El juego de Afrodita 19
30%

19

Hoy me voy al bar de la esquina para desayunar.

Luce un sol espléndido, pero dentro de las oficinas estamos bajo la tiranía de la iluminación LED.

Me apetece salir a la calle a tomar el aire.

Esta es mi época favorita. Luego llega el verano y con cuarenta grados a la sombra no hay quien pare por la calle.

Todas las mesas del bar están ocupadas. Consigo hacerme un hueco en la barra y pido un café.

Tienen porras y churros. Su aspecto crujiente y grasiento hace que me suenen las tripas de hambre.

Ya he comido mis tostadas en casa esta mañana y tengo mandarinas en el despacho para luego, pero la tentación es grande.

Sin embargo, mi médico ha sido claro con el tema del azúcar. Es mejor hacerle caso.

Noto una mano sobre el hombro y me giro.

—Qué sorpresa verte por aquí —dice Sara.

Su sonrisa me tranquiliza. Parece que viene de buenas.

Le hago hueco para que se ponga a mi lado en la barra.

—Pero ¿qué te ha pasado? —pregunta—. Vaya moratón.

No sé si lo dice con malicia. Me está mirando con gesto inocente. Recuerdo que la vi asomada a la ventana con Sofía cuando tuve el encontronazo con Julio, pero igual no lo vieron y él tampoco les ha dicho nada. Esa posibilidad mejora mi humor.

—Estaba dormido y me he dado con la puerta del armario.

—Qué manera horrible de despertarse. Te habrá dolido un montón.

—Ya ni lo noto.

Sara pide un chocolate con churros. Tampoco se priva de un par de porras. Aunque no está gorda, le sobran fácil cinco o seis kilos. Moja un churro en el chocolate y le da un gran bocado con expresión de felicidad. Me estoy poniendo malo de mirarla.

—Está buenísimo —dice Sara—. ¿Quieres uno?

—No, gracias. Tengo alto el azúcar. El médico me ha dicho que debo vigilarlo.

—¿Esto es malo para el azúcar?

—Con lo buenos que están, los churros y las porras tienen que ser malos para todo.

Sara suelta una carcajada que retumba como un trueno.

—Yo te veo fenomenal —dice—. Si acaso, te vendrían bien un par de kilos. Toma uno, anda. Te prometo que te guardo el secreto.

—Bueno, pero solo uno.

Está de muerte.

Es una pena que Sara no sea mi tipo, porque es simpática y buena gente, no como tanto cabrón y cabrona que anda por aquí, empezando por su compañera de piso.

—¿Qué tal Sofía? —pregunto—. ¿Sigue con la paranoia de que van a echarla o ya se le ha pasado la tontería?

Por la actitud de Sara, parece claro que Sofía no le ha calentado la oreja metiéndose conmigo. Tampoco voy a darle una medalla, pero agradezco que, por lo menos, esté siendo discreta.

—¿No te has enterado de lo de Sofía? —dice Sara.

La miro preocupado. Aunque tengo mis diferencias con Sofía, tampoco me gustaría que le ocurriera nada malo.

—No. ¿Le ha pasado algo?

—La han ascendido. Es la nueva jefa de su departamento.

—¿Me lo dices en serio? ¿Le han dado el puesto de Julio?

Sara asiente.

Vaya sorpresa.

—No veas que turra me ha dado Sofía estos días con que la iban a echar, y ya ves cómo ha terminado la cosa —dice Sara—. Hay gente que nace con estrella y otros que nacemos estrellados.

—Bueno, tendré que reclamarle a ella ahora por un problema que tengo con la nómina —digo—. Era Julio quien se iba a ocupar de ello.

—Seguro que Sofía te lo resuelve —dice Sara—. Julio estuvo por casa el otro día.

—¿Ah, sí? —finjo sorpresa—. ¿Qué tal está?

—Yo le vi un momento. Muy contento no estaba.

—Ya me imagino.

—Sofía me dijo después que Julio había discutido con su mujer —explica Sara.

—¿No me digas que su mujer le ha echado de casa y ahora está viviendo con vosotras?

Después de lo que he visto, ya me espero cualquier cosa.

—Dios no lo quiera —dice Sara—. Sofía se lleva bien con él, pero, por mi parte, cuanto más lejos, mejor.

Miro a Sara con simpatía.

—¿Tienes algún problema con Julio? —pregunto.

—Ninguno. Es solo que me parece un gilipollas. Pero que esto quede entre nosotros.

—Descuida. ¿Te puedo coger una porra?

—Sí, pero solo una.

Sara sonríe. Está de guasa otra vez.

La invito al desayuno aunque ella quiere pagar también.

Volvemos para la oficina. Al despedirme de Sara estoy de mejor humor.

Tanto drama que ha montado Sofía y, al final, resulta que ella es la que ha salido más favorecida con la marcha de Julio de la empresa.

Hasta puede que él se divorcie y que Sofía pueda tener a su amorcito todo para ella.

Aunque intuyo que esta perspectiva no debe entusiasmarla, ahora que Julio ya no puede serle de utilidad.

Va a ser divertido vernos las caras de nuevo. O me resuelve lo del recorte de mi nómina o, del lío que voy a montar, se va a arrepentir. Ella sabrá lo que le conviene.