película y me iré a la cama pronto.
Agarro un yogur de la nevera y me acerco a echar un ojo al ordenador por si hubiera alguna novedad.
Esta vez el paseo merece la pena. Helena está en su cuarto, tecleando con gesto concentrado, y no con Stefan en el concierto.
Helena viste hoy una camiseta negra con un dibujo del inspector Clouseau.
No lleva los aros en la oreja ni el colgante con el rubí.
Tampoco los necesita para brillar con una luz especial.
Helena no es un bellezón, aunque tiene la boca sensual y unos ojos negros muy expresivos.
Su nariz es grande y sus cejas parecen alas de cuervo, pero da igual porque las partes encajan en el conjunto con una gracia única.
Me quedo embobado mirándola.
Es viernes por la noche y ella sigue trabajando.
Está claro que se lo toma muy en serio. He intentado ponerla sobre aviso respecto a Stefan, pero ella ha preferido mantenerse en la ignorancia y no ver mi mensaje.
Su lealtad hacia Stefan demuestra que hay un vínculo fuerte entre ellos.
Me pregunto por qué una persona como Helena, que parece seria y honrada, anda mezclada en un asunto tan turbio como El juego de Afrodita .
No acierto a entender qué puede sacar espiando a gente como yo que le resulte tan valioso.
Es algo que va en contra de la rectitud de su carácter.
Pero si eso la compensa será porque es menos noble de lo que aparenta.
El que es un pieza de cuidado es Stefan. Ella se merece saber quién es él y yo voy a cuidar de que se entere, le guste o no.
Tengo el iPad en la mesilla de noche junto a la cama. Pruebo a iniciar sesión en El juego de Afrodita y, para mi sorpresa, me deja entrar. No me han bloqueado como pensaba.
Podría aprovechar el juego para abrir los ojos a Helena, pero me parece una idea poco afortunada que desecho al instante.
Este es un tema serio que debo tratar en persona y si no es así, lo mejor es olvidarse de ello.
Si entro en el juego es para hacer un paréntesis en mis preocupaciones y dejarme conducir por Afrodita a un terreno tan placentero como seguro, en el que los conflictos están desterrados.
Cierro la sesión del juego antes de que llegue a salir Helena en la pantalla, transformada en Afrodita.
Por hermoso que haya sido, no es eso lo que quiero.
Regreso junto al ordenador y compruebo, decepcionado, que Helena ya no está. El cuarto vuelve a encontrarse a oscuras, iluminado solo por las luces que llegan de la calle.
Hoy me faltaba tiempo por el trabajo, pero mañana es sábado y tengo todo el día para ocuparme de este asunto con Helena. Quiero poner fin a esta incertidumbre que me hace verla a ratos como una extraña y a ratos como un alma gemela.
Busco la película de La pantera rosa y me río como siempre con Peter Sellers en el papel del inspector Clouseau, lo que me ayuda a terminar el día con optimismo.